13 de septiembre de 2016

El tirano está solo




Víctor Hugo
Si pretenden hacernos vivir un infierno, no es comparable con el que se propician ellos mismos. El tirano no tiene amigos, se rodea de mercenarios que terminan traicionándolos, como toda lealtad comprada. Cualquiera, incluso los de su entorno más cercano, es en potencia un traidor porque a la hora de las chiquiticas, para salvar su propio pellejo, terminan cantando los secretos más inverosímiles de sus propias fechorías y de las que fueron cómplices. Como son comprables hay quienes pagan por obtener los macabros relatos y no dudan en vender su alma condenada. Fenómeno que se repite en la historia con más frecuencia de la que admitimos y siempre quedamos asqueados con tanta basura revelada. Las cloacas terminan destapándose e inundando con su fetidez por un rato nuestro ambiente. El tirano es perseguido día y noche por fantasmas amenazantes. Es inevitable que terminen paranoicos.


Como nos lo recordaba Rodolfo Izaguirre “Se habla de la soledad del poder. Todos los caudillos, altaneros y despóticos como Muamar Gadafi o Sadam Hussein creen ser y pertenecer al pueblo, pero viven aterrados ante la posibilidad de que ese mismo pueblo derribe algún día sus egos perversos y desmesurados o festeje con cohetes y mucha algarabía la caída o la muerte del tirano. Son seres aislados en medio del inmenso poder nazi, castrista, maoísta o stalinista en el que creen estar protegidos” Sin remedio es su condena porque tarde o temprano se termina celebrando su caída, y como sacaron lo peor de la población cualquier acto vengativo es esperable y, por supuesto, no deseable. Pero son expertos en acarrearse enemigos feroces. Ahora la pregunta es ¿por qué escogen esta manera tan perversa de vivir? Hay una patología inmersa que no solo pertenece al tirano sino también a sus seguidores, porque si no, es obvio, el fenómeno no tendría lugar.

El ser humano es poseído por un deseo y en su propio drama está condenado a encontrarlo, dinámica que Shakespeare en su genio puso de manifiesto mucho antes de contar con las herramientas que nos legó el psicoanálisis. Es la lectura que Lacan hace de Hamlet “no es simplemente una edición distinta del eterno drama del héroe contra el padre, contra el tirano, contra el buen o el mal padre. Las coordenadas de este conflicto son modificadas por Shakespeare para poner de manifiesto el problema del deseo, que el hombre no solo esta poseído por el deseo, sino que además, este deseo, tiene que encontrarlo” El tirano es un ser poseído por el deseo de gozar y perseguido por sus fantasmas paranoicos, donde termina desvaneciéndose, porque al no tener límites en la consecución de sus oscuros objetos inexistentes, deja de ser un sujeto dueño de sus enunciados. El fantasma habla por él.  No se excluyen de responsabilidades, son culpables absolutos por no haberse dedicado a la principal tarea que tenemos en la vida, hacernos humanos. La obligación ética de contemplar a los otros que también tienen el derecho a disfrutar de sus vidas. No, el tirano todo lo quiere para él y pretende borrar la dignidad y respeto de sus semejantes. No es extraño, entonces, que terminemos apartándolos del camino.

Al mundo no le falta un ser superpoderoso porque simplemente no existen, ni existirán.  Desear a un salvador es la trampa en la que cae el ser que se sabe incompleto, vulnerable y que tiene miedo a  buscar por sí mismo su propio ser y creer que les serán satisfechos sus deseos de forma fácil. También por la extraña oscuridad de sentirse deseado por un ser omnipotente, todopoderoso.  Acaso no vimos a hombres y mujeres desgarrados ante la tumba del tirano. No vimos también a los que se suicidaron junto con Hitler; muerto el tirano el mundo se les puede presentar como muy hostil e insoportable de afrontar. Simbiosis en donde ambos componentes son apéndices de un solo cuerpo. Ninguno tiene vida propia, son absolutamente dependientes unos de otro. El tirano no vive sin su masa y la masa estaría perdida sin su tirano. Un puro goce compartido donde podemos observar la gama de las perversiones. La masa que desea ser deseada y el sujeto perverso que se desea gozando. Dos características, en nuestros días, que hacen propicio el surgimiento de estos neo-tiranos: la ignorancia y la soledad a la que nos ha conminado la liquidez de las relaciones interpersonales tal y como las describe Zygmunt Bauman. Esta forma de vivir que tenemos, cada quien en su propia vida, sin interesarse mucho por nadie, provoca un grado de irresponsabilidad por un destino colectivo y nos reduce a buscar equilibrios solitarios entre seguridad y riesgo, como destaca Gustavo Dessal. Los lazos sociales cambiaron.

Cuando ya el tirano está desnudo, perdió el apoyo indispensable de sus seguidores desgarrados por la desesperanza, no tiene otra salida que la huida hacia adelante. Enloquecido, con la pérdida absoluta de su humanidad, solo intenta amedrentar. Si ya no le obedecen por amor ahora intenta que le obedezcan por el miedo. Pero ya tampoco le tienen miedo. Es peligroso porque no es dueño ni de sus actos ni de sus palabras. Intentará hacer hazañas y todas se convertirán en morisquetas, intentará mostrar la falta de escrúpulos que le caracteriza y solo aumentará la rabia, intentará hacer discursos bravucones y solo será visto en toda su insensatez. Si tuviera un poco de cordura se iría, pero no la tiene. Así que nos toca seguir empujando y observar detenidamente para no olvidar. No estamos frente a seres humanos, estamos ante fieras mortalmente heridas pero que ya no asustan, las tenemos acorraladas. Es un real, es imprevisible, no podemos hacer cálculos previos de por dónde viene el próximos zarpazo. Pero sabemos que va a fallar. Aumenta la violencia signo de que están derrotados. Como señala Hannah Arendt poder y violencia son dos términos que se oponen. Poder sin autoridad, poder deslegitimizado. Desaparecida la fascinación, el tirano está solo. 

6 de septiembre de 2016

Venezuela, la alegría ya viene




Si hay algo que debería asombrarnos es nuestra capacidad del disfrute de la vida que tanto dolor no ha podido erradicar. Mientras más tratan de aplastarnos, los abusadores de oficio, más se manifiesta la rebeldía y la certeza de no dejarnos. Las ganas de poder vivir saboreando cada detalle de nuestro entorno, la alegría de vivir. En este momento es indetenible la fuerza que nos dio haber estado juntos, todos sin distingos, en la meta común del rescate de nuestra libertad. Lo logramos y ya es imposible que nadie nos detenga, muy pronto Venezuela volverá a ser libre, está escrito en cada sonrisa, en cada gesto de valentía, en las acciones decididas que se observan en todo el país. Enfrentar a un dictador no es fácil y nuestra forma desenfadada de hacerlo revela que ni siquiera a un tirano nos lo tomamos con excesiva seriedad y trascendencia. Nos burlamos de semejantes adefesios por todos los medios y rendijas que se nos pongan a disposición. La Toma de Caracas fue nuestro gesto épico y la abuelita correteando al tirano, con una cacerola, la muestra más fehaciente de la valentía del ciudadano.


Los que somos y vivimos aquí quizás estos gestos nos parezcan hasta cotidianos, pero traten de imaginar a alguien que nos observa desde afuera. Imaginen su cara de sorpresa al ver un presidente corriendo e insultando a una viejita, cacerola en mano, que burló el cerco militar para manifestar su rechazo a un indigno jefe de Estado. De verdad que semejante imagen tiene que llenar de júbilo y sorpresa a los amantes de la libertad. Es que no se deben tomar muy en serio a estos canallas, no se debe perder nunca la perspectiva de que son tan vulnerables o más, de lo que nos hacen sentir a nosotros. Que van al baño, que lloran, que les da miedo, que enloquecen, y que atropellan, torturan y matan para hacer realidad un delirio que termina por devorarlos a ellos mismos, se fagocitan. La alegría se desborda en nuestro país y nos reconcilia con lo que somos y nunca vamos a dejar de ser cómplices en el afecto y en la libertad. No todos, por supuesto, pero si la mayoría.

Como nos dice Savater, no todo vale por igual, hay razones para preferir un tipo de actuaciones sobre otras. La mayoría de las reacciones y las preferencias surgen de un núcleo íntimo que está más allá de la razón, surgen de una emoción muy arraigada que nos acompaña desde muy temprano en nuestras vidas. No estamos educados en una ética del sufrimiento, estamos educados en un ambiente que nos arrulló con boleros, rancheras y tangos desde la cuna. De nada vale esas órdenes que se imparten: no vayan a bailar, no sonrían para no dar la impresión de que aquí la pasamos muy bien, no se pinten las caras de colores nacionales, no, no…..De qué sirve si aquí se baila, se sonríe sin tener muy clara conciencia de lo que se está haciendo. No afirmamos que esta manera de ser no tenga sus inconvenientes, las tiene y mucho, pero no se puede negar que es la mejor manera de vivir porque al fin y al cabo de sufrir no nos salva nadie, ni nada.

No, no pudieron quitarnos el placer de vivir, el placer de saborear cada detalle de nuestra existencia por más estrecha que nos la fueron poniendo. Jamás desapareció el humor, ni nuestras costumbres de sentarnos alrededor de una mesa e intercambiar buenos ratos con amigos y una botella de vino. No desapareció el ruido en los restaurantes, ni las risas estruendosas a las que estamos acostumbrados. No desapareció nunca el deleite por una buena comida y por un ambiente acogedor y sensual. No desapareció nunca el goce de un buen teatro, un concierto, la lectura y la creación. Ha sido duro, muy duro pero el núcleo genético permaneció intocable. Por supuesto, no se entendía, pero así ha sido.

Se notará que hablo en pasado porque ya esto cambió, solo cabe esperar cual es la vía que escogen los irremediablemente caídos: aceptan el Revocatorio, negocian una salida o simplemente escapan, veremos. Y ese día, el júbilo será indescriptible y la celebración será nacional, así somos y así seremos.  Ya tendremos tiempos de análisis (nunca faltan) y de volver a una realidad, pero la fiesta no va a escatimar en gastos. Después se pagará. Así es, somos Nietzscheanos, amamos apasionadamente y tenemos al humor como estrategia para soportar la verdad.  Nietzsche, el filósofo que optó por la alegría en contra del nihilismo, junto a Spinoza. La ética de la alegría como tan bien la asumió y vivió Savater. La vida es placer y es dolor, pero muchos son los que se instalan en uno o en el otro y así pierden un equilibrio vital. Las personas que hemos vivido este tiempo de maltrato es inevitable que se nos noten nuestras cicatrices, pero si no conservamos esas ganas de vivir con placer, si perdemos la capacidad del disfrute de los pequeños y de los grandes  eventos que la vida nos ofrece, estaremos muertos antes de tiempo, sin remedio. Esa es la verdadera y única decadencia.

La más terrible tiranía es el dolor y contra ese inevitable flagelo hay que luchar con la alegría. Así que esas voces que se hicieron, por cierto, muy patentes en estos días restándole el valor que merece nuestra lucha, no hacen sino demostrar una amargura que dejaron anidar en sus corazones, es lamentable, y sin ninguna duda este no es un país que les prestará la más mínima atención. Suenan como desconocidas, como provenientes de la ultratumba. No es que nos burlemos, es que no entendemos.

Como fue el eslogan de la campaña publicitaria por el plebiscito en Chile, digamos con ganas “Venezuela la alegría ya viene”. Decimos nuevamente un “si” por la vida y un “si” por la alegría.


30 de agosto de 2016

Condenados a elegir




Como dice Savater “estamos condenados a elegir” no hay posibilidad de evitar esta condena, nadie puede ser exonerado porque incluso la no elección es ya una elección. Sin embargo esta tareíta que nunca terminamos es la más difícil de nuestras vidas. Elegir es muy difícil y arriesgado, nunca estaremos absolutamente seguros de estar haciendo la mejor elección y siempre perderemos algo, precisamente lo que no elegimos. Condena que se nos hace cada vez más pesada en un mundo que en forma general ha preferido sentarse sobre la comodidad, disfrutar de lo ligero y dejar que otros elijan por nosotros. Queremos “tener” pero ya hemos perdido hasta la noción de lo que es “ser”. Sobre todo tener placer, a pesar de que Freud nos advirtió que evitando el malestar se produce inevitablemente un nuevo malestar. Si pesa la incomodidad por lo inevitable de una elección y se elige por dejarle a otro esta responsabilidad, entonces tarde o temprano nos invadirá el malestar de ser obligados a “ser” lo que no hemos querido ser. El imperativo de moda de “sé feliz” desde la comodidad se nos trastoca en pérdida de libertad y esclavitud. En esa hemos estado.


Caracteriza nuestro momento la angustia, el malestar, la rabia y el dolor y ya tocamos el umbral de no poder continuar negando el fracaso y las consecuencias del peor error cometido en nuestra historia. El error fue haber creído que este mal era necesario y haber apostado por un determinismo que en sí mismo negaba las posibilidades de perfeccionar lo que teníamos, que no era malo pero si perfectible. Botar todo logro al cesto de la basura y dejar en manos de aventureros desvergonzados nuestras posibilidades de ser simplemente lo que queremos ser. Lo mínimo, civilizados. Ahora estamos obligados a tolerar la frustración, superar el temor por el vínculo más íntimo con nosotros mismos y actuar sin dubitación para rescatar las posibilidades de una sociedad mejor. Para que vuelva a abrirse el abanico de posibilidades en las elecciones de vida de cada uno de nosotros. Para volver a ser los únicos responsables de nuestras elecciones y para poder asumir los riesgos propios que inevitablemente nos obliga la vida en libertad. Salir, en primera instancia, de la mediocridad de lo impuesto por otros como males necesarios. La vida nos duele profundamente.

Sabemos que salir de los tiranos es el primer paso, de ahí en adelante tenemos (es imperativo) que avocarnos a la búsqueda del ser humano que como decía Hegel “no es lo que es sino lo que no es”. No somos ni seremos completos nunca pero no es perdonable el abandono de la búsqueda por ser una fuerza de la voluntad encaminada a encontrar el goce del pensamiento, del bien decir, del respeto y de la libertad. Héroes individuales de nuestro propio destino en sociedad. Somos objetivación de una voluntad como lo señaló Schopenhauer, somos deseos omnipotentes que se estrellan en las posibilidades de una realidad, pero mientras nos mantengamos en la gama de las posibilidades estamos abiertos al dolor pero también a la satisfacción de encontrarnos cada vez más cerca de lo que aspiramos ser. No se detiene jamás el tránsito de la vida. Lo detiene solamente la muerte.

Morimos no solo cuando dejamos de respirar, también hay una muerte en vida cuando esta se constriñe a determinismos dictados por otros en nombre de lo necesario. Es necesario pasar penurias, es necesario asesinar, robar, quitarle al otro lo que le pertenece, es necesario infringir dolor, torturar, la guerra, el terrorismo y cualquier plaga esparcida por el mundo por estos psicópatas que en su delirio han creído ser poseedores de la verdad ultima de la justicia, de la igualdad y de la fraternidad. Bien, nos llegó la hora de luchar contra estos delincuentes; en héroes anónimos, al estilo Savater, nos tenemos que conformar para poder conquistar nuevamente nuestro derecho a elegir. Para conquistar nuevamente la condena de ser los únicos protagonistas de las historias individuales y como consecuencia de la historia de nuestro país. Al fin y al cabo de eso se trata la democracia. Yo soy quien dice quién soy y quién quiero ser, no vamos a dejarle nunca más esta tarea a otro, ya sabemos a lo que conduce.

Los seres que no han perdido nunca esta certeza son los seres que más admiramos. La sociedad decente, que aún es amplia, acaba de estremecerse con la muerte de Mercedes Pulido, precisamente una mujer que vivió intensamente; con un carácter indomable construyó una vida ejemplar en la virtud y el conocimiento. Decidida por una entrega, sin cortapisas ni concesiones, al bienestar y mejora de su país. Duele mucho que nos abandone un ser excepcional, todos de alguna manera u otra nos sentimos huérfanos de una madre buena. Pero al mismo tiempo nos estremecemos al constatar que hasta su muerte es un acto que invita a una profunda reflexión de cómo se vive una vida que merece ser vivida. Necesitamos muchos hombres y mujeres como Mercedes y esta es nuestra principal tarea aprender a vivir en democracia y con la responsabilidad de escoger correctamente cuando estamos en una situación límite. Aquí vamos, mañana tenemos nuevamente un encuentro con nuestro destino.