28 de febrero de 2017

Un juego macabro




Carnaval, época en la que se luce con desparpajo nuestra doble condición entre el parecer y ser. Escojamos el disfraz, el que se acomode más a nuestra inclinación, el que sepamos vestir con mayor naturalidad, el que se adapte con comodidad a nuestra piel, a nuestro ser. Aquel que en realidad hemos llevado todo el año con cierto disimulo, hagamos de él una exhibición de ingenio, aunque al fin y al cabo no sea original. Aunque cada vez más seres lo ostenten sin reconocerse unos a otros, sin saber quién se llevará la medalla y reconocimiento como el mejor de la temporada. El parecer debe tener cierta moldura desde el ser, si no es así uno se arriesga en pasar como mamarracho, un ser sin contenido para mostrar su impostura, en definitiva un mal disfraz. En realidad el Carnaval es el tiempo de quitarse las máscaras y hacer del disfraz una desfachatez. Prestemos atención a lo ominoso que hay en el interior y escojamos los colores y lentejuelas para el desfile que espera. No todos podrán, pero muchos, demasiados más bien ya están entrenados y poseen el arsenal propio para esconderse detrás de fachadas oscuras que ocultan la realidad y prometen magia.

No es época de andar pensando, en ser racionales. Si al fin y al cabo cada vez somos más salvajes e inhumanos porque vamos a esforzarnos mucho en estos días, no tendría ningún sentido. Escojamos nuestros mitos, aquello que hemos intuido en nuestra existencia como lo más íntimo y que no tenemos forma de expresarlo con el lenguaje y de forma comprensible,  pasaríamos simplemente como locos y nos haría muy vulnerables. Si ha cargado con la sensación de que el mundo es deudor por no haber reconocido su grandeza, de que no se le ha querido como usted lo merecía; si usted sabe que los otros carecen de lo que afortunadamente a usted le fue otorgado y le sobra. Si posee la íntima convicción que debe destacarse a como dé lugar para, desde su pedestal, poder llevar a cabo su misión redentora, de protección a los otros inferiores y carentes; si siempre ha entendido su radical diferencia con el resto de los humanos, está entonces preparado. Allí tiene su íntima historia, solo falta que la haga propia y se arriesgue a ejercer lo que los dioses le encomendaron. Ensaye en Carnaval, época propicia porque las elecciones aún no están pautadas y no sabremos si las habrá. Es el momento de adornar las carrozas y tirar caramelos.

Pero falta aun lo que podríamos llamar la forma como usted va a contar su cuento. Es de suma importancia que se asegure de una comparsa convencida, uniformada, que le permita a usted llevar la batuta sin rechistar, que se preste a envolverse mágicamente con sus relatos, en fin que lo vea como lo que usted es o quiere parecer, un salvador. Es la parte más difícil, porque debe haber desarrollado ciertas habilidades y tener memoria para repetir las mismas ideas, no muchas. No es necesario que las ideas sean propias, agarre cualquier cuerpo teórico de conocimiento, hágalo religión, no polemice con las ideas y no trate de cuestionar. Son verdades reveladas, no para usted por supuesto quien es el encargado de revelarlas, para los otros perdidos en el mundo y que han obstaculizado su verdadero ser privilegiado. Recoja en el ambiente los prejuicios esparcidos, ese lado oscuro que tiene toda sociedad y haga que la comparsa los convierta en principios que rijan sus acciones. Rompa toda armonía, póngalos a pelear con otras comparsas u otros seres más rebeldes que quieran pensar por sí mismos. No permita de ningún modo que se cuelen o se junten con sus aliados, defienda su real fortaleza. Hágase cómplice de los temores e incertidumbres esparcidos y prometa un mundo mágico de bienestar colectivo. Recuerde que su enemigo principal está en el saber, el pensamiento y la racionalidad. Arrase con ellos y llegue tan lejos como le sea permitido. Recuerde siempre su máscara es para los otros.

Si los otros ofrecen obstáculos genere terror. Ayuda ciertas insignias guindadas en su carroza, coloque ojos que den la sensación de omnipotencia, usted todo lo ve y todo lo sabe, que nadie se equivoque. Hágase de un muerto emblema, reproduzca su voz por los altoparlantes, finja que se comunica con usted y da órdenes sobre el destino de esas comparsas. Una voz que viene del más allá tiene mucho poder sobre los pensamientos mágicos que ya usted ha debido alimentar lo suficiente. Esparza su imagen en grandes dimensiones y entre nubes, que no se pierda la noción que está en un lugar del Olimpo. Arrebate lo que no es suyo y de la sensación que el mundo le pertenece por derecho otorgado desde su nacimiento, al fin y al cabo usted es superior y los simples mortales tendrán que pagar por sus pecados de no haberlo reconocido. ¿Cómo fue posible que su mamá no lo quisiera? ¿Cómo fue posible haber crecido en una casita humilde y sin los privilegios propios de su condición? Deberán pagar con penurias y muertes para que aprendan. Haga daño, total usted siente que lo dañaron. Allí tiene la receta y disculpe si se me pasó algún detalle, total pertenezco a la clase de personas comunes y corrientes.

Eso sí lamento informarle que el Carnaval no dura para siempre, que llega un momento que los disfraces se hilachan y las máscaras caen. Usted quedará al descubierto tarde o temprano. Entonces esté preparado para correr porque es muy grande el odio que generó. Es muy grande el dolor causado. Prepárese también para el momento en que baje el telón y se encuentre solo en su camerino, cuando el silencio y la soledad lo acompañen porque su comparsa dará la media vuelta y se irá cada quien a construir su propia vida desperdiciada. Llegará sin remedio el día en que su juego macabro termine.

21 de febrero de 2017

En mi casa no entran




Lo que no cesa de pensarse es como progresivamente fuimos perdiendo nuestras libertades individuales, como se fueron metiendo los indeseables en casa, como nos tergiversaron nuestro pasado y cambiaron nuestro lenguaje. Distorsionaron una manera de ser, hoy nos comportamos y juzgamos a otros de una forma agria, injusta, llena de resentimientos. No nos reconocemos ni somos generosos, lo que no era nuestra marca distintiva. Cuando esto le pasa a una población podemos decir sin temor a equivocarnos que penetraron hasta los más íntimos de nuestra existencia. Dominan las ideas y por lo tanto nuestras acciones. Una subjetividad que fue permeada y  la verdad sesgada, corrompida. Esa verdad que no es sino la íntima convicción de que este estado de cosas es intolerable y debemos unirnos para hacerle frente y derrotarla. Dudamos de nuestra capacidad y desconfiamos de cualquier esfuerzo que se haga. La sospecha guía hoy nuestros pasos como resultado del bombardeo de falsedades y trampas a las que hemos sido sometidos.
Si el totalitarismo se define por la trasgresión de la línea divisoria entre la vida pública y la vida privada, no hay duda que estamos pisoteados por tiranos. Si bien esta línea ha venido cambiando de posición a través de las épocas, ha habido siempre un reguardo por la intimidad y la vida personal. Celos por mantener y cuidar lo propio, ese espacio grato resguardado de las miradas extrañas y malintencionadas. El cuido personal de los seres queridos, la educación de los hijos, la escogencia por las diversiones y los esparcimientos, las conversaciones sinceras que nos exponen sin cortapisas porque hay confianza, porque se supone que el otro que escucha no traiciona. Ese espacio íntimo donde vamos formándonos y consolidando nuestras ideas y las acciones que consideramos buenas, adecuadas. El espacio del compromiso y el amor. El lugar donde nos afianzamos como Sujetos para poder verter nuestras verdades en el espacio público a través del razonamiento, el debate y la acción. Todo está en nuestros días y en nuestro país atravesado por  la misma opacidad asfixiante. Hay una confianza minada y hay un actuar destemplado.
Vivimos en un solo escándalo político y como señala Jhon B. Thomson es síntoma de una transformación profunda de las relaciones entre la vida pública y la privada. El agente público es escrutado y atacado en su vida privada porque la política es hoy en día teatral y escenográfica; por otro lado, el sujeto hace de su vida privada vitrinas en ferias. Así los debates públicos pueden ser la ropa que usan los actores y en las conversaciones íntimas se ha olvidado renovar el verdadero encuentro afectivo entre las personas. Los escándalos y la banalidad despiadada ha permeado y penetrado nuestros hogares. Hace ya medio siglo Hannah Arendt nos recordaba cómo estos límites eran un rasgo fundamental del pensamiento griego al considerar la organización política diferente y hasta opuesta a la asociación natural centrada en la familia. De esta forma cada ciudadano tenía dos órdenes de existencia, la vida propia y la vida del común. Las personas tenían tiempo y posibilidad para el desarrollo de sus propios proyectos y tenían otro espacio, el Ágora, propio como dice Habermas “para el uso público de la razón”  Ese equilibrio se transformó en la Modernidad y nuestros espacios públicos fueron secuestrados por el exhibicionismo de los nuevos dueños de la verdad colectiva. Como especifica este importante filósofo la “refeudilizacion de la esfera pública” la política como show del escándalo. La Edad media, allí estamos.
Cercenados nuestros derechos básicos y libertades civiles quedamos desprotegidos y a la orden del vendaval de turno que marcan el poder tiránico del Estado. Si nos les gusta el nuevo escándalo que se hizo público de su accionar delictivo, pues bien cierran los medios de comunicación y limitan el derecho a la libertad básica de estar informados para hacernos de una opinión acertada y de nuestra propia y asumida verdad. Y esto es meterse en nuestras vidas intimas y querer controlar nuestro pensamiento. Control que les resulta fallido porque opinión ya la tenemos. Como saben qué pensamos y qué queremos, entonces cercenan la posibilidad de expresarlo en las urnas electorales. ¿No se metieron en nuestros hogares? Allí están cómodamente sentados en el sofá de la casa, mientras el foro público se encarga de debatir y cuestionar el derecho fundamental que tiene una persona de reunirse con quien quiera y pueda para tratar de liberar a su marido. ¿Esto no es ser tan autoritario y malvado como los que hoy ostentan ilegalmente el poder? ¿Esto no es haber sido permeados, atravesados por la misma mentalidad feudal? En esas mentes entró y se enquistó el tirano.
Hemos perdido el control de nuestras vidas que como enfatiza Thompson es la manera como entenderemos lo que es la vida privada “La privacidad es la capacidad de controlar las revelaciones sobre uno mismo, y de controlar cómo y hasta qué punto éstas pueden comunicarse a los demás” y agrega Beate Rössler “las violaciones a la privacidad pueden definirse en cada una de estas dimensiones: como el acceso y uso ilícito de información sobre nosotros; como una interferencia ilícita en nuestras decisiones y actos, y como una intrusión ilícita en nuestros espacios, ya sea a través de la intrusión física o por medio de vigilancia” Pues debemos estar atentos con este bombardeo de opiniones e intromisiones que se están ejerciendo no solo desde las mentes tiranas que adversamos. Tenemos derecho a expulsarlos de nuestras casas y a proteger nuestra subjetividad de tan peligrosos contagios. Tenemos esa posibilidad la del control de nuestras ideas y la de nuestros actos. Así que invito a todo rasgo de totalitarismo a que salga de mi casa.

14 de febrero de 2017

La bondad humana no crece




Acabamos de perder, de forma prematura, a uno de los grandes orientadores del mundo sin rumbo en el que vivimos, Tzvetan Todorov. Este gran pensador y persona se interesó por diversos temas pero podemos rescatar como su preocupación fundamental la relación de los seres humanos entre sí. Señaló, casi de forma profética, como el principal problema del siglo XXI la intolerancia y el desprecio, la indiferencia y el rechazo del ser humano hacia el otro diferente. Al que no pertenece a la misma cultura, al que emigra con dolor en búsqueda de una vida digna, al que huye de los regímenes que agobian y matan, al que tiene gusto sexuales diferentes a los propios, al que sus rasgos físicos difieren de la costumbre en el espejo. Al que piensa distinto y por supuesto al que vive y disfruta a su manera. Es el mundo en el que han prosperados algunas virtudes, pero no la bondad. Es la forma individual de vérsela en la existencia propia y golpear a otras existencias la que da como resultado la desventura tocando nuestras puertas.

Sabemos que el destino del ser humano, ineludible, es la vida en sociedad. Sabemos que no es posible, ni deseable, una vida en completa soledad. Sabemos la necesidad de ser queridos y querer. Sabemos que el progreso de nuestra Nación y del mundo depende de cada uno de nosotros. Sabemos que es nuestra responsabilidad el construir un bien común. Sin embargo remamos con prisa por encontrar una isla donde refugiarnos lejos de todo; ver a través de largavistas las tragedias que ocurren y poder permanecer impasibles ante el dolor de otros pueblos y del nuestro. También deseamos, si aquello de ser náufragos no es una fantasía predominante, poder arribar a lugares destacados desde donde poder mirar a los otros “por encima del hombro” queriendo siempre más y eliminando a toda posible competencia. Con este miedo al otro, al que se considera un rival ¿no es como demasiado haber aspirado a una unidad para defendernos de los que realmente nos pisotean? Tal vez era una utopía más, sueños de aquellos Quijotes que aun desean rasgos de bondad en tierras donde no han germinado esas semillas.

Pues bien, llamemos también a estos desplantes, agravios e insultos dirigidos a los otros, signos de barbarie. Llamemos a la falta de solidaridad y comprensión al prójimo que se sienta en la misma mesa persiguiendo un mejor destino común, traición. Y con esas actitudes, que ya vemos como normales, no podremos con esta dictadura que ya ganó mucho terreno. Desconfiamos de la bondad del otro que tenemos al lado, no respondemos con generosidad; pero corremos detrás del demagogo, del populista que nos vende “amor verdadero”.  No podemos quedar reducidos a la sumisión, pero para poder romper esas cadenas que aprietan cada vez más, debemos unirnos, debemos querernos, debemos cuidarnos, debemos ser firmes para poder gritar un rotundo NO, por nosotros y por el hermano que sufre igual o más que uno. Cuando entendamos que debemos anteponer al protagonismo la libertad de todos, ese día comenzaremos a ser otro país. Pero ese día no llega y ya son muchos y largos años.

La bondad requiere trabajo, introspección, debate consigo mismo, trascendencia de los impulsos, pensamientos elaborados. El estar consciente que somos una mezcla de maldad y bondad nos facilita el camino y nos hace permanecer alerta. Tenemos un enemigo común plenamente identificado, solo este factor debería ser suficiente para vernos como amigos aunque después comencemos nuevamente las guerras intestinas. Pero quedar detenidos en esta indignidad es imperdonable. La lucha más importante es con nosotros mismos y es una lucha que debe darse día tras día. Ser buenos ciudadanos es la tarea si queremos vivir en democracia. No queremos que nadie haga algo por “mi bien” solo queremos que nos dejen hacerlo, solo aspiramos a que cada quien en sus lugares haga un esfuerzo por sacar lo mejor de sí porque la situación apremia. Estamos a un paso de quedar aislados y extrañados de un mundo civilizado. ¿No queremos la barbarie? entonces no nos comportemos como bárbaros utilizando el mismo lenguaje y jugando a zancadillas. Ya basta.

El dolor personal, las pérdidas terribles sufridas nos conducen a encerrarnos sin consideración por el dolor de los demás. Necesitamos una pequeña luz que alumbre nuestros rincones como pedía Todorov al referirse al estancamiento del progreso moral. La bondad no se contagia, no basta estar rodeados de seres buenos si no hay una reflexión sobre nuestro propio egoísmo, es un trayecto personal que ahora requiere se haga viral porque somos muchos los que navegamos a la deriva. La poca agua que nos queda debe alcanzar para todos si queremos llegar con vida a un lugar amable. No queremos épicas, no queremos héroes solo necesitamos pequeños actos bondadosos hacia el otro que está tan debilitado como lo estamos nosotros. No son actos religiosos ni correr detrás de las vírgenes en cada procesión lo que necesitamos. No es al Papa a quien tenemos que obedecer en sus desacertadas intervenciones, no es beatería. Es generosidad, es reconocimiento del otro, es ser bien mundanos para entendernos. Son pequeños gestos  los requeridos.

7 de febrero de 2017

Lo que hicieron nuestros padres




Horst, Niklas y al fondo Sands


La pesada carga de vida que legó el nazismo en sus descendientes es lo que transmite el conmovedor documental de David Evans 2015. Un abogado judío internacional de los derechos humanos, Phillipe Sands reúne a Niklas Frank y Horst von Wächter en una confrontación de las actitudes asumidas por cada quien para poder continuar sus vidas. Son hijos de dos figuras de alto rango nazi, Hans Frank y Otto von Wächter. Frank reconocido como “el carnicero de Polonia” fue hallado culpable en el juicio de Núremberg por el asesinato de cuatro millones de judíos y polacos, fue condenado a la horca y ejecutado el 16 de Octubre de 1946. Wächter fue el director del sistema del transporte hacia los campos de concentración. También estaba a cargo de la policía del régimen para el sector que hoy corresponde a la ciudad de Lviv en Ucrania, donde en 1941 fueron quemadas sinagogas y asesinados alrededor de 3500 judíos, incluyendo a la familia de Sands. Wächter pudo esconderse y huir por lo que nunca fue juzgado y condenado. Vivió amparado por el Vaticano hasta que murió en 1949.

Contrasta de forma muy marcada la valoración e imagen que tienen de sus padres, pero se puede observar con claridad como los dos, de distinta forma, quedaron irremediablemente marcados por tan terrible historia. Niklas perseguido por un odio al padre asesino y Horst tratando de no ver lo obvio para así poder justificar a su padre. Los dos caminan por la vida con una fragilidad que se revela en sus posturas defensivas, las cuales protegen contra cualquier posibilidad de quiebre. El documental que es realizado de una forma muy elegante sin ninguna pretensión de drama, trasmite una angustia por estos dos seres cuya misión es expiar una culpa por actos que no cometieron. Una terrible deuda que jamás podrá ser saldada. Victimas también de este oscuro episodio de la humanidad en los que se desataron todos los demonios y que sigue persiguiendo a la humanidad setenta años después de sucedido. Generaciones marcadas de una u otra forma por horribles fantasmas.

Niklas desprecia a su padre, no recuerda de él sino un solo gesto amoroso cuando de niño lo único que deseaba era ser querido y reconocido por su progenitor. Lleva con él constantemente una foto de su padre muerto “para cerciorarse de que realmente está muerto” Relata que su madre quien quería divorciarse de aquel hombre le fue prohibida la separación por el propio Hitler. Ante la pregunta de Sands de por qué le hizo caso a Hitler, Niklas responde que su padre lo amaba más que a su familia. Niklas no ha cesado de escribir y recorrer su país dando charlas sobre el Holocausto en un intento, que no termina, por expiar sus culpas y evitar que se repita. Condena sin miramiento a este terrible criminal, un padre tirano y cruel que atormentó también a su madre negándole el divorcio. Escribe en su libro “Me masturbaba cada año la noche del 16 de octubre porque ese día en 1946 ejecutaron a mi padre [Hans Frank] en los juicios de Núremberg. Imaginaba sus últimas horas en la celda, la llegada de los guardas, el trayecto hacia la horca y su muerte; justo entonces alcanzaba el orgasmo" El padre tirano muerto que permite el goce del hijo. Ha sido junto a Martin Bormann, hijo del secretario de Hitler, uno de los pocos descendientes directos de nazis que han denunciado con tanto empeño los crímenes de sus padres. La más importante misión ha sido la de tratar de evitar que los jóvenes se unan a grupos neonazis.

Horst, por el contrario trata por todos los medios y buscando desesperadamente en cada rincón argumentos que salven a su padre a quien considera un “hombre decente” Su argumentación circula entre dos grandes componentes, “no podía hacer otra cosa pertenecía al Sistema” y “eso a mí no me consta, no está escrito” No hay pruebas que le muestren la culpabilidad de su padre que él no refute de esa manera. Conserva una actitud tranquila, oye con serenidad y se da tiempo para responder rechazando todo viso de culpabilidad, “Si mi padre hubiese ido a Núremberg, lo hubiesen declarado inocente” afirma con convicción. Durante la película tanto Sands como Niklas se desesperan con este hombre inconmovible que se mantiene con una frágil postura ante la imposibilidad de admitir ser hijo de un asesino. Niklas le dice “tú me caes bien pero detesto tus ideas” mientras Horst con voz hasta tierna le dice “Niklas en mi opinión tu vida está anulada por el recuerdo de tu padre” Recuerda un hogar grato, a un padre amoroso y una infancia feliz. En la Sinagoga que fue quemada por órdenes de su padre y que frecuentaba la familia de Sands manifiesta “veo esta sinagoga maravillosa llena de gente otra vez en el futuro. No hay que quedarse detenido en la historia”

Un documental de una riqueza inconmensurable en cuanto da testimonio de una difícil historia de dos seres que tuvieron la desgracia de ser hijos de asesinos. Dos seres que tratan de apaciguar sus tormentos experimentando que con la palabra no todo puede ser tramitado, que siempre se escapa el horror que permea incluso los momentos felices, no todo puede ser significado. Niklas relata que ahora que tiene tres nietos maravillosos de tres, cinco y siete años viéndolos recuerda tantos niños muertos o abandonados por culpa de su padre y esa imagen lo hace detestarlo más. No hay padre, hay una invención que cada quien se hace de la figura paterna y más de estos tan signados por actos crueles. Tanto Niklas como Horst conformaron su familia y viven sosteniendo sus precarios equilibrios. Niklas mirando de forma descarnada un real sin tiempo ni lugar. Horst volteando para otro lado y esperando que la historia y la vida borren estos recuerdos. Dramático contraste entre estos dos hombres buenos marcados por el horror y la muerte.

What our fathers did: A Nazi Legacy (Netflix)