24 de noviembre de 2021

País devastado y erróneo

Michael Taylor


Al fin llegamos al día después sin sorpresas. En esta casa destruida que nadie remodela, que se caiga otra pared no debe sorprender a nadie. Será que algún día los que se dicen expertos se sientan con sus planos para iniciar las obras. Si no es así debemos los dueños buscarnos otros profesionales que si conozcan su oficio y se dediquen a devolverle la amabilidad y belleza que una vez tuvo y donde vivimos plácidamente. Es la tarea principal que tenemos este nuevo año. No voy a renunciar a esa sensación fantasiosa que todo año que comienza algo fundamental y nuevo también comienza. Este año les deseo feliz remodelación en manos de verdaderos expertos.

No son los habitantes del país los responsables de tan predecibles resultados, es que ante nuevas grietas éstas se reparan con curitas y pabilo. Ya, está bueno aquí no hay quien viva, las termitas acaban las pocas puertas y ventanas que quedaban. Se atascan las cerraduras y volver a abrir las salidas se hace cada vez más dificultoso. Así que, definitivamente, ya está bueno ya. Qué querían, qué les exigen a los ciudadanos, muchos años atendiendo llamados engañosos y todavía quieren seguir con las mismas tácticas. Lo siento, tan descerebrados no somos. Quizás ésta sea la primera lección. Vengan acá siéntense en esos pupitres y atienda la primera y más fundamental lección: “entiendan que no se dirigen a borregos sino a seres inteligentes que tarde o temprano toman sus propias decisiones”. Una de ellas es no participar en elecciones donde sus candidatos opositores ponen su empeño en brindar espectáculos pestilentes.

Voy a recibir este nuevo año pensando en que desaparecerán esas caras de tablas, chapuceros. No volverlos a ver ni saber de ellos ya de por si es ganancia. Voy a despedirlos en un ritual de luces y champan, música de Billo y ese himno a la esperanza de su “Año Nuevo, vida nueva”. Solo con ese pequeño cambio de no ver más a tanto estafador tendremos vida nueva, más liviana y grata. La abstención fue el único monumento que supieron construir como homenaje a una democracia que asesinaron. Allí lo tienen, digo el monumento, resplandeciente y con su sonrisa malévola mirando un techo que se derrumba. Me contento que tanto mediocre no haya podido acceder a las cotas de poder ante las que salivaban como perros rabiosos. Me contento solo con un silencio que se debería producir si aún mantienen un ápice de dignidad.

Amigos que al igual que yo evitamos nos empampen las goteras haciendo malabarismos y milagros, les deseo de corazón una Felices Navidades y continuaremos el año entrante siguiéndole los pasos a tanto desacierto y dejando testimonios. Los abrazo de corazón.

 

17 de noviembre de 2021

Realidad desencantada

Justyna Kopania

No tengo recuerdo de haber llegado a unas elecciones con un panorama tan confuso y atropellado. Apenas faltan tres días para elegir a los nuevos gobernantes regionales y hay polémicas entre varios aspirantes y las decisiones ilegales del CNE. No se explican planes de gobierno o solo se hace a través de consignas vacías y emociones exacerbadas. Hasta renunciar a las aspiraciones como candidato se hace con lloriqueos no propios de un político fraguado en la dura tarea que implica la política. Ni la renuncia por el bien de la comunidad lo saben hacer con la altura requerida. Lo siento, pero no convencen ni conmueven. No convencen ni unos ni otros porque todos guardaron un silencio muy elocuente. Esa vieja estrategia de seguir votando en contra de alguien y depositar la confianza en seres pocos fiables nos ha acarreado mucho desengaño y despertado mayor rechazo.

Total, que en un ambiente oscuro y de aire espeso hay que recurrir a las urnas con un estudio cuidadoso a través de un simulador, esta vez no de vuelo que era emocionante, sino de votación. Tenemos que recibir órdenes precisas, ensayarlas de antemano y tardar el tiempo que sea necesario frente a una máquina con botones. La pregunta obligada es por el porcentaje de la población que está capacitada para llevar a cabo semejante malabarismo sin estrellarse. Muy pocas personas según mi cálculo en un país con tan escasa educación y sin acceso a las redes sociales. Todo confuso, extraño, mal planificado y la pregunta que se me impone es ¿Tanto desacierto e inoperancia es a propósito o es el resultado de ignorancia y mediocridad? Es demasiado para ser producto de descuidos y mala implementación de políticas erradas. Mas bien pareciera que no hay política, ni seres probos capaces de implementarlas.

¿Cuál es nuestra verdad? No sabría contestar esta pregunta. ¿Qué queremos como país? Porque una cosa es la que se dice y otra muy distinta es la que persiguen los hechos y nuestras acciones. Queremos salir de estos usurpadores, pero hacemos lo adecuado para mantenerlos. La verdad no está allí afuera esperando ser descubierta con una lupa, la verdad es la prueba de una idea mantenida por la mayoría de los sujetos integrantes de una comunidad. Nos acercamos a unas elecciones sin una verdad realmente asumida, deseada y buscada. Con una realidad sin interpretación, sin ser conocida, analizada y apropiada. Marchamos a encontrarnos en una cola de votación a conversar sobre lo mal que estamos. Nuestra realidad y su percepción es un proceso activo de construcción, debíamos haber construido una realidad electoral seria y trasparente, fácil de entender y ejecutar para despertar nuevamente una confianza extraviada.

Por el contrario, cada vez más descubrimos las conductas irregulares de tantos personajes públicos camuflajeados. Esos candidatos a los que les dimos nuestra confianza porque engañaron, ¿y todavía se pretende que sigamos procediendo de esta forma ciega e insensata? Muy difícil porque andamos perdidos sin verdades en una realidad viscosa, pero con las antenas de las sospechas bien engrasadas. Es perfectamente evidente que vivimos en un tiempo en el que el sector político de la oposición se encuentra estancado. Habitamos una realidad que no se deja captar por el desorden que la habita y a oscuras sin orientación solo podemos caminar en círculo. Para avanzar hay que entender bien el problema que queremos resolver, si es que en realidad queremos porque ya hasta esto elemental está en duda.

Solo nos aseguran las inseguridades, ya ni siquiera de nosotros mismos nos podemos ocupar y mucho menos de nuestro asunto colectivo por antonomasia. Se nos acabó nuestra verdad con pretensión grupal, nadie posee autoridad moral para estar dictando pautas. Estamos solos ante una realidad desencantada.

 

10 de noviembre de 2021

La danza del cambio

Wlad Safronov


Cambiar es inevitable, la vida misma nos va cambiando y muchas veces sin darnos cuenta. Sin embargo, hay una resistencia al cambio producida por el miedo de dejar atrás lo que es familiar y conocido. Hay cambios imperceptibles, pero hay otros que son producto de decisiones que tomamos y son deseados, aunque siempre los acompañen esa sensación de incertidumbre. Sabemos lo que dejamos, pero no sabemos lo que encontraremos. Esto referido a los cambios particulares que hacemos en nuestras vidas. Pero hay cambios y a veces muy drásticos que se producen porque la sociedad a la que siempre hemos pertenecido cambia, gradualmente o de forma drástica. Te puede sorprender por lo inesperado del proceso o te puede desconcertar con su dinámica indetenible.

Generalmente los cambios se confrontan con resistencias que pueden llegar a ser violentas o, por el contrario, con la pérdida de confianza, de motivación para la defensa de lo que se considera de uno y le es arrebatado. Decaimiento del ánimo y surgimiento de enfermedades. Allí decimos que el cuerpo social está enfermo y los individuos desordenados perdiendo cada vez más sus certezas, orientación y meta. La mayoría de las víctimas a quien se les trastoca su vida, su historia, su futuro, no decidieron esos cambios; lo decidieron y provocaron un grupo destructor y desalmado. El dolor ajeno no les importa. Pero suele haber siempre esa gota que derrama el vaso, la reacción adolorida e iracunda puede hacer erupción y arrasar todo a su paso con furia. Se teme a estas explosiones porque suelen ser muy disruptivas e incontrolables.

 Ahora es la población maltratada la que reclama un cambio, se le hace urgente porque se hizo imposible vivir con tanta hostilidad e inoperancia, nada funciona y la mente se encuentra ocupada presintiendo una tragedia eminente. Suceden fenómenos inauditos como el cambio repentino de muchos dirigentes sin que hayamos tenido la oportunidad de apreciar el proceso para un cambio de esa naturaleza. El que te insultaba porque estabas a favor de elegir ahora puede darle un buen masaje a tu ego porque continúas en la línea demócrata de elección de gobernantes. ¿Qué pasó? Ni el propio camaleón lo sabe. Cambios falsos destinados al fracaso, un acomodo descarado por cuotas de poder.

¿Qué pasará el 22? Volveremos a llorar nuestra derrota, pero con una sociedad civil mejor organizada. Los candidatos seguirán en su misma posición mediocre, vociferando consignas vacías, provocando cansancio y hastío. Necesitamos percibir y comprender “la danza del cambio” (Senge) que se viene gestando en una sociedad que se niega a ser derrotada. Unas elecciones boicoteadas pueden generar reacciones inesperadas.

 Al haber confundido el Estado, el poder y la sociedad civil se dejó de considerar la importancia de esta tercera fuerza que al fin y al cabo es la que siempre tiene la última palabra. La sociedad reclama a gritos justicia, es lo único que puede aliviar su fuerza volcánica. No jueguen con fuego porque saben el futuro que les depara la candela. Ser demócrata no es ser monjes de clausura, así que no apelen por la bondad del maltratado. Esta vez si se cumplió el temor de que lo nuevo es enemigo del sujeto. Usted depredador e invasor es nuestro enemigo y lo queremos fuera del mando usurpado. Se pasará de la impotencia a la omnipotencia, también equivocada, pero esperada. Lo que tengamos que estructurar se logrará sin pausa cuando nos quitemos los obstáculos del medio. Tanto fracasado dando espectáculos vergonzosos es mas que triste, es provocativo de  ira. Tanto han buscado que es inevitable encontrar un final inesperado, pero final al fin.