27 de febrero de 2018

Repetición sin fin




El ser humano es repitiente, en cada una de sus acciones podemos inferir un rasgo que se repite. Así por ejemplo el escritor de cuentos y novelas deja deslizar soterradamente un transcurrir repetitivo, los poetas repiten una misma atmósfera emocional y rítmica. El pintor dará su pincelada personal, el fotógrafo captará con su lente siempre una imagen que cubre un vacío. Repetimos en acción, decía Freud, lo que no podemos recordar. Sin duda, recordamos los hechos y las personas involucradas pero lo que borramos es nuestra participación y la sensación que despertó un hecho traumático. No lo podemos admitir sin que veamos el lado oscuro que intentamos ocultar. Pero es en vano, al actuar repetimos una y otra vez lo que no queremos ver. Todos tenemos una locura particular que dejamos plasmada en cada una de nuestras creaciones. De allí el pánico que invade al mostrar las obras, se trata del pudor de desnudarnos ante miles de miradas. El pudor de quedar descubiertos en lo más íntimo.

En la película danesa La Celebración (1989) se muestra magistralmente esta particularidad de nuestra psique. Una hija es violada reiteradamente por su padre en su infancia, ella puede soportar el recuerdo y odiar a su progenitor. Pero cuando comienza a soñar con estas escenas no lo soporta y se suicida. Durante el transcurrir de los hechos ella estaba anulada y sufrió la perversión paterna como un objeto, pero al soñarlo queda comprometida como sujeto a un goce que le es insoportable. En cada uno de nuestros actos creativos estamos como sujetos comprometiéndonos con el goce que impele a producir un objeto, estamos cumpliendo un deseo y demandando el deseo de otro. Queremos que nos valoren, que nos quieran, por lo que mostramos de nosotros. Nunca será suficiente y es por eso que repetimos. No es sin la mirada de otros que nos podemos reconocer. Repetimos para encontrarnos y para que nos encuentren. Los actos creativos requieren valor, son siempre un riesgo porque al ser expuestos, sobre el sujeto creador, recaen los juicios.

Una experiencia muy traumática es la imposición a la repetición; tenemos que repetir sin remedio pero que otro te lo imponga es muy agresivo y despierta indignación. Repetir un grado en el colegio es una experiencia infantil catastrófica pero que puede ayudar, ahora aquello de que te pongan a ser planas repitiendo mil veces una frase como castigo es totalmente incomprensible. Pregúntele usted a un escritor cuando va a dejar de escribir sobre asesinatos, por ejemplo, bueno una respuesta puede ser “hasta que me salga bien”. En lugar de poner a los niños a repetir una frase tonta que ni siquiera se le ocurre a él por qué no ponemos al castigado a escribir un cuento. Allí repetirá lo que le pertenece, lo que le interesa, lo que le preocupa y Podremos descubrir un talento, que mientras más temprano se desarrolle más brillante será. También el niño se descubrirá al ser el protagonista de su historia. Todo el sistema torpedeando nuestro tiempo particular y doblegando la autonomía del sujeto. Sentados en pupitres repitiendo al profesor.

La pregunta interesante es saber si no quedamos atrapados toda la vida en un sistema de órdenes que dificultan el desarrollo particular. Hacernos de un lugar único, desde el cual entregamos al mundo nuestro quehacer, es una tarea complicada y torpedeada. Hacer de nuestra locura algo maravilloso requiere independizarse de las demandas. Quizás es lo que desespera de nuestra terrible realidad, darnos cuenta que giramos en un círculo marcado por compases externos. Nos marcan los tiempos, nos detienen en las iniciativas, nos cambian la señal abruptamente y todavía pretenden que sigamos obedeciendo. Esta repetición impuesta, como las planas escolares, infructuosa no está permitiendo que descubramos como sociedad qué nos pasa. Como yo también repito, siempre espero que nos asalte una locura creativa y nada me hace desistir de la idea que tarde o temprano pasará. La vida puede pasar e incluso terminar y yo seguiré atenta a estas señales que espero surjan, las que nos marcaran en nuestra particularidad.

Una alteración del orden simbólico, una negatividad exterior como lo plantea Zizek, un desorden, una no obediencia al orden. Desde esta idea Zizek plantea la política y explica su crítica “La política actual es un olvido (idealista) de la negatividad, de la imposibilidad constitutiva de las relaciones”. Es cierto nunca será posible un entendimiento total entre nosotros, pero sí podemos convenir una unión estratégica para defendernos de lo que nos mata. El conflicto que representa un poder tiránico que se ha renovado con los tiempos requiere de un combate renovado, distinto y es precisamente ese el vacío que sufrimos, nuestro gran fracaso. La camisa de fuerza de lo “políticamente correcto” la falta de estrategias y la repetición sin fin. ¿En qué momentos nos perdimos? En el momento que no fuimos capaces de hacernos un lugar sorprendente, inédito, nuestro. En cada repetición y fracaso algo debemos concluir, algo debemos aprender. Sueño que podamos encontrar nuestra casa, nuestro centro y saber quiénes somos. Un sueño que me ayuda a vivir y a soportar las ausencias.

Ya queremos vivir nuestros vacíos particulares y no este gran boquete que abrieron en nuestra sociedad. Un agujero negro que nos está devorando.

20 de febrero de 2018

Una castaña cayó a mis pies




Atónitos vivimos desde que nacemos. El asombro que produce en el niño ir descubriendo al mundo y a sus semejantes. Nos asombramos cuando vemos por primera vez el mar, cuando sentimos calor o frio, cuando el hambre aprieta y la madre se acerca. La primera vez que un hermanito nos arrebata el protagonismo y cuando, contra todo pronóstico, nos dejan solos en un colegio. La vida no deja de sorprendernos nunca, porque no podemos saber todo de los múltiples misterios que encierra. Esa sensación nos hace interrogarnos e ir buscando respuestas; Platón y Aristóteles identificaron esta perplejidad como la causante de la Filosofía,  el motor de una constante búsqueda del saber. De allí que el talante del filósofo debía ser la perplejidad, la observación y la escucha. El que trata de entender y de saber tiene a la vida como su libro indispensable desde el cual se interroga sobre la muerte, el tiempo y lo infinito.

Así vamos aprendiendo de varias coexistencias que no dejan de asombrar nunca. El horror puede coexistir con lo bello, la música con el exterminio, la vida con el suicidio, lo insoportable con lo sublime. El saber con lo imposible de conocer y con aquello a lo que no podemos exponernos con frecuencia sin enloquecer. Cuenta Savater como Cioran “permanecía en la tierra del asombro, perplejo incluso en sus negaciones y rechazos más viscerales” un hombre que permaneció siempre escéptico y atónito. Y es que mientras más conscientes somos del absurdo implícito en el existir y la conducta humana, más perplejo quedamos con aquellos que no dudan. Los que se muestran como si una verdad incuestionable les fue revelada y no interrogan al mundo ni a sí mismos. Saben, pontifican, predicen y sentencian. El resto de los mortales permanecemos perplejos sin atinar a saber hacia dónde vamos. El resto fantaseamos soñamos, deseamos.

A veces es necesario escaparse al mundo de las fantasías y contarnos algunas mentiras. Soñar con una nota discordante que rompa un inexorable destino, que nos detenga ante el abismo. Como esa nota que nos describe Portualés sobre Chopin junto a su amante George Sand cuando recibían a compatriotas polacos. “Entre ellos, había un poeta, Miekiewiez, que recitaba con gran vehemencia poemas acerca de la patria perdida. Era cuando el aire se cargaba de nostalgia que Chopin se acercaba al piano y hacía escuchar la nota azul. Su sonido horadaba la densidad del aire trayendo algo así como el sonido de una ausencia. Ausencia, en tanto no se trataba allí de agregar sentido sino de algo relativo a una sustracción. Sonido asimilable a cuando en la prosa, la poesía hace oír algo intraducible abriendo un espacio más allá del sentido. Conmoción estética, entonces, en relación con una ausencia, a un sin-sentido que nos arranca de la lógica en la que transcurrimos”.

O quizás necesitamos, lo que vivimos perplejos, asomarnos a la poesía y las historias que nos cuentan los que saben contar. Escapar de nuestras vidas donde nos abruman las preguntas que no alcanzan respuestas. Soñar con los que ya no está, porque ya casi nadie está y los que aún estamos no estamos del todo. Asombra como asombran los pueblos fantasmas. Nos perdimos buscando ese punto medio desde cual actuar, un equilibrio perdido. O pecamos por exceso o caemos en el defecto. De nada nos sirve el ejemplo, los modelos de excelencia se encuentra también perplejos. Se extravió la última palabra y el ejercicio de la libertad. Nos asalta como a Cioran el cese de las preguntas y la avidez por las respuestas. Al leer este pequeño pasaje de Cioran realmente quedé perpleja por la similitud de muchos momentos vividos: “Cuando me paseaba, tarde, por el camino bordeado de árboles, una castaña cayó a mis pies. El ruido que hizo al estallar, el eco que suscitó en mí, y un temblor desproporcionado con respecto a ese ínfimo incidente, me sumergieron en el milagro, en la embriaguez de lo definitivo, como si no hubiera ya más preguntas, sino respuestas. Me sentía ebrio de mil evidencias inesperadas con las que no sabía qué hacer…” Con las diferencias que en este país no se puede caminar tarde, ni nos caen castañas.

Nuestro asombro esta signado por la pérdida de la armonía, de las bellas formas. Ya no es posible ocultar nuestras expresiones crispadas. Marcados por ese sonido de las películas de terror que anteceden a un horror y producen una intriga. Nos dirigimos a un abismo y no se avizora las caídas de castañas que detengan nuestro andar y avizoren las respuestas, un silencio y un mal presagio. Como define Burke lo sublime, pasiones en las que ubica, en primer lugar, el asombro “cierto grado de horror en el cual el ánimo no puede dar entrada a nada más”. Tanto Burke como Kant relacionan lo sublime con un desgarro, una conmoción, a diferencia de lo que sucede con lo bello que Kant define como una “contemplación quieta”. Recordando a Borges cuando nos habla del asombro ante el arte “El arte es dar asombro, pero no asombro del talento del poeta, sino que el lector sienta que está en un mundo muy extraño, que él mismo es muy extraño, que el hecho de vivir es rarísimo”. Asombra que no dejen vivir para extrañarnos y darnos nuestras propias respuestas pasajeras. Asombra que en esta confusión y caos algunos se muestren imperturbables en sus propios laberintos.

Nuestro mundo se ausentó y quien dice que no es válido soñar con castañas que caen y provoquen novedoso pensamientos. Quien dice que está prohibido o que son extravíos de la razón. Vamos a ver si hay una última e inviolable respuesta, bueno que la den y convenzan. Pero la verdad es que solo por los momentos tenemos silencio, pero caerá una castaña, claro que caerá.

13 de febrero de 2018

Una respuesta desconcertante




La mayoría de los habitantes de esta tierra tenemos un deseo común: queremos vivir. Tan simple y complicado como eso. Porque, no es necesario redundar sobre lo tanta veces denunciado, esta barbarie no permite vivir una vida propiamente humana. Todos encerrados y amenazados con las libertades conculcadas. Todos desconocidos y abandonados en cada tragedia individual y particular. Nos une el dolor, nos une un deseo colectivo. Pero el deseo humano no es simple, el deseo humano no se dirige a los objetos, se dirige a otros seres humanos y su demanda es por reconocimiento. El deseo tiene historia y proviene de las necesidades pero no se estanca en pedir lo necesario, en pedir objetos, sino que es ávido de símbolos, de significados, de lugares. Una conciencia evolucionada no es servil y dependiente, se transforma en una verdad autónoma. Las demandas se dirigen a un Otro, que debe ostentar un lugar privilegiados de significaciones. Otro, un gran Otro, a quienes le atribuimos poder y de quien queremos su deseo.

¿Qué nos está pasando? Que no contamos con un Otro en quien confiar. Las personas que ocuparon un lugar estratégico para abrir caminos, erraron. Las intervenciones fueron inapropiadas, provocaron todo tipo de actuaciones y no fueron capaces de recogerlas e interpretarlas. Dejaron a la confianza caer, dejaron de escuchar, dejaron de entender y perdieron su lugar. Guardaron un silencio estrepitoso, aturdieron con el desprecio, se hundieron en sus propios fantasmas de imposibilidades. Pero el deseo humano no se detiene y sigue ávidamente buscando significados, busca y se da respuestas, a lo mejor equivocadas, pero necesarias para mitigar la angustia que ya desborda. La población, en su mayoría, dejó de creer en sus líderes y sus demandas dejaron de dirigirse a ese Otro que se mató solito no fue necesario un parricidio, en nuestro caso fue un suicidio. Quedó un vacío simbólico y poco escenario para un despliegue imaginario. Se impuso un Real obsceno, un monstruo que nos devora.

Y en este vacío  se nos llama a unas elecciones. Momento para la toma de decisiones a las que tramposamente somos empujados, contra todo razonamiento más o menos aceptable, el estallido de la lógica en su máxima expresión, actos fallidos que no cesan porque la carrera es para adelante, a puerta cerradas. Sin darse cuenta, sin asumir que ya perdieron su lugar y que su llamado no será atendido. Pero no hay metafísica, no hay un Otro del Otro, no hay garante. Caminamos sin orden simbólico, sin la dimensión propiamente humana. Es por ello que comienzan a hacerse llamados a seres con prestigio que ocupan otros lugares, a representantes morales y a la comunidad internacional. Se recurre a nuevos símbolos que dan más la sensación de ser oníricos, de no obedecer a una realidad. Pero como todos los sueños están revelando a donde se está dirigiendo el llamado de reconocimiento. Un deseo que se revela con la mediación de la palabra.

Si queremos entender hay que oír más allá de los enunciados, hay que prestar atención a la enunciación, hay que agudizar la escucha y no despachar los gritos desesperados que emitimos con simples e irresponsables calificaciones. Sí, es verdad que somos un tanto ligeros en los juicios que como individuos hacemos; pero la mayor responsabilidad recae sobre el que se colocó en un lugar privilegiado para la guía de acción y que debió cuidar con celo, elegancia y táctica su prestigio. No lo hicieron, prefirieron permanecer en un closet resguardando sus deseos de poder, abrazados a sus significantes fálicos. Pues bien, estamos viendo los resultados. Solo conoceremos la libertad dándonos la autorización de sacar nuestros deseos de las camisas de fuerzas, desplegando un abanico de posibilidades, quitándonos de encima las trampas de obediencia a lo irracional y adoptando patrones de conductas que dejen de dañarnos. Allí está lo difícil.

Eso no lo vamos a lograr descalificando, denunciando, que no son sino expresiones de seguir enganchados demandando a quien no puede dar porque no tiene lo que se le pide. Llegó la hora de salir de patrones de comportamiento ritualizados, repetitivos porque hay novedades. Aquí está, me parece, el escollo en el que nos estancamos. Requiere, el momento, actos creativos, inéditos y atrevidos. Dejar de estar respondiendo a las demandas del adversario que es, precisamente, donde se estancó la MUD y la causa de la pérdida de credibilidad. Comenzar a tener una voz, una propia. Oír a la población que está hablando y actuar en consecuencia y con inteligencia. El debate interesante no es  ir o no  a elecciones convocadas de forma ilegal, total es lo mismo, los resultados ya son irreversibles. Debemos hacer una jugada inesperada, de las que revierten situaciones y pone al otro a defenderse. Hasta ahora hemos andado pidiendo perdón y castigados. Instalados en una posición de imposibilidad, propio de los obsesivos. Destapemos nuestro lado femenino y golpeemos por donde no lo esperan. ¿Será una mujer la que deba dirigir los nuevos pasos?, no es mala la idea, pero no una mujer identificada a lo masculino.

Una mujer no por su biología sino por la libertad de posibilidades, por esa característica de salirse de lo correctamente establecido. Un mujer que despliegue un abanico de significaciones que sea capaz de despertar a la población de este letargo fatigoso y aburrido. Una postura femenina capaz de imprimir un toque de locura e implosionar esa roca que está obturando toda salida. Que provoque esa pregunta que aún está sin responder, qué coloque a ese otro, que se muestra invencible, a vacilar y retroceder. Debemos encontrar una respuesta desconcertante, una jugada fuera de las reglas establecidas. Respuestas así surgen en momentos límites y en ese punto ya estamos.

6 de febrero de 2018

En un beso la vida




El beso cambia vidas, cambia costumbres, transforma una existencia anodina en un poema. No podemos nunca olvidar una buena novela con una maravillosa descripción de un beso. Como olvidar por ejemplo Rayuela con esa escena de un beso que hace estremecer al más insensible de los humanos. “Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acerca entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en su recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio”. Un beso de amor que no es sin sus olores, que no es sin que estallen cristales, que no es sin sinfonías celestiales. Dura un instante, dura toda la vida. Dice Octavio Paz “Un mundo nace cuando dos se besan” y podemos agregar también otro mundo muere.

Hay pintores cuyas obras sobre besos los inmortalizó. Edward Munch es comentado y exaltado no solo por su “Grito” sino por sus cuadros de amor y besos. Su cuadro de 1984 titulado Vampiro siendo su nombre original Amor y dolor, muestra a un hombre abrazado desesperadamente a una mujer “en el que la ambigüedad entre la protección y la ternura se confunde con la posesión representada como vampirización” nos relata Leonard Cohen. Porque también hay besos desesperados, momentos de despedidas y quizás para un por siempre, en el que se desea tragar con furia al otro, tenerlo sin  que pueda haber fuerzas que distancien a los amantes. Fantasías devoradoras que afortunadamente, en la mayoría de los casos, solo quedan reducidas a gritos de dolor. Porque vampirizar es una forma de matar. Besos que cambian la vida, besos que desgarran al ser. Ay, en fin, las historia personales podrían ser narradas con un antes y un después de aquel beso.

Como tantos otros gestos los besos han ido perdiendo ese impacto emocional que tuvieron. Aún recuerdo la cara de mi papá, su asombro y emoción cuando una amiga mía le dio un beso. Acostumbrado a ser besado por su mujer e hijos no podía creer que podía ser besado por otros. Esa era la Caracas de hace pocos años, no se besaba como ahora que nos hemos vuelto besucones, a mí me gusta. Debo confesar que por andar besando a quien no debía perdí un puesto de trabajo, mi jefe, un “notable” no pudo soportar el exceso de confianza que me atribuí un fin de año. Así comencé el año desempleada y con la única promesa de escoger más acertadamente a quien le plantaba mis ósculos en sus mejillas. Es que también uno se pasa, mira que besar a ese ser es como de locos. Me consuelo a veces porque no solo yo me equivoco.

Hasta el siglo VI solo era costumbre los besos entre madres e hijos, después se extendió entre los adultos como muestra de afecto; comprendieron los grandes que se querían y podían demostrarlo. Rápidamente se extendió por el mundo, porque naturalmente, cuando se trata de placer el ser humano no muestra demasiadas dificultades para el aprendizaje. Pero siempre llegan los tiranos a parar la fiesta, durante la Revolución Industrial, quedó prohibido besarse en público, lo que ocasionó rebeliones de besos públicos masivos e interminables. Los Hippies de la época, el beso libre. Es que cuando se habla de revolución se debe siempre prohibir algo, y a ellos se les ocurrió prohibir el beso, a nosotros se nos ha prohibido ya casi todo. Podíamos probar y salir masivamente a besarnos en las calles sin retorno. Para que no digan que no hay propuestas.

Bueno Julito, voy contigo. Haz lo que quieras, déjate golpear sin mandar tu derechazos, total no te enseñaron a pelear. Besa a quien quieras, cuando quieras y donde quieras. No hagas caso al público de galería que siempre espera otra cosa de ti, nada les gusta. Total, van a caerte de cualquier manera. Demuestra con tu ejemplo lo de “prohibido, prohibir”. Tenía ganas de darte un beso, pero temí a las represalias, quedé temerosa desde aquella experiencia, así que decidí dejar las cosas así. Pero aquí entre nos, hay aspectos que me intrigan, ¿A que huele la Delcy? ¿La oliste? Dicen las malas lenguas que no exhala olores agradables, sino más bien pestilentes. De ser así tomo tu gesto como un gran sacrificio. Menos mal no te dio por besar al hermano, tú sabes el “culto”. Allí no me quiero imaginar el cataclismo que hubieras ocasionado, y tampoco se trata de infartar a medio país. Todo tiene límite, menos la maldad y tú has demostrado que eres bueno, para algunos gustos demasiado bueno, no hagas caso, hay gustos para todo.

Menos mal que ya no estamos en la Edad Media cuando se obligaba al caballero a casarse con la dama después de un beso. Te salvaste, la cosa no pasó a mayores, eso hubiese sido la muerte para ti. ¿Te imaginas?  Horrible, borra ya de tu cabeza semejante idea torturante, ya suficiente mortificación te causó ese fotógrafo indiscreto, un paparazi pues. Tranquilo la vida continua igual porque fue un beso desangelado, allí no había pasión ni intención de entrega. No te estabas entregando, los vientos de la historia se lo llevó. Bueno, eso espero porque otros vientos hubieran causado una explosión, la damisela se las trae en cuanto a “ventorreas”  se trata. Le pido a la vida no te la vuelvas a encontrar cerca, no te vaya a dominar nuevamente tal impulso o se le ocurra a la pestilente de acusarte de acoso sexual, mira que está de moda.  Aprende, porque en un beso uno se juega la vida, el trabajo y el prestigio. Oye boleros de vez en cuando que enseñan mucho de besos no sé si también de política, no creo. Yo te dejo por ahora, y me quedo suspirando por un buen beso, de esos que hacen cantar “En un beso la vida”.  Porque también hay besos de muerte, cuidado.