25 de mayo de 2022

Perversión

Joan Miró


La palabra perversión en psicoanálisis indica una posición que asume el sujeto ante su angustia. No la vamos a entender como una enfermedad que amerita una cura, solo señala la meta y el objeto de la pulsión (desvío presente en toda sexualidad) independientemente de la estructura del sujeto. No es entendible la dinámica perversa y su dificultad si no es articulada a la ley, fuera de una regulación no tendríamos nada que indicar de esta estructura y sus múltiples manifestaciones. Una solución que les permite a algunos sujetos hacerse de un lugar y hacer lazo social. Generalmente no se asume como un campo de investigación sino se le despacha con simples calificaciones.

Atravesamos un tiempo de debilitamiento del “Nombre del Padre” (la ley interna) que alerta sobre una descomposición en todo orden, no solo sexual. No es que las sociedades se volvieron permisivas, es más bien una falta de regulación en los deseos de los padres al tener un hijo. Una madre que no permite la acción de la ley que ponga límite a su deseo devorador del hijo. Una madre que coloca al hijo como el objeto de su satisfacción sin que sea posible una intervención separadora.

La perversión después de Freud la entendemos, junto con las Neurosis y las Psicosis, como una estructura más, en el difícil desarrollo de un ser vivo por conformarse en sujeto. Es una posibilidad de ser y de existir con una dinámica propia, inherente a la condición humana. Antes de Freud y con los prejuicios de la época fue considerada una aberración y sometida la persona a los más aterradores castigos o métodos de cura que constituían más torturas que intenciones sanadoras. No estamos lejos de volver a aquella época, los juicios morales que se oyen apuntan al deseo de exterminarlas con pelotones de fusilamientos como se hizo en Cuba y otros lugares reformadores del hombre actual. El “hombre nuevo” debe ser puro es decir debe ser “no humano”. No es posible establecer normas para la sexualidad lo que sí es posible es establecer normas para el comportamiento dentro de una sociedad establecida. Toda relación sexual debe ser mutuamente consentida.

En 1905 Freud define, en Tres ensayos de teoría sexual, lo que se entiende como perversión: un desvío o cambio de objeto en la meta sexual. Explica que en ninguna persona falta algún elemento perverso y describe la sexualidad infantil como perversa polimorfa, indicando que varias metas actúan y la satisfacción no está al servicio de la reproducción. Aun no se han conformados los diques de contención que serían “vergüenza, asco y moral” y se manifiestan las pulsiones sin represión. No hay censura social efectiva si el sujeto no logró formar su propia contención y entonces si es justificable que actúen los medios culturales para limitar conductas dañinas para terceros. Las violaciones, la pedofilia son prohibidas porque el objeto elegido es forzado o no tiene madurez para aceptar una relación sexual. Dañan de forma irreparable a las víctimas, es un acto criminal.

Terminan siendo sujetos peligrosos dentro de la sociedad al tener certeza de cómo obtener su goce no contemplan al otro. Saben muy bien cómo, dónde y con qué o quién alcanzar la satisfacción sexual. Ellos si saben cómo obtener el goce por eso actúan mientras el neurótico sueña. Como todo sujeto debe ser sometido a la ley social lo que se le hará más dificultoso porque su propia contención debe irla conformando, no la tiene de antemano. Por último, no todo perverso debe ser juzgado de la misma forma porque no todo perverso se comporta de igual forma. La ley social actúa sobre los actos que causan daños a un tercero, no sobre los deseos.

Este es un tema difícil y duro de tratar no solo por su complejidad clínica sino por los prejuicios que aun manejamos en nuestra sociedad, solo pretendo introducir algunos puntos de reflexión para contribuir a un debate que no se está llevando a cabo con la altura requerida. La ley está fallando no solo en el perverso, el Nombre del Padre dejó de actuar en un mundo volcado a la maldad, un mundo que no le pone límites al goce.

 

18 de mayo de 2022

Un producto no terminado

Anton Carter


El ser humano nunca será un producto terminado. Es un ser incompleto que mantiene el ideal de su completud, de allí, de esta compleja dinámica, surge el deseo. Podemos escoger quienes queremos ser y como queremos vivir, decidimos cada uno de nuestros actos de los que somos responsables. Las sociedades en las que vivimos son producto de nuestras luchas y deseos, evolucionamos acorde como evolucionemos como personas y nos pongamos de acuerdo con los otros. Ser buenas personas y conformar sociedades justas debe siempre estar presente en nuestros deseos. Fue una de las inquietudes de Ágnes Heller “cómo es posible que haya buenas personas” quien estaba convencida que la gran labor de un ser humano consiste en causar justicia, conformar sociedades justas.

Hoy se habla de un “mundo desencantado” utilizando la terminología de Max Weber, es lo que hemos logrado después de largas luchas por proteger el derecho a la libertad, la estamos perdiendo y se está imponiendo la injusticia, no podemos dejar de hacernos responsables para señalar fuerzas ajenas, destino, dioses extraños, seres divinizados, causantes de nuestra propia destrucción. El hombre ha sido abandonado a un mundo donde siempre habrá todo por hacer y la primera tarea es hacernos a nosotros mismos. Un mundo contingente que está siempre reclamando del hombre su pensamiento y su voluntad, está constantemente causando deseos. Tarea que genera ansiedad, intranquilidad, horror ante un vacío y miedo a la soledad cuando adquiere la certeza que cada quien depende solo de sí mismo en esta tarea de construcción de su vida.

Pero hemos sido muy torpes en el proceder. El conocimiento se puso al servicio del deseo de dominio y el ser humano se envalentonó creyéndose el dueño del destino de otros. Ávidos de un poder sin restricciones no pudo resistirse al engaño de sentir ser una deidad, tomado por el deseo de creerse el fundamento ultimo de todo, una autoridad máxima y única de allí nace el totalitarismo que hoy libra guerras para imponerse. El mundo vuelve a sufrir el desvío de un loco delirante perdido en su propio laberinto, Putin. El ser humano está pagando un alto costo por permitir el desborde de un entusiasmo del deseo que siempre se mantendrá insaciable. Esta observación de Teódulo López Meléndez me pareció muy oportuna para recordar en horas cruciales lo imperfecto que somos “El hombre es alguien que llega a ser. El hombre no es un simple marchante hacia su propia finitud. Sin embargo, ahora parece sembrado melancólico en un presente abrumador negativo que se le asemeja a un fin de camino”. Un hombre desilusionado.

Nunca habrá un fin de camino para la historia de la humanidad, siempre es posible su evolución o destrucción. Mientras haya un solo ser humano otorgando significado y narrando la historia el deseo se mantendrá interfiriendo y modificando la realidad. El deseo indica que hay vida. Bajemos del pedestal a estos locos delirantes que no son otra cosa que seres dominados por un inconsciente diabólico, dominados por la pulsión de muerte, dejemos que ellos mismos terminen con sus vidas esclavas de bajos instintos y el mundo pueda continuar el rumbo de su “gente buena” como quería Ágnes Heller.

 

11 de mayo de 2022

Freud



Sigmund Freud nace el 6 de Mayo de 1856 en Freiberg, una región de bosques y praderas, situada al sur de Checoslovaquia y a unos 250 Kms de Viena.  Pertenece a una familia judía de origen alemán y es primogénito del segundo matrimonio de su padre Jakob Freud y Amelia Northansohn.  Desde su nacimiento Sigmund Freud tiene que sufrir los avatares de la persecución judía por lo que a los tres años sus padres deciden mudarse a Viena en donde tienen que vivir sufriendo de una gran precariedad económica, de hacinamientos y de la ayuda de la familia materna.  Estas elementales necesidades marcaran de manera decisiva el carácter y tenacidad del destacado pensador.

 

Poco a poco se va haciendo un joven taciturno, se refugia en los libros y descubre una gran pasión por los idiomas, clásicos y modernos, la lectura de la Biblia, la literatura y el inglés de Shakespeare de quien admira su profundo conocimiento sobre la naturaleza humana.  Al tener que escoger su carrera se encontró sin una vocación especialmente definida, la limitación que ofrecía la Viena imperialista a los judíos ayudaría en su definición por la Medicina a pesar de expresar “No tengo noticias de haber tenido en mis años tempranos ansia alguna de ayudar a la humanidad doliente... Tampoco me dio nunca por jugar al doctor” Sin embargo descubre desde temprano una gran inclinación por comprender algo de los enigmas del mundo y contribuir a su solución. En este campo médico se siente especialmente atraído por las clases que dictara el célebre anatomista del cerebro Meynert sobre psiquiatría. Cuando contaba veinte años de edad Ernst Brücke, profesor suyo, lo invita a participar en sus investigaciones y lo lleva a su laboratorio, donde el joven se siente en total libertad para comenzar a indagar sobre sus propias interrogantes en Neurofisiología.  Freud manifiesta que fueron los años más felices de su juventud. Entre otros aciertos en el mundo científico Freud señala el carácter unitario de la neurona lo que va a constituir la base de toda la neurología moderna posterior y señala el valor medicinal de la cocaína. Consideró al profesor Brücke “la más alta autoridad con quien me haya encontrado jamás”.

 

Poco tiempo después de graduado de médico se enamora de una amiga de sus hermanas, Marta Bernays con quien se compromete oficialmente. Este vínculo lo presiona para salir de su muy incómoda situación económica y para definitivamente decidirse por especializarse en lo que ya constituía su principal interés, la neurología. Estaba ya trabajando como médico asignado al instituto psiquiátrico dirigido por Meynert. Consulta con su compañero Josef Breuer y decide solicitar un puesto en el Departamento de Enfermedades del Sistema Nervioso. En 1885 Freud consigue su primer cargo de importancia como profesional, se le asigna la cátedra de Neurología en la Universidad de Viena. En este ambiente constata como la ortodoxia y la comodidad de los profesores incuestionables haría imposible el avance y la búsqueda de la verdad en cuanto al origen y tratamiento de las Neurosis, que comenzaba a ser problema dentro de la epidemiología clínica de la época.  Es entonces cuando aspira a una beca para ingresar a trabajar con el Dr. Jean Martin Charcot en la Salpêtriere, en París. Conocía del tratamiento revolucionario, la hipnosis, que estaba aplicando este eminente científico con las enfermedades del sistema nervioso. Allí Freud llegó a destacarse y a ser amigo personal de Charcot, con quien se convence de que la histeria es una enfermedad de origen psicológico que requiere su propia y definida terapéutica. Es así como la psicología adquiere para él su principal tema de interés y se va apartando del microscopio y de los estudios anatómicos. Al llegar a Viena presenta sus hallazgos en el campo de los que sólo recibe frialdad e ironía.  Su terquedad y profunda convicción le cierran definitivamente las puertas de la academia en Viena. A pesar de este rechazo académico su consulta privada comienza a tener éxito y con ello su persistente deseo de contraer nupcias con Marta. El 14 de setiembre de 1886 comienza a construir su nuevo hogar.

 

Freud siempre tuvo necesidad de un amigo cercano con quien poder compartir sus inquietudes clínicas, al comienzo de su actividad privada estuvo muy cerca de Breuer y ambos fueron descubriendo la importancia de la catarsis en la cura de la histeria.  Es así como ambos pensadores comienzan a transitar por el mundo del inconsciente sin contar con una técnica ni con una teoría acabada de la psique.  El caso conocido como el de “Anna O” constituye el primer esfuerzo intelectual y de indagación en la comprensión de este mundo en el que hasta entonces nadie se había atrevido a entrar y en la importancia de la palabra para el tratamiento de las neurosis.  De este trabajo común y sostenido nace “la asociación libre” como herramienta terapéutica y base del psicoanálisis.  Según este método Freud pedía al paciente que se recostara sobre un cómodo sofá, que tratara de decir todo lo que le pasara por la cabeza con la menor censura posible y si el paciente mostraba resistencia colocaba la mano en su frente y presionaba levemente. Cada vez más Freud fue perfeccionando su técnica, dejando al psicoanalista solo para interrumpir ocasionalmente. Con este método Freud descubre la importancia de las fantasías sexuales en la aparición del síntoma neurótico, y de esta forma concluye que toda neurosis es el producto de la represión que siempre es de contenido sexual. 

 

Emprendió de esta forma una fuerte lucha con su entorno social y académico, que vieron con horror lo que calificaron de una obsesión perversa de Freud. No transigió, pero no le quedó otro camino que pagar un alto precio por su indomable voluntad. Se revistió de una actitud de aislamiento y se subió a un pedestal frente a sus colegas lo que emprendió en términos de defensa, pero a la vez le permitió seguir adelante con su trabajo.  En este estado tuvo la necesidad de encontrar a otro interlocutor, Freud en realidad soportaba poco la soledad intelectual, el escogido fue Wilhelm Fliss. De esta forma Freud sentía que al menos una persona valoraba su trabajo intelectual. En esta época Freud sufre su más aguda crisis existencial, pasa por períodos de depresión intensos o períodos de euforia que le impiden su trabajo intelectual y lo fuerzan a realizar más bien el trabajo de su propio inconsciente. Fliss ocupa el lugar de su analista. Al final de esta difícil etapa Freud sentencia: “Soportar las verdades totalmente desnudas y enfrentar con toda calma las circunstancias, he aquí la cumbre de la soberanía”.

Su personalidad, impregnada de una tendencia natural a la sinceridad y de un amor inquebrantable a la verdad y a la justicia, repudiaba todas las formas de engaño y ambigüedad, todas las molestas e hipócritas formalidades habituales en las relaciones sociales.

 

La actitud emocional hacia colaboradores y amigos tuvo siempre una gran trascendencia para él, pues la presencia de ellos acallaba, de alguna manera, la inseguridad en su obra o los fallos en su autoconfianza. A la vez creaba en él una particularísima susceptibilidad, íntimamente unida al peligro y al miedo a perderlos. Esa necesidad de los demás se veía acentuada, a menudo, por un sentimiento de dependencia, que producían irremediablemente la sobreestimación de la otra persona. El riesgo de un ulterior desengaño era casi inevitable.

 

Freud nunca creyó en la existencia de un ser sobrenatural y la verdad es que tampoco sintió la necesidad afectiva de tal creencia. Pensaba que todas las explicaciones estaban en el mundo de la naturaleza y consideraba ilusorio, superfluo, la invención de otro mundo imaginario fuera de ella. Sin embargo, siempre le intrigó el tema religioso, en concreto, los motivos que la gente tenía para necesitar dichas creencias. De dicha indagación construye gran parte de su teoría sobre el inconsciente y las neurosis. Como dato curioso sobre su dinámica emocional Freud confiesa “Un amigo íntimo y un odiado enemigo fueron siempre indispensables a mi vida emocional”