26 de abril de 2023

Irnos construyendo

Joan Miro


El humano nunca termina su dificultosa construcción, en cada acto coloca una nueva pieza de lo que lo representa en compañía de otros seres humanos. Son los actos los que hablan de nosotros. Esto es hacerse responsable de una imagen de lo que somos y no andar implorando perdón por las barbaridades perpetradas. Mientras más escandaloso sea su crimen no es merecedor de perdón sino de castigo. El mal radical que implica matar y torturar no admite clemencia, no se perdona ni se olvida. Solo admite un “nunca debió suceder” y el horror colectivo. Estas limitaciones y acuerdos es lo que hace humana la vida de las personas. Recordamos un pasado que compartimos y que nos fue mucho más grato entre otras menudencias porque el trato admitía proyectos conjuntos, sueños de futuro y respeto por nuestros símbolos.

Podemos hacernos los locos como si no fuéramos testigos y dolientes de nuestra destrucción. Podemos escoger vivir fuera de las leyes y tener el dinero como la única meta a alcanzar por cualquier vía. Podemos robar en complicidad con otros sin límites y sin contemplar el daño causado a la nación, pero no es válido después sorprenderse cuando son descubiertos y expuestos al conocimiento público. Fue su responsabilidad, el error de haber traicionado a su comunidad y haberse traicionado a sí mismos. Ahora la justicia es la que debe encargarse del adecuado castigo, debe ser conducida por hombres correctos y no otros asesinos. Ese es uno de nuestros peores obstáculos, todo ha sido permeado por la corrupción.

Ante este panorama de muerte y sufrimiento de gran parte de la población se nos ha hecho muy dura la existencia para andar teniendo clemencia con los principales responsables de que no hayamos podido tener salidas de un régimen que nos agobia y maltrata. Pedimos justicia cada vez más alto, gritamos y me temo se pasará a la acción propia del que patalea porque se ahoga. Las risitas cínicas del que se cree superior por un poder momentáneo, en cualquier momento quedarán congeladas. Dejen la amenazadera y el jueguito sádico con la población. Esto se les está saliendo de las manos y no hay, sino que repasar la historia para saber el destino probable de muchos tiranos.

Al errar el lugar y la responsabilidad en el actuar, los ciudadanos pierden confianza y respeto, solo queda una sociedad desmoralizada y colérica. Con hambre y amenazas se hace difícil acordar, negociar y pactar en futuras elecciones. Es tiempo de aspirar a una excelencia que no se observa ni asomada en las mejores películas. ¿A qué aspiramos? A tener buenos y eficientes gobernantes, que aseguren el confort necesario para vivir con dignidad. Solo entonces es que se puede pedir el interés por el debate público, para volverse a entusiasmar por la integridad social.  Mientras tanto seguiremos viviendo como describió F. Nietzsche al hombre moderno “Con esta insatisfacción es como vive el hombre moderno increíblemente mustio en medio de la literatura universal; tembloroso ante el arte y profundamente avergonzado. La voluntad de vivir en él se ha transformado en inercia y su amor por la verdad, el saber y la ciencia se han tornado en erudición. Todo se ha vuelto historicismo”

Recuperemos el orden social en nuestra nación, solo entonces, como individuos podremos retomar nuestros lugares, actuar con responsabilidad y ocuparnos de volver a crecer como personas.

 

19 de abril de 2023

Una moral para la Libertad

Paul Klee


Toda condición social observa una ética y una estética. Incluso en los regímenes más abyectos se puede hablar de la ética y una estética también perversas que los sostienen. De este modo cuando se habla de ética esta no siempre indica pureza y bien hacer. Se puede hacer bien el mal y adornarlo con buenas intenciones o por lo menos intenciones justas. Los nazis querían limpiar las razas y los comunistas las diferencias dentro de una sociedad. Ambos regímenes imponen sus ideologías y para ello tratan de someter a todo un colectivo a su autoridad, para ello matan y torturan. Siempre hay que estar atentos a nuestras propias tendencias, somos proclives de indicarle a los demás cual es el comportamiento adecuado, moralmente permitido. Tendemos a ser autoritarios.

La pregunta que se hace Adela Cortina ¿cómo orientar sin indoctrinar, sin transmitir las propias convicciones? Es esencial en el cultivo de la moral abierta para generar libertad. Las emociones se pueden controlar, pero no prohibir. “No debes sentir de tal manera”, “siempre en tales circunstancias se debe reaccionar de tal manera” son formas en las que se expresa las restricciones éticas y se adoctrina en una estética. Siempre que uno argumenta ¿y por qué no? el impositor supremacista se queda callado. No hay respuesta para las restricciones sino un porque yo quiero, lo cual no es elegante para alguien muy fino y correcto.

En Venezuela hay sin duda mucha confusión al respecto y se ha incrementado asombrosamente un “analfabetismo emocional” que aumenta las conductas agresivas, antisociales y antipersonales. Admiramos a los bravucones y ahora de forma asombrosamente descarada a los tiranos asesinos. No hay pudor para manifestar admiración por Putin que es nuestra versión moderna de un Hitler. Invade y mata para salvar a un país de ser absorbido por la civilización occidental. Para ello amenaza con una guerra atómica y pone al mundo en peligro de perder la civilización y definitivamente la democracia. No se negocia se declara una guerra y creyó que estaba listo. Pues se equivocó porque el agredido sabe defenderse. Invoca un bien y arrasa, es el “mal radical” de la que nos habló Kant.

Se pierde la humanidad en una maraña de confusiones sin emociones y sin reflexiones libres. Confundimos los valores, la tolerancia no es a cualquier manifestación antisocial. Hay conducciones y componendas que son absolutamente intolerables. Es un momento de emotivismo perdido, desenfocamos los símbolos para erigir falsos ídolos. De allí el desvarío y la locura desatada que no se va a atajar con adoctrinamiento, ni imposición de los que se autonombraron directores de una supuesta orquesta moral. No se invita a pensar, ni a sentir libremente. Desde que la política se hizo una novela rosa, se invita a vivir en el país de la maravilla. “Contigo siempre hasta que la muerte nos separe” y pronto la población suspirará por la libertad perdida.

Nos debe emocionar luchar con criterio por la libertad, recobrar los símbolos de nuestra cultura, esos símbolos que conocemos y que crecimos oliendo. Ese sabroso y perfumado olor de libertad, respeto y dignidad. Son las emociones políticas que solo se van a despertar si sabemos pensar.

 

 

 

12 de abril de 2023

Persuasión

Max Ernst


Comenzamos ahora una etapa de persuasión preelectoral. Durante este período los políticos hacen todo tipo de artimañas para convencer a los votantes y provocar un cambio de actitud. Nos toca tragar grueso y comenzar a tamizar las mentiras, que elección tras elección, repiten sin pudor. Todo su interés se centra en convencer a la mayor cantidad de votantes posible. Las mentiras políticas tienen que ser compartidas. Se oirán las ofertas, las mejoras que prometen, el país de fantasía que dibujan para los demás. Pero hay un nuevo e importante factor que a lo mejor ignoran, que la adicción a la credibilidad ya caducó, no está vigente. Sabemos a estas alturas de nuestra maltratada experiencia que son discursos vacíos, que no tienen el menor interés de honrar sus promesas, o bien porque no pueden o porque su interés era solo la obtención del poder.

El discurso político tiene sus peculiaridades de dirigirse a un conglomerado con el fin de llegar a acuerdos sociales. Con tal fin se argumenta si estamos en una democracia o se imponen esos paradigmas en el caso del autoritarismo. La imposición también se disfraza, también se miente y al final se obedece. Una vez abierto el boquete ya poco importan los acuerdos. Queda al final una sola voz que vocifera y ordena. La debilidad que deben enfrentar cada cierto tiempo es el simulacro de las elecciones. Las controlan y preparan todo tipo de trampas, pero se les puede escapar la liebre y salir brincando por los campos de verdades. La sociedad ya nos los quiere, y se levantan exigiendo su huida mientras se organiza la justicia. Una sociedad maltratada, ultrajada exige su reparo.

Hannah Arendt pone de relieve la capacidad de falsear realidades conocidas y tener la mentira como principio político. Una verdad factual es avala por una comunidad, por la mirada diversas de los testigos que comparten la misma época. No es igual que una verdad a la que se llega con cálculos lógicos y experimentos de laboratorio. Es por esa misma razón que son verdades más vulnerables y de fácil refutación. Basta que una mayoría afirme que eso no ocurrió, aunque tal opinión sea causada por prejuicios colectivos, caerá en el saco de los desperdicios y será despreciada. De allí la importancia de la persuasión porque de todas formas la realidad continuará su marcha de barbarie y destrucción. Fijémonos ahora lo que están haciendo los gobiernos latinoamericanos de izquierda con Ucrania. Apoyan a un genocida por estar en contra de un fantasma, Norte América.

Una mentira política se genera en el campo de los hombres de acción y con poder y se dirige a asuntos de interés público. Toda la comunidad quedará afectada por las decisiones que sean resultado de acuerdos tomados en el ceno de la sociedad. De las decisiones que tomen nuestros políticos todos, unos más que otros, quedaremos afectados. Por esto mismo son tiempos angustiantes porque la mayoría está pidiendo un cambio sin confiar en las promesas políticas de hombres desprestigiados. Porque estamos exasperados y saciados de tantos engaños porque algunos todavía tenemos muy fresco aquellas elecciones en que los ciudadanos le entregaron el poder a Chávez. Las mentiras modernas son violentas y para protegernos de esta violencia y manipulación necesitamos organización y no, no estamos organizados.

Es que el hombre de acción miente sobre todo lo importante. Nuestra dominación se caracteriza por una gran mentira, a estas alturas es muy difícil ponerse de acuerdo si esto es una dictadura militar, incluso si es una dictadura o no, pero la realidad es que tenemos miedo porque hay muertos, desaparecidos, componendas compradas con el dinero público, ya no se sabe quien es quien. Pero se ofrecen coartadas morales para mitigar u oscurecer estas verdades.

Una comunidad también puede volcarse a sostener un régimen autoritario o totalitario. Nos advirtió Derrida.