16 de noviembre de 2022

Sin disonancia

Marc Chagall


Llega el fin de año con nuestro ánimo ofuscado. Sin entusiasmo debemos entrar en esas fiestas que fueron familiares, de abrazos y regalos. Una atmósfera pesada nos aplasta. Empobrecidos por una cruel inflación, sin esperanzas por unas próximas elecciones de conflictos y rivalidades, un mundo debatiéndose por defender sus democracias, con presos políticos y personas arriesgando sus vidas por huir de un infierno. Unas lluvias persistentes que tienen los terrenos saturados y los ríos desbordados. Cada vez mas frecuente las personas que enferman y no tienen como cubrir los gastos de salud que ya son impagables. Todo ello fuera de nuestras manos se precipitan sobre nuestras angustias sin poderlo mitigar.  Pero sucede siempre algún motivo que nos arranca del alma esa alegría que inmediatamente esparce los colores sobre este fondo gris. Se sintió de inmediato como el ánimo cambió, aunque fuera momentáneo, bastó para darnos cuenta que algunas virtudes siguen allí esperando que la realidad le sea grata.

Rafael Cadena con su porte desgarbado y su expresión ausente supo encontrarnos. Yo lo observo y encuentro en él todo lo contrario a lo que siempre vi en nuestros personajes públicos. Humildad, serenidad y pausa. Sus amigos de Barquisimeto me contaron, ya hace tiempo, lo grato que era sentarse a conversar con él en la plaza donde estudiaban. De rápido entendimiento y fácil ensoñación. Podía contemplar la naturaleza por horas mientras los amigos hablaban de sus cosas de muchachos. Es la única persona que conozco que pareciera caminar sin disfraz, alguien que alcanzó esa sabiduría de saberse él. Dicen los amigos que nunca rivalizó con nadie y no luchó jamás por cargos ni poder. Uno observa esa decencia que se trasporta libremente y le parece todavía más grotesco esa vulgaridad sin pizca de inteligencia del show electorero.

Particularmente le agradezco a Cadenas esa postal con su presencia. Me permitió un contacto muy íntimo que había desaparecido. Mis navidades serán más serenas porque se prendió una estrella de esperanza. Se que la realidad está ahí esperándome y me impactará con la misma fuerza o más, pero al menos son algunos días con mayor serenidad.

También me ilusiona el mundial de fútbol. En mi casa siempre nos reunimos con mis padres y hermanos a ver los partidos. Más tarde nos íbamos con mis hermanas a alguna tasca en la Candelaria o Sabana Grande donde era usual las pantallas grandes. El trabajo quedaba suspendido si bien no por decreto era porque nadie iba a trabajar. Se respiraba fútbol y era conversación obligatoria durante un tiempo. Claro, algo de nostalgia cargo porque mi realidad es muy distinta y hay demasiadas ausencias, pero igual espero disfrutarlo, sin olvidarme de los que disfrutaban junto conmigo y ya no es posible.

Al que me hable de nuestra tragedia en estos días lo bloqueo, no voy a dejar que contaminen con la cantaleta de siempre, lo siento. Tranquilidad por un tiempo es lo que deseo y después ya veremos.

No escribo hasta enero que volveré a aparecer con mis Marinadas y Marguareando. Les deseo a todos muy felices pascuas y ojalá se permitan descansar de tanto dolor y agravios. Gracias a mis lectores y a los no lectores…también.

 

 

 

 

9 de noviembre de 2022

El cambio se busca

Andrew Wyeth


Estamos tratando de impulsar nuevamente una estrategia para desalojar a los que pretenden hacerse del poder para siempre. Nosotros los demócratas, nos guiamos por un principio no negociable, la alternancia del poder y la libre lucha por alcanzarlo. Es así como la nueva estrategia planteada es la mas clásica, elecciones. Muchos factores tenemos en contra para que la oposición gane aun siendo mayoría. Para mí el principal enemigo son las propias fuerzas opositoras que persisten en sus errores sin intenciones de parar en sus antagonismos infantiles y ver de frente y sin cristales al país. Pareciera ser que su slogan es “todo menos reflexionar”. Por supuesto también tenemos en contra que, estando subyugados por un autoritarismo, las instituciones no son libres, obedecen. La población está escéptica y los candidatos desprestigiados.

Hasta ahora hemos perdido toda batalla, pero sin intentar otra no sabremos cuando el régimen se le abre un boquete y comience su retirada. Probablemente quedaremos nuevamente con los crespos hechos en las puertas del festejo libertario, pero peor es no salir de casa con un lindo peinado. De ahora en adelante no se pueden desperdiciar las oportunidades. Somos nosotros los que perdimos la democracia y solo nosotros debemos recuperarla. Eso si requerimos renovación de liderazgos lo cual hace tiempo debíamos haber propiciado. Estamos lentos y estamos retrasados. Podemos escondernos en el pensamiento desanimado de un “aquí no pasa nada”, lo cual no es cierto, si pasa y hay que verlo. Los acontecimientos pasan de manera más imperceptible, camuflados, sigilosos, agachados. El momento nos obliga a afilar todos los sentidos y andar como felinos a la caza.

Llego el momento de comportarnos como adultos responsables, dejar atrás y no seguir determinados por circunstancias pasadas. Si vienen cambios es porque nuestras acciones los provocaron y cambios queremos, ya es suficiente. No es estrategia de ninguna ideología, el asesinato, la tortura y tener sometida a la población a través del miedo y la coerción. Es estrategia del sádico, el perverso, los delincuentes que se hacen del poder apenas ven la oportunidad. Solo nuestras acciones coordinadas, coherentes y bien pensadas podrá desalojarlos de las instituciones secuestradas.

No me inclino por ser fanática de unas elecciones en este momento, se que tenemos todo muy cuesta arriba, pero es lo que está planteado; lo sensato es apoyarlas y apostar por un buen candidato que impulse las fuerzas democráticas que hacen vida en el país. No ganaremos, pero no hay duda que creceremos en fuerzas y organización. Las batallas perdidas son las que no se dan. El tiempo pasa y ya no es tiempo de seguir lamiéndose las heridas. Ya tendremos tiempo, mas tarde, de reclamar justicia.

Los movimientos históricos no son regidos por leyes inflexibles y los movimientos sociales fluctúan, avanzan, retroceden y pueden incluso contradecirse. Hay movimientos en nuestro hemisferio, escuchemos este tiempo, está hablando y negarlo, hacernos los sordos es, por decir lo menos, lastimoso. Dejemos para los anestesiados por el poder la sordera de lo que se está gestando, arriesguemos incluso nuestro entusiasmo lo demás es vivir en una paz mortecina. Nuestra sensibilidad es un don precioso, no vivamos adormecidos o peleando por los atavismos infantiles. El destino somos nosotros mismos, constituye la continuidad de nuestras pasiones y acciones. Así que, a agudizar los oídos, el tiempo habla en nuestro país y en el continente.

Ojalá tengamos por quien votar.

 

 

2 de noviembre de 2022

Nunca mas

Geogi Petrov


Toda sociedad que ha sido subyugada por una dictadura, queda con terribles marcas en su esencia. Trastocados en nuestras maneras de ser no podremos volver a ser lo que una vez fuimos. Dolor, rabia, impotencia, humillación y odio van a predominar en un clima que se torna pesado y dificulta la respiración y el libre crecimiento. Podemos negarlo y hacernos los locos creyendo que se puede olvidar y perdonar. No es así hay actos que no se perdonan ni maltratos que se olvidan, con esas sombras grises viviremos y se manifestará el malestar en los actos mas cotidianos e importantes de nuestra interrelación con los otros. Esas ideologías que pretenden reglamentar y conducirnos a esencias angelicales impolutas son muy peligrosas para la salud y de paso para la salud de las sociedades de los impostores.

Es necesario facilitar un dispositivo de justicia para darle escape a la presión causada por la injusticia y los asesinatos cometidos por los dictadores. En América Latina hemos sufrido dictaduras militares muy sangrientas, por mucho tiempo. Militares que actúan con descaro e impunidad porque antes de comenzar la masacre se aseguraron de terminar con la autonomía de las instituciones y sobre todo con los órganos encargados de administrar justicia. Entre los años 1989-1991 se llevó a cabo un juicio por la voluntad de actores sociales de diferentes nacionalidades. La finalidad era investigar las causas de tanta impunidad. Se tuvo la oportunidad de recibir las denuncias que presentaron los diferentes movimientos sociales. Se coincidió siempre y en cada sesión en la fragilidad de los instrumentos internacionales en relación a la defensa y protección de los derechos humanos. A este tribunal se le llamó (Tribunal Permanente de los Pueblos).

Se concentraron las denuncias no solo en el horror de los asesinatos, torturas y desapariciones sino también en las condiciones infrahumanas en las cuales son empujadas grandes sectores de la sociedad, derechos económicos y sociales. Se le dijo un basta a la impunidad y se sentó un antecedente que frene el poder desmedido y perverso. Había un lugar donde acudir por justicia, no un confesionario donde expiar por un pecado de odio. Esta es la única vía para pacificar una sociedad herida, la justicia. Ver la película “Argentina 1985” que se trata del juicio que se le siguió a Videla y sus secuaces, condenados a cadena perpetua por el esfuerzo, constancia de los fiscales del caso, es quedar profundamente conmovidos y más si se ha vivido bajo un gobierno maltratador.

También se les dijo “nunca más”. Se analizaron las medidas pertinentes para minimizar los riesgos de retorno, la normalización de la violencia y la destrucción del tejido social. Reconocer e imponer la verdad no era suficiente había que volver a fortalecer las instituciones para poder lograr la reconciliación, la justicia y la democracia. 

Se sigue en esa lucha que no termina, porque la democracia no admite descanso. A Videla se le lleva a juicio en 1985 y Pinochet en 1992 es apresado en Londres siendo liberado 503 días después. Perder la democracia es terriblemente cruel y la justicia se nos escapa con gran habilidad de entre las manos. Ahora tenemos a Putin masacrando a todo un pueblo, la historia no tiene porqué ser distinta, serán años para poder hacer un mínimo de justicia. ¡Ah mundo!