27 de enero de 2021

La cultura y las dictaduras

Mariano Andreu Estany


Los escritores son esencialmente interrogadores de su ambiente, de otros seres y de sí mismos. Hurgan hasta en lo que detestan o mejor dicho especialmente interrogan lo que sufren porque allí se tropiezan con las sorprendentes respuestas. Un escritor suele ser una amenaza para el autócrata y constituyen el principal pilar de una sociedad que se resiste a ser despojada de su alma. Dejan valiosos testimonios para otras culturas siempre bajo peligros o para otras generaciones herederas de la libertad conquistada. Por la agudeza de su mirada y el manejo preciso de la palabra son verdaderos muros de contención para un poder generalmente fortalecido solo con balas. Rifles contra palabras, desfiles rígidos contra acertijos conceptuales, órdenes contra convicciones. Escojamos las tareas que necesariamente tenemos que emprender en tiempos de combate.

En su libro “Tierra, tierra” Sándor Márai nos relata como vivió la sangrienta invasión rusa a su país, Hungría. Márai supo con certeza que el cerco se le cerraba y no le quedaba más remedio que callar, por ello se va de su país. El silencio se torna insoportable para quien es vital la comunicación y exposición de sus vivencias. Si bien siempre se calla sobre intimidades inconfesables, el silencio impuesto no es tolerable. Sándor se va antes de que “le arrebaten el alma”, pero la pérdida que sufre es tan grande que termina acabando con su vida tiempo después. Un alma sensible de un gran escritor pisoteada por botas criminales. No hay mundos ajenos para la gran literatura ni convicción que pueda ser callada así cueste amistades o lugares. Cuando Octavio Paz expuso su tesis mas preciada y sorprendió a sus pares no fue poca la controversia que se armó, “el régimen de Fidel Castro es tan perverso e inhumano como la dictadura de Pinochet” saltaron de sus sillas los adoradores del barbudo que se sentaban junto a él.

Paz se defendía argumentando que no se puede apoyar ninguna dictadura “si uno critica a una dictadura tiene que criticar a las otras también. No dudó en levantar su voz para defender las democracias, “es un buen método de control del poder y de los políticos. Lo que se llama en el siglo XX por un colosal equívoco histórico, socialismo, es una nueva forma de dominación sobre los hombres”. Entre el arte y la vida existe una relación profunda, en realidad el arte es una expresión estética de la vida para sentirla en su contagiosa plenitud. “El bien, quisimos el bien:  / enderezar el mundo. / No nos faltó entereza: / nos faltó humildad. / Lo que quisimos no lo quisimos con inocencia”.

No es tarea fácil la que suele emprender un pensador que no traiciona su verdad porque el ser humano suele oponer una feroz resistencia a los procesos de desmitificación que destrozan sus sueños. Muchos “pierden su alma” en este difícil despertar y dan traspiés irreversiblemente en su laberinto ideológico. De repente se ven envueltos en una malla de mentiras, falsedades, engaños y perjurios. En el umbral del siglo XXI se reunieron mas de 40 pensadores en un Congreso “La experiencia de la libertad” en México para debatir sobre la libertad, la religión, los nacionalismos, la economía, la justicia y el socialismo. Allí Vargas Llosa opinó que la dictadura perfecta “no es la de Cuba es la de México porque es una dictadura de tal modo camuflada que llega a parecer que no lo es, pero de hecho tiene, si uno escarba, todas las características de una dictadura”. De hecho, Vargas Llosa tuvo que abandonar México de una manera apresurada. Enrique Krause advirtió sobre Venezuela “Perseveren. Resistan… No pueden dejarlo de hacer ni un minuto, el objetivo del gobierno no es tanto suprimirlos o matarlos, que lo hace, sino desanimarlos. El objetivo de la propaganda oficial en Venezuela es desanimar a quienes creemos en la democracia y libertad. Quienes se desaniman son como una empresa que decide unilateralmente quebrar, le está cerrando la puerta al azar”.

La cultura con sus expresiones artísticas como el teatro, la pintura, la música, la poesía tienen el mismo efecto promotor que la literatura. No son accesorios decorativos o puro entretenimiento, como a veces se ve en los estados democráticos, sino "un arma con la que podemos emprender la lucha contra los agravios en nuestras sociedades". Por esta potente razón son tan perseguidos los artistas e intelectuales en una dictadura. Asumamos nuestras destrezas y sigamos que todo cuenta.

20 de enero de 2021

El arrojo ignorante

Gusti Ayu Kader

Mientras mas complicado se nos muestra el entorno pareciera que mas se exhibe un arrojo de certezas. Cada quien se abraza de forma insistentes a sus limitadas ideas sin ninguna intención de someterlas a un intercambio y revisión. Asombra como no se permite la duda ni la sospecha, como si en ello estuviéramos poniendo en juego algo mas que la verdad o el conocimiento. Y es que en realidad se está poniendo en juego el prestigio. Pasan los momentos, las peleas ya no tienen sentido y se sigue con el temita trillado e intentando desacreditar a otros que en su momento asumieron distintas posturas. Monotemáticos cansones, supremacistas vergonzantes, que no respetan, no leen, no se forman y pretenden aleccionar y erigirse en conductores éticos de su entorno.

Los hombres más sabios entregados al pensamiento dejaron lecciones de sabiduría partiendo del reconocimiento de sus limitaciones y, lo mas importante, del conocimiento de su ignorancia. Si no sabemos que siempre somos ignorantes en algo, que lo mas frecuente del pensamiento es precisamente los errores en los que se incurre y su posibilidad de rectificar en honor a la verdad, no podremos seguir aprendiendo y buscando luces en los temas que interesan. Es una necesidad imperiosa que nuestros intelectuales, científicos, periodistas y sobre todo nuestros políticos, aprendan esta gran lección y que dediquen, dentro de sus agitadas agendas, unas horas a la reflexión, al intercambio respetuoso con los ciudadanos, a la escucha inteligente de su entorno. Lección que Sócrates dejó para la humanidad que se ha dedicado a diluir su identidad y no a la búsqueda acertada de soluciones para las terribles necesidades que los seres humanos padecen.

Karl Popper, que recientemente fue maltratado por uno de estos portadores de la bandera del “arrojo ignorante”, nos señaló la esencial actitud para poder ir en búsqueda de cualquier verdad, aunque se refería a la verdad científica. En su discurso de otorgamiento del doctorado “Honoris causa” en la Universidad complutense señaló algunos principios como el conocimiento de nuestra falibilidad, lo esencial del diálogo racional, el acercamiento paulatino y lento hacia la verdad, como actitudes adecuadas, principios éticos que deberían regir a todo aquel que ocupe un lugar de formación de opinión. Ya esa autoridad personal “esto es verdad porque lo digo yo” quedó para la antigüedad de la ética profesional, sin negar que hay personas que dominan con mayor propiedad algunos temas que otros y de quienes se aprende. El énfasis de la educación recae, hoy en día, en el intercambio de idea con los profesores. El conocimiento siempre es incierto e intercambiable.

Así que en nuestro muy complicado momento político lo que estamos intercambiando son ideas y no levantando principios últimos de fórmulas matemáticas para lograr nuestro ansiado deseo de “salir del hamponato destructor”. Erramos constantemente y no es por ello que nos desesperamos, sino porque no hay indicios de rectificación, lo que va debilitando las bases morales de los ciudadanos. Se pierden asideros y se pasa a engrosar lo que Erich Fromm denominó “chusma”. Pasamos a ser chusma al defender apasionadamente ideas que no dominamos solo por pertenecer a una “tribu” y en nombre de “principios inviolables” actuamos salvajemente. Arendt advirtió sobre el engrosamiento de la chusma en regímenes totalitarios. Solo aprendiendo de los errores avanzaremos en nuestras verdades. Si, la ignorancia es atrevida estimado Domingo Faustino Sarmiento, tenías razón.

Lamentablemente pareciera que la ignorancia y la estupidez son los verdaderos y únicos motores que se lograron prender en nuestro país. Y lo peor, lo exhibimos con orgullo. También Popper advirtió que la ignorancia es creciente e infinita y para ello no se están inventando ninguna vacuna.

 

13 de enero de 2021

Un mundo en erupción

 

Vladimir Kush

Estamos viviendo una época de muchos cambios que aun se observan confusos, no terminan de adquirir una estructura y dinámica que podamos captar y analizar. Es un conjunto desordenado que sin duda produce sus efectos en los individuos. Las sociedades cambian inexorablemente y con ellas los individuos con sus modos de vincularse, de estar en el mundo como representantes de una simbología de referencia. Estamos dejando a la Modernidad con sus ideales propios de racionalidad y su fe irrestricta en la ciencia y la tecnología. Presenciamos una ruptura que produce desconcierto, se deshacen los lazos simbólicos que atan a las leyes y a las normas que regulan. Como consecuencia se desbordan con toda su furia las energías descontroladas sin censura ni contención. Observamos fenómenos que nunca hubiéramos imaginado que ocurrirían y sobre ellos opinamos con una mirada perpleja.

Los Estados pierden su capacidad reguladora, la ciencia su hegemonía autoritaria, los individuos se van quedando sin referencias externas. Sin un Otro que se diluye no hay sujeto del deseo, no hay simbolismos que orienten y proporcionen una identificación. El sujeto queda a merced de las pulsiones destructoras, de la pulsión de muerte. Estas actitudes autodestructivas solo se pueden entender como una falta absoluta y extrema de un vacío existencial que se traga la cultura. En un intento desesperado por encontrar identidad y sentido, comienzan a verse toda una gama de cuestionamientos del género y apariciones de sectas y religiones variadas, extrañas a las creencias tradicionales de nuestro mundo occidental. Las personas están buscando de forma desesperada como salir de un vacío y del malestar que le produjo una cultura que privilegió la falta de límites.

Es un momento histórico angustiante pero muy interesante. Si conservamos firmes nuestras referencias identificatorias no será posible que nos perdamos en estos remolinos que halan fuertemente, pero comenzaremos a sufrir de “una brecha generacional” no seremos comprendidos con facilidad y como consecuencias enjuiciados sin piedad. No seguir la corriente tiene su costo. El deseo no debe traicionarse, pero no es cómoda su firmeza. La Democracia es un sistema producto de un deseo humano de libertad y respeto, implementó sus mecanismos de regulación basados en el intercambio de ideas, de discusión y de acuerdo. Instituciones que deberías garantizar su funcionamiento transparente. No es gratuito por lo tanto que para destruirla se ataque su principal institución, los Parlamentos, lugar donde, como su nombre lo indica, se “parler” se habla.

Cada vez mas solos en un mundo egocéntrico que privilegió el individualismo y el relativismo. El hedonismo y el narcisismo son las “virtudes” que se exhiben con arrogancias sobre todo por los dirigentes políticos. Riquezas fáciles que permitan el acceso al placer y arrogancia retadora. Freud por los momentos quedó en el olvido cuando afirmó lo inevitable que se nos hace la renuncia del placer en favor de la cultura. Tal renuncia genera un malestar, sin duda, pero las consecuencias de negarse a vivir sin un grado de malestar es la muerte del deseo y del sujeto. Transitamos el mundo del desencanto. Una libertad que no supimos normar trajo como consecuencia la pérdida del ser. Así vemos un sujeto agotado, triste, desencantado, rabioso, deprimido. Ahora de elemental lógica es concluir que si nada está prohibido nada es realmente legítimo. Lo legítimo es lo que está permitido y reglado por las normas de convivencia.

El mundo actual por falta de interpretaciones oportunas y contentivas de comprensión se sumergió en un despliegue de acting-out. Pensar al sujeto requiere enmarcarlo en su ciudad y en su momento histórico. Estamos sin pactos sociales que se respeten, no hacemos historia la destruimos. No hacemos ciudades las incendiamos. No fortalecemos instituciones, las asaltamos. No creamos confort y bienestar el malestar arrasa.

 No sé a donde vamos, no lo veo, pero los tiempos de destrucción también terminan.