31 de marzo de 2021

Todos revueltos

Adam Martinakis


“Sólo hay un medio para mantener en pie una sociedad libre y es mantener al público informado”

 Joseph Pulitzer

 

Observo un problema serio de información en relación al Coronavirus y a la guerra desatada por las diferentes vacunas que repentinamente aparecieron en el mercado.  Un Gobierno serio con sus asesores profesionales calificados debe decidir cuál es la más eficiente, la más segura y la más económica de las vacunas para distribuirla y ofrecerla a la población. Esto es lo que acontece en un país que cuenta con guías confiables por parte de sus liderazgos. Por supuesto, no hay ni que decirlo, no es el caso de Venezuela ni de los países latinoamericanos con gobiernos populistas irresponsables e ignorantes. Por lo que tenemos como resultado un crecimiento exponencial de los infectados, un descontrol con las medidas de control sanitario y un aumento alarmante de las pérdidas de vida. Se nos están muriendo los amigos y familiares, se nos mueren los médicos y enfermeras, se nos muere el país. En realidad, podemos afirmar, nos están matando.

No nos debe sorprender que cada laboratorio farmacéutico haya desplegado una feroz campaña de propaganda y comercialización de sus productos, lo que hace más difícil poder hacerse de un criterio confiable. Nos guiamos por aquellos voceros calificados que se han sabido ganar un lugar en la comunidad por su seriedad profesional y capacidad pedagógica. Contamos con médicos epidemiólogos muy bien formados cumpliendo con una labor importante de información y guía en la comunidad. Valiosos profesionales que batallan día a día en una campaña por informar y educar a sus comunidades de influencia. Sus gestos desesperados, sus voces de alarma muestran una angustia por un problema que lejos de irse resolviendo va tornándose cada vez más descontrolado. Las cifras que circulan son alarmantes y también es alarmante nuestras pérdidas personales.

Esta labor es muy necesaria, pero nada tendrá efecto si la población no entiende que depende fundamentalmente de un cuidado y responsabilidad personal. Se ha repetido hasta la saciedad la importancia de usar mascarillas, lavarse las manos y no estar en sitios cerrados con aglomeraciones de gente. No hacer reuniones numerosas y quedarse en casa, si esto no se entiende entonces estaremos solo guiados por este desorden sin sentido de una semana si y otra no. Semana Santa de cuarentena radical -que de cuarentena no tiene nada y menos de radical- y la gente ya pensando como burlar las alcabalas de atracadores e irse para las playas abarrotadas de gente como hicieron en Carnaval. Si eso es así, ganaremos el puesto del primer país con mayor número de muertos por Coronavirus del mundo.

Esto no lo estamos viendo como un problema nuestro, no se ha sabido comunicar nuestro drama o no se está realmente creyendo que el problema es real y mortal. Por lo que es fácil pensar que ninguno de nuestros dramas se ha comprendido realmente. No existe el virus, ni un gobierno autoritario que ha destruido la infraestructura sanitaria. Que ha destruido al país. No se cree que mas personas mueren de Covid-19 y que no hay hospitales con capacidad para atender a tanto infectado cuyos cuadros de salud son muy delicados. No se ha entendido que no hay oxígenos ni medicamentos. A una parte de la población solo le interesa si la opinión sustentada defiende a la mesita o está en contra de ella. El nivel de razonamiento se tornó básico y ofensivo a la inteligencia. A otra parte de la población solo le interesa seguir divirtiéndose y queda otra parte seria, razonable y luchadora que da la batalla, como nuestro personal de salud, pero que están muriendo por el abandono. En realidad, todos nos encontramos abandonados, expuestos y desinformados.

Haber acabado con las capas medias de la sociedad, con las organizaciones gremiales y de los trabajadores, con la educación. Haber acabado con la sociedad civil y la política nos dejó sin capacidad de organizarnos para juntos defendernos. Ahora debemos defendernos de una enfermedad mortal, la principal medida es una vacunación masiva. Tenemos esa posibilidad, pero no, nos dedicamos a discutir el lugar de origen de la vacuna y quien la trae, en lugar de examinar su valor científico y su eficacia en otros países. Quiero resaltar que estamos fallando en comunicar lo importante y grave que es la situación. Reina la preocupación por el privilegio político y las concesiones económicas. Reina la corrupción, el clientelismo y las redes mafiosas. Resultado un desamparo del ser humano y una decadencia nihilista. Una soledad emocional, solos y a la deriva con nuestros miedos particulares.

Todos revueltos y perdidos.

 

24 de marzo de 2021

Perder el Alma

Bo Barlett


Esto, este corral al norte de la América del Sur. Esta republiqueta de vivos, sicarios y malhechores. Esto que ya no es un país sino una parodia de República Bananera. Esto no es Venezuela. Este pozo de plomo y sangre, este luto en gerundio, este llanto que no cesa, no es el país del que nos canta el Gloria al Bravo Pueblo. Esto, este solar de mansas colas de hambruna no es la tierra que parió a héroes independentistas.

Esto no es más que la república bolivariana de venezuela. Así, con minúsculas. Disminuida y empobrecida.

Rafael Cadenas

 

El video que circuló de un médico despojado de sus instrumentos de trabajo, su maletín y su moto, golpea particularmente de una manera brutal. Un médico que implora que no lo maten y jura que es médico. No hay compasión, no hay reconocimiento, solo hay maldad y rabia. Claro que sabemos de la inseguridad que reina en Caracas, claro que no es la primera escena que observamos de violencia y horror. Se repiten estas imágenes hasta tal punto de hacer de tremenda brutalidad una escena mas en nuestra cotidianidad del terror. Pero este hecho tiene una connotación especial, porta en todo su espanto la simbología de todos nuestros despojos. Se preguntarán por qué, porque un médico en este momento es nuestro principal defensor, nuestro aliado invaluable en una de las guerras que estamos enfrentando con pocas armas y pocos soldados al frente. Un ser que tiene que enfrentar diariamente un peligro real en sus sitios de trabajo y ante el que han sucumbido muchos de ellos. Cada vez que muere un médico venezolano quedamos más solos.

Se me hace inevitable interrogarme que hay en estos seres que cometen estas fechorías con total impudicia. No pueden ser humanos, quizás en su corta vida fueron despojados de sus almas, quizás han vivido toda clase de atrocidades y maltratos. Quizás son bestias desatadas dispuestas a matar y morir sin piedad. ¿Qué quieren de nosotros? Quieren también arrebatarnos el alma, quieren que terminemos todos actuando salvajemente. Es natural que el primer impulso, el primer deseo sea haber contando con un arma y acabar con esa escoria. Pero no, somos llamados por la razón y sabemos que de ellos se deberían ocupar las fuerzas de seguridad del Estado y la justicia. Pero también sabemos que nada de eso existe en un estado comunitario precario que ya se ha clasificado como una “cultura de emergencia”. Hombres esenciales y buenos que están siendo masacrados por un hampa sin control. Tuvimos una forma de vida que nos fue extinguida, ahora acosados salimos con miedo, porque dos peligros mortales acechan. Quizás podemos tomar medidas para aminorar el peligro de la pandemia. Pero del hampa, cada vez en aumento y más armada, ¿cómo nos defendemos? ¿Cómo defendemos a nuestros médicos?

Nada importa, los años de formación y estudio. El servicio que se presta en un país que ha sido despojado hasta de su población. Estamos operando con los mínimos recursos y contando con la valiosa pero reducida ayuda que nos podemos brindar unos a otros. Las RRSS abarrotadas de solicitudes de medicinas, trabajo y comida. Nos mantenemos indiferentes, no reaccionamos, ¿nos hacemos los tolerantes, los comprensivos, los impotentes? o terminamos de reaccionar. En su libro “Tierra, tierra” Sándor Márai nos narra el horror vivido a causa de la tropa rusa durante la ocupación de Budapest: El ser humano se va tornando irrelevante solo importa una maquinaria que tritura todo a su paso. Los seres humanos terminan siendo solo piezas utilizables produciendo un desértico vacío desesperanzado. “¿Odias lo mismo que yo odio o bien eres indiferente y tolerante? “Quien no logra odiar bastante acabará siendo odiado”. Cuando terminemos de entender que no estamos esperando a nadie y si volteando para no ver, comenzaremos a indignarnos inconteniblemente. La indignación es un sentimiento ético. Es una emoción muy fuerte que despierta la injusticia y el despojo de lo nuestro.

Estamos perdiendo el alma muy pronto seremos unos zombis que deambulan por un territorio muerto.

Venezuela duele profundamente.

 

17 de marzo de 2021

Venceréis, pero no convenceréis

Pawel Kuczynski


 «¡Éste es el templo de la inteligencia! ¡Y yo soy su supremo sacerdote! Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España».

Miguel de Unamuno

 

No podemos hablar de civilización occidental sin contemplar las universidades. Quedarnos sin universidad es despedirnos de una cultura a la que hemos pertenecido desde que Colon pisó tierra americana. De terminar renunciando a nuestros referentes culturales pasaremos a engrosar el mundo del barbarismo y aumentar la lista de los déspotas que fundamentalmente desprecian el conocimiento y la sensibilidad en relación con la sabiduría. Quedaremos fuera de la competitividad de un mundo que requiere no solo conocimiento sino también una preparación personal para enfrentar nuestro mundo con experticia y adaptación a los cambios. Se requiere de una educación que fomente la investigación y el estudio permanente. Una sociedad que valore su constante progreso y su inserción en un mundo cada vez mas competente no pueda dejar ver morir sus universidades con indiferencia y pasividad. Podríamos afirmar que un país sin universidades es prácticamente enviable. Seremos una masa informe que ocupa un territorio salvaje.

En 1088 se funda la primera universidad en Bolonia, Italia. Se originó en escuelas comunales y por iniciativa de jóvenes ávidos de conocimientos. Nace de una necesidad de la civilización occidental, el deseo de una población que quería saber y la que quería enseñar. Es, en realidad, una de las más grandes creaciones de la civilización occidental. Antes que se constituyeran los Estados europeos modernos, los estudiantes migraban por Europa en búsqueda de los centros de estudios idóneos para sus intereses en el conocimiento. Se formaron verdaderas comunidades de estudiantes tuteladas por maestros. Se luchó desde el principio por la autonomía y se encontró el apoyo de la Iglesia, las universidades eran fundadas por una bula pontificia. También se luchó, desde el siglo XII, por hacer su enseñanza gratuita, pero procurando una alta exigencia en su calidad. Si había un método de selección era por el nivel de inteligencia y competencia actitudinal del estudiante.

Comenzaron por los estudios de humanidades, lo que conocemos hoy como estudios generales y mas tarde se constituyeron las universidades técnicas, más enfocadas a las ciencias y las tecnologías. Las universidades son ventanas hacia un mundo cada vez más complicado en especificidades técnicas como lo es el mundo digital. A tal punto que han quedado las humanidades un tanto menospreciadas y rezagadas. Se comienza a observar de forma grotesca un plan para la eliminación de la filosofía en las universidades de algunos países europeos. Ya Ortega y Gasset lo había advertido “Hace falta transmitir la cultura, esto es, enseñar un sistema completo e integrado de las ideas substantivas del saber de cada época”. Sin tener conocimiento de las ideas vivas que conforman la época que nos toca vivir, se es un inculto. Propuso fundar una Facultad de la Cultura, proyecto que no se concretó. De esto ya hace 60 años. Los países se pierden y caen en manos de la barbarie principalmente por la ignorancia de sus habitantes. Cuando somos incultos no podemos apreciar lo costoso que le ha sido a la humanidad sus conquistas y no sabremos defender sus logros, como son las universidades.

Así que yo prefiero pensar con Mariano Navas Contreras “Por supuesto, la universidad venezolana no ha sido destruida para siempre. No me cabe duda de que resurgirá pues es imposible borrar una historia de tres siglos que se remonta incluso a antes de que fuéramos república y porque, a pesar de lo que algunos desearían, la marcha de un país sin universidades es simplemente inviable”.