25 de febrero de 2026

Ruina y control

 

Miquel Barceló


El clamor nacional más desatendido e ignorado es por las reivindicaciones justas a las personas que prestan un servicio necesario o que pasaron sus vidas sirviendo a su nación. Salarios y pensiones que se han mantenido estancadas por largos años y que hoy en día ya están a nivel de caricatura o burla. Se mantiene a una población en condiciones paupérrimas sin importar lo más mínimo a las personas que se suponen deben tomar cartas en el asunto. Ya no se explica ni se mantiene un diálogo negociador con los afectados, simplemente se les ignora. A estas alturas esta grave situación ya llegó a límites de emergencia, gran parte de la población fue reducida a límites de inanición. Como mendigos nos quisieron como mendigos estamos actuando, todos los días se escuchan personas pidiendo ayuda para comprar sus medicinas o sus alimentos.

Típico de estos regímenes totalitarios que buscan la ruina de la condición humana como condición necesaria para el sometimiento, una forma de destruir las individualidades, el pensamiento crítico y la vida privada mediante la necesidad y la vulnerabilidad. Es la forma expedita de lograr que una ciudadanía organizada se atomice y se transforme en masas aisladas, si no es así no podrían ejercer una dominación total. Reducidos a objetos que soportan con indiferente mirada los hechos más inverosímiles, desde un bombardeo por una potencia extranjera hasta ver a un vecino hurgando en la basura a ver que encuentra para comer. La indiferencia colectiva en situaciones extremas es signo inequívoco de que nos encontramos en una sociedad fracturada y perdida. Se trata de una deshumanización radical que tiene su máxima expresión en la tortura, prisión y muerte del contrincante. La pregunta fundamental es si podremos humanizarnos nuevamente.

La ilegalidad es la esencia de la tiranía, ilegal ha sido esta aberración mucho tiempo sostenida, como ilegal ha sido la salida que se buscó, aunque se adorne con la recuperación de los Derechos Humanos, los cuales tampoco se han recuperado. Ni se han liberado todos los presos políticos, ni se les han restablecidos los derechos políticos a algunos venezolanos a quienes injustamente le fueron conculcados ni se ha presentado un plan de recuperación de los sueldos y salarios, en esas acciones se traduce la realidad de los Derechos Humanos, si no su expresión queda como adorno discursivo, como frases de los trovadores bohemios. Parece que continuamos anclados al servicio borreguil del odio a los dirigentes del pasado y a sus partidos políticos, a la militancia y servicio incondicional a líderes mesiánicos y repulsa a todo aquel que no milite, mientras desatendemos e ignoramos esta nueva realidad confusa que se le tiene que dar forma a nuestra imagen y semejanza.

El hambre es un arma de guerra, de control social y un genocidio que obliga a la rendición y consecuente exterminio. No importa que digamos que es una violación al derecho internacional porque ni sabemos quién está en este momento ejerciendo el poder en nuestro país, ¿De cual legalidad se podría hablar?  ¿Qué es esto que vivimos? ¿A quién me dirijo? ¿A quién adverso? ¿A quién apoyo? ¿Quién dirige? ¿Quién obedece? Este puñado de tierra y montón de gente afuera y adentro de nacionalidad venezolana hay que volver a darle forma. Se deformó.

Hannah Arendt, en su obra Los orígenes del totalitarismo (1951) analizó las crisis económica y social que facilitó el ascenso de los regímenes totalitarios como el nazismo y el estalinismo en ese estado de vulnerabilidad de las poblaciones. Ya lo dijo con toda claridad Aristóbulo Istúriz en 2016 "Si nosotros quitamos el control de cambio, ustedes (oposición) sacan los dólares y nos tumban". La economía y su control con la consecuencia de los sueldos hambreadores son nuestros grilletes.

 

18 de febrero de 2026

Venezuela se ve lejos

 

Bo Barlette


Mientras esperamos por una mejoría sustancial de nuestra calidad de vida vamos entregando al país sin contemplaciones. Después de haber padecido unas condiciones infrahumanas por largos e interminables años llegan unos rescatistas y imponen sus condiciones sin titubeos, sin una real negociación solo con la real convicción de su superioridad armamentista y potencia monetaria. Digo sin negociación porque no hubo un real intercambio con el país. Un sector los convocó como su única salida para su meta de llegar “hasta el final” que no era otro que lograr rescatar un poder usurpado, queríamos a Maduro fuera de la presidencia y para ello fuimos a unas elecciones en las que infringimos una aplastante derrota y que descaradamente robaron.

Digo sin negociación porque no tenemos información confirmada de que un sector del partido del gobierno estuviera negociando para también sacar a maduro del poder. De ello se habla, pero no tenemos certeza. Se empezaron a destrabar muchos absurdos sostenidos por una administración tirana y cruel. Se plantea una apertura económica que aún no se les han visto los resultados y sobre todo se comenzó a liberar a los presos políticos no sin dejar de maltratar a sus familiares principalmente. Se liberan muy despacio sin que se tenga conocimiento del porqué de su demora. Se liberan a unos y otros quedan en la oscuridad hasta que a una perversa voluntad le dé la gana. A unos se les dicta la sentencia de casa por cárcel y se les coloca anillos de seguridad. Hasta aquí llega nuestro cambio real. Lo demás son discusiones de leyes en la Asamblea y negociaciones petroleras que se realizan en otro país. A Venezuela solo le queda aceptar con el beneplácito del que manda por encontrar a su escogida “obediente”. Venezuela se aleja.

Tal parece que dejaremos descansar a las deidades que se invocan para la cura de todo mal por un nuevo titan todopoderoso pero carnal. Humano, aunque no parezca, sujeto como todo humano a la decadencia biológica y ya entrado en años. Sujeto también a los antagonismos políticos como todo político y en picada en su propio país en cuyas calles se comienza a sentir el dolor de la imposición y la persecución. Pero como buenos creyentes que somos, adoradores de deidades sin importar el material de sus estatuas, con poca formación y dados a militar en redes ilusorias llenas de mentiras y ficciones. Triunfaran por mucho tiempo los mandatos lejanos y a la vez con efectos muy cercanos si no emprendemos un trabajo duro y racional para rescatar a una Venezuela cada vez más lejana.

Tengo tiempo que no oigo invocar a Dios en estas lides ni a José Gregorio Hernández, ahora es Trump y su secretario Marco Rubio nuestros mejores salvadores. Cualquier asunto que concierne al país, por más íntimo que sea lo resuelven ellos, lo debaten ellos, lo administran ellos con sus particulares idiosincrasias, en su idioma, con su léxico y su humor ajeno. Mientras tanto esa Venezuela secuestrada que realmente queremos dejar atrás se encuentra intacta, con sus instituciones corruptas, con sus leyes viciadas, con su misma gente con comportamientos psicopáticos, ganados por la ambición y el uso abusivo e imprudente del poder. Allí están inmutables en sus lugares usurpados y con nuevos guiones teatrales. Allí seguirán estando hasta que las nuevas deidades decidan, mientras que la Venezuela por construir se va alejando cada vez más de nuestro alcance.

11 de febrero de 2026

El Perdón

 

Quintin Buchkols


Una ley de Amnistía es un instrumento legal y jurídico que persigue una pacificación en un país que ha estado en guerra. Se llama al cese del fuego y a un entendimiento. Si bien Venezuela no estuvo en una guerra declarada, si estuvo en un fuerte conflicto donde la nomenclatura declaró enemigos a la ciudadanía y practicó toda clase de mecanismos para doblegarnos, para callarnos. Se buscaba una obediencia servil para así hacerse dueños del país y saquearlo a su antojo, como de hecho hicieron. Asesinaron y torturaron a gente inocente que peleaba por sus derechos. Eso si son delitos y son delitos comunes que no se contemplan en una ley de amnistía. El asesino y el verdugo deben ser castigados.

Una ley de amnistía no busca el perdón, busca justicia y justo sería que los presos maltratados solo por odio de sus carceleros sean indemnizados de alguna manera. Ellos y sus familiares que también fueron maltratados al sufrir por la ausencia y al temer por la integridad de sus seres queridos. ¿Esa ley aprobada de forma apresurada contempla la indemnización? Lo que pude ver fue un exceso de sobreactuación vergonzosa por parte del presidente de la asamblea que además haciendo exhibición de su ignorancia confundió el perdón con indemnización. Dejo este tema para ser examinado por los abogados y por el Foro Penal. En palabras de un abogado de alta solvencia moral, Nelson Chitty La Roche “Calificar de entrada la amnistía como un “acto de clemencia” la desnaturaliza. Las amnistías no son eso, no sitúan a nadie en la posición de “perdonar”. Implican una renuncia al ejercicio del poder punitivo del Estado que abarca casos ya finalizados y los que estén en curso”

El perdón es un concepto principalmente religioso y moral al que se apela en un intento de hacer el bien y de alcanzar una perfección espiritual humana. En el psicoanálisis no hablamos de perdón, no se llama a perdonar sino a la elaboración del maltrato sufrido a través de un duelo y manejo de las emociones tristes como las llamaba Spinoza. Vivir sin paz es vivir triste y sin autonomía sujetos a la rabia y a la sed de venganza. Es renunciar al placer y entregarse a los vicios apaciguadores. Para ello no se necesita reconciliación, ni olvido, ni perdón, es solo un trabajo sobre la propia psique. Incluso el “no perdón” puede quedar como una defensa subjetiva. Uno puede vivir plenamente con su dolor una vez que este ha sido apaciguado y siempre y cuando no haya un factor externo que lo reviva.

Cuando en este país se han vivido otras dictaduras como la de Gomes y Pérez Jimenes muchos torturadores quedaron impunes y siguieron viviendo como seres normales y hasta bondadosos, bastaba que un familiar de un torturado los reconociera para que se despertara una ira incontrolable. Se despierta con toda su fuerza el recuerdo y el dolor. Entonces no es difícil imaginar cómo estamos en una sociedad que todavía no ha terminado con esta trágica historia. No se han liberado a todos los presos políticos y hemos visto a muchos de ellos muy afectados. No se ha terminado de solventar el maltrato a gran parte de la población que por los sueldos de hambre mantenidos han sido lanzados a la indigencia. Si todavía tenemos, para no olvidar, parte de los esbirros con discursos ofensivos dirigiendo nuestro destino ¿Realmente creen que este es un momento de hablar de perdón? Que lo logren los santos el resto no podemos.

Necesitamos tiempo y tranquilidad para poder elaborar nuestro duelo, eso no se improvisa basta entrar a las redes sociales para palpar la rabia que hay. Es cierto que debemos ir amortiguando, digiriendo, diluyendo el malestar si queremos volver a construir un país con sus contradicciones inevitables, pero con la armonía necesaria para el acuerdo y el trabajo en común.