25 de marzo de 2026

El abuso

 

Pawel Kuczynski


El abuso se ejerce de múltiples formas, pero lo que no tiene variación es que se trata de una relación entre el abusador y el abusado; entre los abusadores y los abusados. Es imprescindible el vínculo que se establece y lo que varía es la dinámica que explicaría que este fenómeno se entronice como una variante destacada en una relación. Hablamos de abuso cuando un integrante de la relación se encuentra disminuido en sus derechos elementales, cuando es vejado, maltratado física o moralmente, cuando su libertad se encuentra disminuida por la imposición de otros, cuando es forzado o violentado, cuando sus características físicas están en desventajas en relación al que se impone.

También se ejerce el abuso contra uno mismo, porque con uno mismo también se tiene una relación, cuando se abusa del goce, como acertadamente llamó Lacan a esa predisposición de encontrar una satisfacción corporal y querer por esta vía sustituir una imposibilidad o insatisfacción de índole psíquica. Abusamos de esta forma de nuestro cuerpo y taponamos la búsqueda de lo que deseamos.

En esta relación mortífera se sedimenta la relación basada en el abuso, se trata de acabar con todo aquello que impida el lograr a toda costa y sin ningún límite ético lo que se quiere. Dupla en la que se participa (cuando se calla) por igual y en la que se observa los componentes sadomasoquistas en cada uno de los participantes.

Podemos ver en este tipo de intercambio humano claramente una psicopatía, no se contempla en absoluto el daño que se le está causando al otro, no hay ni por asomo la virtud de “ponerse en los zapatos del otro”, no se escatima el conflicto, se guarda silencio hasta el final porque lo importante es el provecho que cada uno está sacando del otro. Pero callar ante las vejaciones y el maltrato aumenta el odio y se puede llegar a cualquier acto delictivo.

Freud nos reveló las dos grandes fuerzas que mueven al ser humano, Thanatos que se manifiesta en la agresividad, la competitividad, la rivalidad, el abuso. La otra gran fuerza humana con igualdad de importancia y preponderancia pero que requiere decidirse por la cultura del bien es Eros, el sentido del amor, el deseo y la identificación con nuestros semejantes que nos conduciría a la colaboración. Esta última fuerza es la única posible en la subsistencia de la civilización. Son las pulsiones de muerte las que conducen a los seres humanos a relaciones destructoras.

Vivimos en este momento ese “tempo” de una batería acelerada y repetitiva en sus golpeteos que se parecen más a los golpes desaforados de una angustia sin límites, un ritmo vertiginoso que nos esta lesionando. Esa dupla perfecta entre el abusador y el abusado comienza a resquebrajarse, es el momento de hablar quizás ya de gritar unidos en las calles, de evitar que el odio se siga acumulando. Siguen abusando de personas inocentes privadas de libertad, siguen abusando con los salarios y pensiones de hambre que se niegan a aumentar, siguen abusando con nombramientos de personas no aptas ni solventes (con limitadas excepciones) en cargos importantes para el saneamiento democrático del país. Siguen abusando al retardar una legalidad establecida en la constitución que es la ausencia definitiva del presidente ilegítimo y la convocatoria a nuevas elecciones. Se abusa al permitir que un presidente de otro país se crea y actúe como nuestro dueño. ¿Seguiremos ocupando el lugar del abusado? ¿O por el contrario romperemos definitivamente esa dupla perversa?

18 de marzo de 2026

Transición repentina o gradual

 

Zdzislaw Belksinki


Tanto Gramsci como Hannah Arendt coinciden en que la transición política de un sistema a otro es un proceso gradual. Un tiempo que puede ser largo en el que se debe ir construyendo una nueva hegemonía cultural y política dentro de la sociedad civil, es decir, una nueva voluntad colectiva. Para que ello suceda es indispensable que se lleguen a acuerdos entre los diferentes sectores que están en juego, se produzca el difícil logro de un entendimiento nacional. Esto no sucede por un decreto sino por la convicción de las fuerzas en juego de su necesidad. Una hegemonía política que muestra en todas sus manifestaciones su decadencia y que implosiona en sus componentes intentará salvar alguno de sus privilegios disfrutados. Y los nuevos aspirantes van astutamente acomodando sus ofertas, surgen, entonces, los monstruos como bien señaló Gramsci.

Es un interregno muy inestable y en que se manifiesta la sociedad civil (escuelas, iglesias, medios, universidades, sindicatos) con sus pliegos de peticiones que tenían congeladas por las fuerzas políticas autoritarias. Slavoj Žižek al igual que Gramsci lo define como un tiempo de monstruos, es un período en que el viejo sistema ha perdido legitimidad, pero aún no se ha formado uno nuevo. Apenas estamos dando las primeras manifestaciones de un acuerdo nacional con cierta fuerza que exige conversar con los dueños del circo y no con los enanos. Las primeras manifestaciones de que la política y por lo tanto el futuro de un país lo deciden sus ciudadanos y no un mandón extraño. Si hemos visto monstruos de todos los colores y tamaños nos tenemos que preparar para los que aparecerán.

El cambio, que ya es inevitable, vendrá de esa gente que se manifestó en la calle, de un José Patines que envuelto en la bandera nacional les habló a los diputados ayer en la Asamblea Nacional. Un hombre humilde que sabemos que ha sufrido y que con propiedad les echó en cara, a seres mudos y perplejos, que se dejen de ese cuentico que ser pobre es bueno y ser rico es malo mientras andan en sus camionetas de lujo. Pudimos presenciar escenas inverosímiles como la de policías que no mostraron resistencia ante el avance de la marcha hacia el congreso. El poder déspota que por tantos años nos doblegó y maltrató solo está, ahora, fingiendo una autoridad que no poseen.

No estamos todavía en un período de transición, pero esta semana que pasó se comenzaron a producir las primeras manifestaciones de la sociedad civil. ¿Será que los venezolanos por fin entendimos que esta es nuestra casa? Veremos. Mientras tanto y por un tiempo viviremos en la incertidumbre de no saber si se desalojará a los “okupas” si tenemos que compartir con ellos las mesadas, el poco alimento que tenemos en nuestros almacenes o en las minas y subsuelo. Mientras tanto crece el caldo de cultivo para el extremismo, el autoritarismo y los cambios de discursos sorpresivos es decir surgen “los monstruos” políticos. Viviremos en desorden que nunca se saben hasta donde llegarán. Es un vacío que se convierte en un campo de batalla y luchas por el poder. Solo a través de negociaciones se puede intentar el logro de un nuevo orden.

Tiempos de epidemias en los que gérmenes oportunistas van a encontrar terreno propicio. Tiempo peligroso e impredecible que quisiera fuera dirigido por acuerdos políticos con sensates.

11 de marzo de 2026

Nuestra narrativa y mitos

 

Grant Maffner


A nosotros nos distingue como sociedad un marcado imago de adoración, principalmente a una figura virginal que elevamos a una superioridad con características sobrehumanas. No hemos podido trascender la idea de un líder dotado de poderes mágicos, de un mesías que nos conduzca con éxito por el espinoso camino de la salvación terrenal. Cuando una figura se vende como el que sabe, el que puede, el que posee el don de librar batallas invencibles al que obstaculice nuestra victoriosa marcha, sin pensarlo dos veces nos entregamos como vírgenes vestales, siempre dispuestos a mantener la llama sagrada del templo. Todo aquel que se asome al recinto con ánimo de contradecir cualquier principio, será combatido con la furia justificada de la más pura verdad irrebatible. Un imago colectivo que traspasa de forma horizontal y vertical a cualquier colectivo medianamente organizado.

Aquel desarrollo que se gestó en el mundo de un Estado laico no hizo mella en la terquedad psíquica de nuestros ciudadanos, “tenemos fe” y contra ella no hay Modernidad que se imponga. Predominará siempre el halo religioso con su manto protector y la heroicidad de un libertador que parió nuestra tierra. Bueno quizás podemos ser un poco más flexible y admitir que el nuevo libertador haya sido producto de un encuentro amoroso en otras latitudes. Pero solo hasta allí, no se puede pedir más una vez que integramos, asumimos y juramos lealtad a nuestro decreto a muerte. Ya desde pequeños conocimos a Kant y no renunciaremos jamás a el imperativo categórico de “españoles y canarios…” Somos un coto cerrado de caza. Guerreros disciplinados siempre dispuestos a obedecer al mando, solo pedimos que el jefe ordene.

Resultado del trabajo de tanto héroe no tenemos un Estado laico, pero hemos logrado unificar diferentes religiones que al fin y al cabo son componentes importantes de la sociedad civil. Esa gloriosa sociedad civil impulsa y desarrolla todos los fenómenos claramente políticos hasta que un ruido estruendoso con efectos explosivos nos mandó a parar. Un jefe todopoderoso, lejano pero potente, ordenó claramente que no sigamos molestando, que si no sabemos hacer las cosas bien él se encargará directamente con sus diligentes secretarios. Se acabó la guachafita y si alguien osa venir a alborotar será neutralizado inmediatamente y despojado de sus preseas. Lo único malo con este sorpresivo salvador es que no solo se dedica a nosotros, sino que se ocupa de medio mundo. Anuncia sus nuevos objetivos y hacia ellos se encamina.

Esta característica de no ser omnipresente ralentiza la solución a nuestras urgencias que son muchas y variadas y se comienzan a escuchar plegarias y susurros de letanías con olor a incienso.  Se ruega por la solución final. ¿Cuál será? No lo sabemos aún, pero llegará en eso tenemos fe. Es la relación que tenemos con el poder político moldeada por nuestro sempiterno mito. De alcanzar el fin que anhelamos se ocupará el escogido mientras nosotros esperamos. Es el personalismo carismático y las insignias religiosas que lo catapulta. Es la sincronicidad entre los símbolos patrios y las ideologías autocráticas. Es nuestra religión secular que no necesita iglesias pero que estamos constantemente honrando con nuestra presencia, justificamos el militarismo y renovamos los votos de obediencia, mesianismo y orfandad ante la certeza de la falla del padre protector. Alguien que venga pronto, sea quien sea, y resuelva los problemas, porque aquello de organizarnos, unirnos y conformar instituciones democráticas, es como demasiado trabajo. Es nuestra narrativa y mitos para un cambio deseado.