11 de febrero de 2026

El Perdón

 

Quintin Buchkols


Una ley de Amnistía es un instrumento legal y jurídico que persigue una pacificación en un país que ha estado en guerra. Se llama al cese del fuego y a un entendimiento. Si bien Venezuela no estuvo en una guerra declarada, si estuvo en un fuerte conflicto donde la nomenclatura declaró enemigos a la ciudadanía y practicó toda clase de mecanismos para doblegarnos, para callarnos. Se buscaba una obediencia servil para así hacerse dueños del país y saquearlo a su antojo, como de hecho hicieron. Asesinaron y torturaron a gente inocente que peleaba por sus derechos. Eso si son delitos y son delitos comunes que no se contemplan en una ley de amnistía. El asesino y el verdugo deben ser castigados.

Una ley de amnistía no busca el perdón, busca justicia y justo sería que los presos maltratados solo por odio de sus carceleros sean indemnizados de alguna manera. Ellos y sus familiares que también fueron maltratados al sufrir por la ausencia y al temer por la integridad de sus seres queridos. ¿Esa ley aprobada de forma apresurada contempla la indemnización? Lo que pude ver fue un exceso de sobreactuación vergonzosa por parte del presidente de la asamblea que además haciendo exhibición de su ignorancia confundió el perdón con indemnización. Dejo este tema para ser examinado por los abogados y por el Foro Penal. En palabras de un abogado de alta solvencia moral, Nelson Chitty La Roche “Calificar de entrada la amnistía como un “acto de clemencia” la desnaturaliza. Las amnistías no son eso, no sitúan a nadie en la posición de “perdonar”. Implican una renuncia al ejercicio del poder punitivo del Estado que abarca casos ya finalizados y los que estén en curso”

El perdón es un concepto principalmente religioso y moral al que se apela en un intento de hacer el bien y de alcanzar una perfección espiritual humana. En el psicoanálisis no hablamos de perdón, no se llama a perdonar sino a la elaboración del maltrato sufrido a través de un duelo y manejo de las emociones tristes como las llamaba Spinoza. Vivir sin paz es vivir triste y sin autonomía sujetos a la rabia y a la sed de venganza. Es renunciar al placer y entregarse a los vicios apaciguadores. Para ello no se necesita reconciliación, ni olvido, ni perdón, es solo un trabajo sobre la propia psique. Incluso el “no perdón” puede quedar como una defensa subjetiva. Uno puede vivir plenamente con su dolor una vez que este ha sido apaciguado y siempre y cuando no haya un factor externo que lo reviva.

Cuando en este país se han vivido otras dictaduras como la de Gomes y Pérez Jimenes muchos torturadores quedaron impunes y siguieron viviendo como seres normales y hasta bondadosos, bastaba que un familiar de un torturado los reconociera para que se despertara una ira incontrolable. Se despierta con toda su fuerza el recuerdo y el dolor. Entonces no es difícil imaginar cómo estamos en una sociedad que todavía no ha terminado con esta trágica historia. No se han liberado a todos los presos políticos y hemos visto a muchos de ellos muy afectados. No se ha terminado de solventar el maltrato a gran parte de la población que por los sueldos de hambre mantenidos han sido lanzados a la indigencia. Si todavía tenemos, para no olvidar, parte de los esbirros con discursos ofensivos dirigiendo nuestro destino ¿Realmente creen que este es un momento de hablar de perdón? Que lo logren los santos el resto no podemos.

Necesitamos tiempo y tranquilidad para poder elaborar nuestro duelo, eso no se improvisa basta entrar a las redes sociales para palpar la rabia que hay. Es cierto que debemos ir amortiguando, digiriendo, diluyendo el malestar si queremos volver a construir un país con sus contradicciones inevitables, pero con la armonía necesaria para el acuerdo y el trabajo en común.

 

4 de febrero de 2026

Vergüenza

 

Hieronymus Bosch


De una forma u otra todos estamos un tanto perdidos en nuestra nueva realidad. Actuamos en un escenario distinto que es absolutamente novedoso en el mundo. Un país con una caricatura de liderazgo que solo espera órdenes de un mandatario extranjero pero que vocifera que no sigue órdenes de nadie que es independiente y soberano, es una situación desquiciante. No, porque nos digan mentiras a ello ya estamos acostumbrados, son 27 años interpretando los cuentos y ficciones. Lo que es desconcertante y hasta resulta vergonzoso es tener que estar pendientes de los discursos y declaraciones que se emiten desde la Oficina Oval para conocer nuestro destino. Es vergonzoso y desconcertante que nuestro dinero tenga que ser controlado por una administración extranjera porque este país es un nido de ladrones.  Es desconcertante y vergonzoso que además lo festejemos.

Como no entender el festejo después de haber pasado largos años llevando una vida miserable, maltratados y torturados por pensar distinto. Siendo robados y recibiendo sueldos y pensiones ofensivos. Siendo lacayos de la peor expresión dictatorial del mundo que a la hora de la verdad volteó para otro lado. Como no entender el festejo si se llevaron y mantiene encarcelado a un dictador sanguinario y despiadado. Él y su esposa deben ser juzgados y despojados de todo lo que se robaron, alguna justicia tenemos que reclamar para medio aplacar esta rabia sostenida y acumulada. Una sociedad muy herida necesita tiempo y acciones justas que den alivio. Todos esperamos que se vayan dando esos pasos, mientras tanto la realidad solo muestra al mismo depredador, pero ahora monitoreado, lo que no es poca cosa.

No ha sido, precisamente, la virtud la que ha acarreado dividendos y por tanto lo que ha proliferado es la maldad, la psicopatía, la desconfianza y el cinismo. La vergüenza es un sentimiento ético que solo sienten aquellos que han introyectado una ley, aquellos que reconocen a un otro y que guardan respeto y consideración por sus pertenencias. Pero no es así para el psicópata que es un ser sin ley, el que solo se rige por su avaricia, ira, envidia, soberbia y lujuria. No tienen vergüenza y lo hemos podido comprobar en esta “tierra rara” Maduro sometido por sus carceleros, saludando. Uno de los principales ladrones y destructor de PDVSA, Rafael Ramírez, dictando cátedra a propósito de la nueva ley de Hidrocarburos. Jorge Rodríguez gritando en la Asamblea que ahora si tendremos patria, Diosdado agachado, amenazando y dando órdenes que nadie acata, pero sin tomar distancia, no se atreve y el que se lleva la medalla al cinismo y la desvergüenza es Padrino López, quedó paralizado cuando se llevaron a su jefe y ahí sigue sin ninguna vergüenza, aunque bastante desdibujado.

Han sido malos sin ocultarlo, muy malos ¿qué pretenden ahora? Pasar como reformados, hacernos creer que un bombazo de lucidez los transformó, que ahora si entendieron. No vamos a descansar hasta verlos pagar sus culpas, hasta verlos sentenciados por un tribunal justo. Vamos ahorrarnos la exhibición de cinismo que se está desplegando. Es una etapa dura la que transitamos sin orientación ni ejemplos de otros países.  Es muy duro tener que ver a nuestros verdugos jugando todavía al juego del poder. Duro, porque nosotros si sentimos vergüenza, vergüenza de tener que aguantarnos que sean otros quienes nos gobiernen al declararnos incompetentes. Vergüenza de haber tenido estos delincuentes en el poder por tanto años siendo incapaces de echarlos. Ahora tenemos que vivir esta realidad, vamos a hacerlo de la mejor forma posible, organizándonos para en un futuro tener la probidad y conducción eficiente en casa. Eso solo se logra con una adecuada negociación política.

28 de enero de 2026

Un mundo sin ley

 

Vasco Gargalo


Nadie hoy en día puede negar que ese orden que se vivía con quebrantos, terminó. Nos preparamos para vivir de sobresaltos y eventos inesperados, si lo sabremos los venezolanos. Lo que antes hubiésemos calificado de locura hoy lo recibimos como necesario, “era la única forma” se sentencia sin más miramiento ni reflexión. Como muy bien lo expuso Mark Carney en Davos, el orden ha terminado. Es lo que caracteriza a la locura, no hay lógica en el pensamiento y la realidad se interpreta desde un delirio. Es el mundo de cada quien, aislado, que no puede hacer contacto con ningún otro. Estamos sin orden, pero también debemos saber que no habrá criterios para entendernos. ¿Cómo será ese mundo que comienza a manifestarse? No lo sé.

Ese llamado a la sensatez y a los valores éticos ya son cantos a la bandera, retórica vacía sin ninguna resonancia. El hombre se perdió en su laberinto, buscando seguridad y estabilidad invitó a lo peor que ya tomó el control y de repente fuimos arrollados. Teníamos que debutar en primer plano con la máxima brutalidad. Ser bombardeados por un ejército extranjero es una locura que solo a un hombre sin ley se le puede ocurrir, igual como mató a gente inocente en nuestros mares con total impunidad y sin consecuencias legales. La legalidad no existe, el orden se acabó. Que se hayan llevado a Maduro, un hombre cruel que hizo mucho daño, que también actuaba fuera de toda ley, fue un acierto, pero no lo es quedarse dictando pautas, definiendo lo bueno para nosotros y halagando a la misma dictadura que supuestamente combatió.

Rompimos los moldes y no sabemos interpretar sus resultados. Estamos regidos por seres desconocidos, que no obedecen leyes comunes y totalmente impredecibles como son los locos. Vas en un vehículo con un amigo, él manejando, empieza a acelerar hasta que te asusta, lo llamas cuando voltea le vez una mirada desorbitada una tez pálida y ahí te percatas que no es el mismo, que se volvió loco, solo te queda esperar que vuelva en sí o que se detenga antes de estrellarse junto contigo. De nada vale el llamado a la sensates, caerá en el vacío, no serás escuchado. Es una ruptura en las significaciones, es una ruptura de la memoria y de la historia. Así estamos en este maltratado país saltando de loco en loco y nosotros los ciudadanos con la brújula dañada.

¿Qué hacemos? Ya solo se manifiesta la rabia y las frustraciones, pero se ve muy lejano el entendimiento necesario. Mucho se habla de que debe surgir un movimiento nuestro diferente a los existentes, lo que a mi me parece sensato, lo veo necesario, pero también veo a una población doblegada a un poder extranjero o con mucho resentimiento incapaz de acuerdos. Solo queda estar atentos a pequeñas señales y cuidar las brújulas que parecen aun imantadas. La locura es contagiosa y es un trabajo inmunológico e higiénico el no dejarse contagiar. Quiero ese tutelaje que se impuso con armamentos fuera de mi país, quiero que nuestros pasos hacia una transición y un gobierno democrático sean confeccionados en casa. Es absurdo esperar de alguien que no es demócrata nos guíe hacia nuestra libertad. Rechazo esta actitud sumisa, rechazo la impotencia y la ingenuidad.

Nuestra pregunta central es como actuar si todo lo que nos era conocido desapareció. Quedamos los ciudadanos como objetos de intercambio, como la famosa medallita. Fuimos vendidos como esclavos, e interpretando la famosa metáfora de Carney no estamos en la mesa somos parte del menú. Nada más pertinente que esta frase de Fernando Mires “La docilidad no compra seguridad. Nunca la compró. Solo aplaza el impacto.” Queremos orden, hay que buscarlo, queremos autodeterminarnos no nos entreguemos a tutores sin ley.