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| Bo Barlette |
Mientras esperamos por una mejoría sustancial de nuestra calidad de vida vamos entregando al país sin contemplaciones. Después de haber padecido unas condiciones infrahumanas por largos e interminables años llegan unos rescatistas y imponen sus condiciones sin titubeos, sin una real negociación solo con la real convicción de su superioridad armamentista y potencia monetaria. Digo sin negociación porque no hubo un real intercambio con el país. Un sector los convocó como su única salida para su meta de llegar “hasta el final” que no era otro que lograr rescatar un poder usurpado, queríamos a Maduro fuera de la presidencia y para ello fuimos a unas elecciones en las que infringimos una aplastante derrota y que descaradamente robaron.
Digo sin negociación porque no tenemos información confirmada de que un sector del partido del gobierno estuviera negociando para también sacar a maduro del poder. De ello se habla, pero no tenemos certeza. Se empezaron a destrabar muchos absurdos sostenidos por una administración tirana y cruel. Se plantea una apertura económica que aún no se les han visto los resultados y sobre todo se comenzó a liberar a los presos políticos no sin dejar de maltratar a sus familiares principalmente. Se liberan muy despacio sin que se tenga conocimiento del porqué de su demora. Se liberan a unos y otros quedan en la oscuridad hasta que a una perversa voluntad le dé la gana. A unos se les dicta la sentencia de casa por cárcel y se les coloca anillos de seguridad. Hasta aquí llega nuestro cambio real. Lo demás son discusiones de leyes en la Asamblea y negociaciones petroleras que se realizan en otro país. A Venezuela solo le queda aceptar con el beneplácito del que manda por encontrar a su escogida “obediente”. Venezuela se aleja.
Tal parece que dejaremos descansar a las deidades que se invocan para la cura de todo mal por un nuevo titan todopoderoso pero carnal. Humano, aunque no parezca, sujeto como todo humano a la decadencia biológica y ya entrado en años. Sujeto también a los antagonismos políticos como todo político y en picada en su propio país en cuyas calles se comienza a sentir el dolor de la imposición y la persecución. Pero como buenos creyentes que somos, adoradores de deidades sin importar el material de sus estatuas, con poca formación y dados a militar en redes ilusorias llenas de mentiras y ficciones. Triunfaran por mucho tiempo los mandatos lejanos y a la vez con efectos muy cercanos si no emprendemos un trabajo duro y racional para rescatar a una Venezuela cada vez más lejana.
Tengo tiempo que no oigo invocar a Dios en estas lides ni a José Gregorio Hernández, ahora es Trump y su secretario Marco Rubio nuestros mejores salvadores. Cualquier asunto que concierne al país, por más íntimo que sea lo resuelven ellos, lo debaten ellos, lo administran ellos con sus particulares idiosincrasias, en su idioma, con su léxico y su humor ajeno. Mientras tanto esa Venezuela secuestrada que realmente queremos dejar atrás se encuentra intacta, con sus instituciones corruptas, con sus leyes viciadas, con su misma gente con comportamientos psicopáticos, ganados por la ambición y el uso abusivo e imprudente del poder. Allí están inmutables en sus lugares usurpados y con nuevos guiones teatrales. Allí seguirán estando hasta que las nuevas deidades decidan, mientras que la Venezuela por construir se va alejando cada vez más de nuestro alcance.


