4 de febrero de 2026

Vergüenza

 

Hieronymus Bosch


De una forma u otra todos estamos un tanto perdidos en nuestra nueva realidad. Actuamos en un escenario distinto que es absolutamente novedoso en el mundo. Un país con una caricatura de liderazgo que solo espera órdenes de un mandatario extranjero pero que vocifera que no sigue órdenes de nadie que es independiente y soberano, es una situación desquiciante. No, porque nos digan mentiras a ello ya estamos acostumbrados, son 27 años interpretando los cuentos y ficciones. Lo que es desconcertante y hasta resulta vergonzoso es tener que estar pendientes de los discursos y declaraciones que se emiten desde la Oficina Oval para conocer nuestro destino. Es vergonzoso y desconcertante que nuestro dinero tenga que ser controlado por una administración extranjera porque este país es un nido de ladrones.  Es desconcertante y vergonzoso que además lo festejemos.

Como no entender el festejo después de haber pasado largos años llevando una vida miserable, maltratados y torturados por pensar distinto. Siendo robados y recibiendo sueldos y pensiones ofensivos. Siendo lacayos de la peor expresión dictatorial del mundo que a la hora de la verdad volteó para otro lado. Como no entender el festejo si se llevaron y mantiene encarcelado a un dictador sanguinario y despiadado. Él y su esposa deben ser juzgados y despojados de todo lo que se robaron, alguna justicia tenemos que reclamar para medio aplacar esta rabia sostenida y acumulada. Una sociedad muy herida necesita tiempo y acciones justas que den alivio. Todos esperamos que se vayan dando esos pasos, mientras tanto la realidad solo muestra al mismo depredador, pero ahora monitoreado, lo que no es poca cosa.

No ha sido, precisamente, la virtud la que ha acarreado dividendos y por tanto lo que ha proliferado es la maldad, la psicopatía, la desconfianza y el cinismo. La vergüenza es un sentimiento ético que solo sienten aquellos que han introyectado una ley, aquellos que reconocen a un otro y que guardan respeto y consideración por sus pertenencias. Pero no es así para el psicópata que es un ser sin ley, el que solo se rige por su avaricia, ira, envidia, soberbia y lujuria. No tienen vergüenza y lo hemos podido comprobar en esta “tierra rara” Maduro sometido por sus carceleros, saludando. Uno de los principales ladrones y destructor de PDVSA, Rafael Ramírez, dictando cátedra a propósito de la nueva ley de Hidrocarburos. Jorge Rodríguez gritando en la Asamblea que ahora si tendremos patria, Diosdado agachado, amenazando y dando órdenes que nadie acata, pero sin tomar distancia, no se atreve y el que se lleva la medalla al cinismo y la desvergüenza es Padrino López, quedó paralizado cuando se llevaron a su jefe y ahí sigue sin ninguna vergüenza, aunque bastante desdibujado.

Han sido malos sin ocultarlo, muy malos ¿qué pretenden ahora? Pasar como reformados, hacernos creer que un bombazo de lucidez los transformó, que ahora si entendieron. No vamos a descansar hasta verlos pagar sus culpas, hasta verlos sentenciados por un tribunal justo. Vamos ahorrarnos la exhibición de cinismo que se está desplegando. Es una etapa dura la que transitamos sin orientación ni ejemplos de otros países.  Es muy duro tener que ver a nuestros verdugos jugando todavía al juego del poder. Duro, porque nosotros si sentimos vergüenza, vergüenza de tener que aguantarnos que sean otros quienes nos gobiernen al declararnos incompetentes. Vergüenza de haber tenido estos delincuentes en el poder por tanto años siendo incapaces de echarlos. Ahora tenemos que vivir esta realidad, vamos a hacerlo de la mejor forma posible, organizándonos para en un futuro tener la probidad y conducción eficiente en casa. Eso solo se logra con una adecuada negociación política.

28 de enero de 2026

Un mundo sin ley

 

Vasco Gargalo


Nadie hoy en día puede negar que ese orden que se vivía con quebrantos, terminó. Nos preparamos para vivir de sobresaltos y eventos inesperados, si lo sabremos los venezolanos. Lo que antes hubiésemos calificado de locura hoy lo recibimos como necesario, “era la única forma” se sentencia sin más miramiento ni reflexión. Como muy bien lo expuso Mark Carney en Davos, el orden ha terminado. Es lo que caracteriza a la locura, no hay lógica en el pensamiento y la realidad se interpreta desde un delirio. Es el mundo de cada quien, aislado, que no puede hacer contacto con ningún otro. Estamos sin orden, pero también debemos saber que no habrá criterios para entendernos. ¿Cómo será ese mundo que comienza a manifestarse? No lo sé.

Ese llamado a la sensatez y a los valores éticos ya son cantos a la bandera, retórica vacía sin ninguna resonancia. El hombre se perdió en su laberinto, buscando seguridad y estabilidad invitó a lo peor que ya tomó el control y de repente fuimos arrollados. Teníamos que debutar en primer plano con la máxima brutalidad. Ser bombardeados por un ejército extranjero es una locura que solo a un hombre sin ley se le puede ocurrir, igual como mató a gente inocente en nuestros mares con total impunidad y sin consecuencias legales. La legalidad no existe, el orden se acabó. Que se hayan llevado a Maduro, un hombre cruel que hizo mucho daño, que también actuaba fuera de toda ley, fue un acierto, pero no lo es quedarse dictando pautas, definiendo lo bueno para nosotros y halagando a la misma dictadura que supuestamente combatió.

Rompimos los moldes y no sabemos interpretar sus resultados. Estamos regidos por seres desconocidos, que no obedecen leyes comunes y totalmente impredecibles como son los locos. Vas en un vehículo con un amigo, él manejando, empieza a acelerar hasta que te asusta, lo llamas cuando voltea le vez una mirada desorbitada una tez pálida y ahí te percatas que no es el mismo, que se volvió loco, solo te queda esperar que vuelva en sí o que se detenga antes de estrellarse junto contigo. De nada vale el llamado a la sensates, caerá en el vacío, no serás escuchado. Es una ruptura en las significaciones, es una ruptura de la memoria y de la historia. Así estamos en este maltratado país saltando de loco en loco y nosotros los ciudadanos con la brújula dañada.

¿Qué hacemos? Ya solo se manifiesta la rabia y las frustraciones, pero se ve muy lejano el entendimiento necesario. Mucho se habla de que debe surgir un movimiento nuestro diferente a los existentes, lo que a mi me parece sensato, lo veo necesario, pero también veo a una población doblegada a un poder extranjero o con mucho resentimiento incapaz de acuerdos. Solo queda estar atentos a pequeñas señales y cuidar las brújulas que parecen aun imantadas. La locura es contagiosa y es un trabajo inmunológico e higiénico el no dejarse contagiar. Quiero ese tutelaje que se impuso con armamentos fuera de mi país, quiero que nuestros pasos hacia una transición y un gobierno democrático sean confeccionados en casa. Es absurdo esperar de alguien que no es demócrata nos guíe hacia nuestra libertad. Rechazo esta actitud sumisa, rechazo la impotencia y la ingenuidad.

Nuestra pregunta central es como actuar si todo lo que nos era conocido desapareció. Quedamos los ciudadanos como objetos de intercambio, como la famosa medallita. Fuimos vendidos como esclavos, e interpretando la famosa metáfora de Carney no estamos en la mesa somos parte del menú. Nada más pertinente que esta frase de Fernando Mires “La docilidad no compra seguridad. Nunca la compró. Solo aplaza el impacto.” Queremos orden, hay que buscarlo, queremos autodeterminarnos no nos entreguemos a tutores sin ley.

21 de enero de 2026

El valor del símbolo

 

Adder


No se trata sino del simple juego del deseo, el reconocimiento que se demanda de otro con un significado potente para obturar una falla. Uno quiere poder, nunca el poder igual que el dinero es suficiente, la otra quiere la potencia necesaria para ser completada y poder llevar a cabo su misión de vida. Los dos se entienden y logran hacer de una medalla el objeto de intercambio, ambos compran y venden algo. Todo ya sin disimulo, sin adornos, sin velos sugerentes lo que hace la escena una pieza pornográfica. Son los símbolos trastocados que conducen a la pérdida de identidad. Ese objeto en diferentes manos tiene un valor simbólico especial. En las manos imperiales significa un nuevo triunfo y un doblegamiento más. En las manos originales significaba un reconocimiento a la lucha por la libertad.

Hay un cambio radical en el ordenamiento simbólico. Un signo más de un tránsito distinto y de un cambio significativo con sus obligadas consecuencias. El emperador quiere a las mujeres obedientes y así las tiene. Una amenazada en su poder recién otorgado y a la otra en su no ocultable deseo de poder, en su empeño de la meta por la cual quiere ser reconocida. ¿Ambas sabrán el grado de dependencia que aceptaron? ¿Sabrán a quien le entregaron su destino? Muy pronto tropezaran con el porvenir de esa ilusión, no hay un mundo propio construido garantizado por un otro impostor.

Presas fáciles por intentar llenar sus vacíos y resolver sus conflictos con la vida de otros. De una forma u otra el otro y la realidad siempre son rebeldes. Se reclaman nuevos símbolos cuando estamos desconcertados, el nuevo orden que comenzará a dar sentido a una realidad sin sentido, que dará consistencia a una existencia que ha sido sacudida hasta sus cimientos. Las joyas, el dinero, el poder junto con esta actitud burlesca e irrespetuosa hacia otros seres humanos, son las constantes que se observan en algunos hombres y mujeres que ocupan puestos de poder (el cual siempre será transitorio) y por sus carencias espirituales, confunden un lugar temporal con lo que son o tienen.

Es esencialmente humana la búsqueda de significados, aunque estos inevitablemente se deslicen por la infinita gama de nominaciones con la que intentamos darle coherencia a la realidad. Quedarnos sin palabras o en espera de un acontecimiento para comenzar a darle nombre a las cosas, es señal de tiempos de angustias desbordadas. Del mayor extravío posible. Perdimos nuestros símbolos, perdimos identidad, no reconozco estas expresiones en las mujeres de mi país. Hemos cambiado, somos ya extranjeros en nuestra tierra, el empeño ahora es por descubrir nuestra nueva identidad. Freud consideró que reconocer los símbolos es fundamental, son sustitutos disfrazados del deseo, de conflictos, de ansiedades. Es la entrada para comprender una cultura.

Por los símbolos sabemos de qué religión se trata, de cual país hablamos, cual es el sistema político que nos rige y cual la organización mundial que domina. Vemos en nuestro mundo occidental un despliegue de fuerza, de armamentos y los hombres que lo dominan mostrándose sin disimulo como hombres fuertes e invencibles. Vemos a mujeres disminuidas, humilladas por ser las protegidas de estos titanes de papel. Ernest Jones señala que el símbolo siempre posee una idea primaria, ser uno mismo, ser un hijo, ser amado incluso ser muerto. Lacan no concibe al pensamiento sin símbolos y el deslizamiento propio de los significantes, por eso la verdad se desliza, se esconde, se tergiversa y se miente. Así que en estos tiempos tan revueltos es indispensable conocer las diferentes significaciones en un gran foro nacional que siente las bases para volver a la política.