18 de febrero de 2026

Venezuela se ve lejos

 

Bo Barlette


Mientras esperamos por una mejoría sustancial de nuestra calidad de vida vamos entregando al país sin contemplaciones. Después de haber padecido unas condiciones infrahumanas por largos e interminables años llegan unos rescatistas y imponen sus condiciones sin titubeos, sin una real negociación solo con la real convicción de su superioridad armamentista y potencia monetaria. Digo sin negociación porque no hubo un real intercambio con el país. Un sector los convocó como su única salida para su meta de llegar “hasta el final” que no era otro que lograr rescatar un poder usurpado, queríamos a Maduro fuera de la presidencia y para ello fuimos a unas elecciones en las que infringimos una aplastante derrota y que descaradamente robaron.

Digo sin negociación porque no tenemos información confirmada de que un sector del partido del gobierno estuviera negociando para también sacar a maduro del poder. De ello se habla, pero no tenemos certeza. Se empezaron a destrabar muchos absurdos sostenidos por una administración tirana y cruel. Se plantea una apertura económica que aún no se les han visto los resultados y sobre todo se comenzó a liberar a los presos políticos no sin dejar de maltratar a sus familiares principalmente. Se liberan muy despacio sin que se tenga conocimiento del porqué de su demora. Se liberan a unos y otros quedan en la oscuridad hasta que a una perversa voluntad le dé la gana. A unos se les dicta la sentencia de casa por cárcel y se les coloca anillos de seguridad. Hasta aquí llega nuestro cambio real. Lo demás son discusiones de leyes en la Asamblea y negociaciones petroleras que se realizan en otro país. A Venezuela solo le queda aceptar con el beneplácito del que manda por encontrar a su escogida “obediente”. Venezuela se aleja.

Tal parece que dejaremos descansar a las deidades que se invocan para la cura de todo mal por un nuevo titan todopoderoso pero carnal. Humano, aunque no parezca, sujeto como todo humano a la decadencia biológica y ya entrado en años. Sujeto también a los antagonismos políticos como todo político y en picada en su propio país en cuyas calles se comienza a sentir el dolor de la imposición y la persecución. Pero como buenos creyentes que somos, adoradores de deidades sin importar el material de sus estatuas, con poca formación y dados a militar en redes ilusorias llenas de mentiras y ficciones. Triunfaran por mucho tiempo los mandatos lejanos y a la vez con efectos muy cercanos si no emprendemos un trabajo duro y racional para rescatar a una Venezuela cada vez más lejana.

Tengo tiempo que no oigo invocar a Dios en estas lides ni a José Gregorio Hernández, ahora es Trump y su secretario Marco Rubio nuestros mejores salvadores. Cualquier asunto que concierne al país, por más íntimo que sea lo resuelven ellos, lo debaten ellos, lo administran ellos con sus particulares idiosincrasias, en su idioma, con su léxico y su humor ajeno. Mientras tanto esa Venezuela secuestrada que realmente queremos dejar atrás se encuentra intacta, con sus instituciones corruptas, con sus leyes viciadas, con su misma gente con comportamientos psicopáticos, ganados por la ambición y el uso abusivo e imprudente del poder. Allí están inmutables en sus lugares usurpados y con nuevos guiones teatrales. Allí seguirán estando hasta que las nuevas deidades decidan, mientras que la Venezuela por construir se va alejando cada vez más de nuestro alcance.

11 de febrero de 2026

El Perdón

 

Quintin Buchkols


Una ley de Amnistía es un instrumento legal y jurídico que persigue una pacificación en un país que ha estado en guerra. Se llama al cese del fuego y a un entendimiento. Si bien Venezuela no estuvo en una guerra declarada, si estuvo en un fuerte conflicto donde la nomenclatura declaró enemigos a la ciudadanía y practicó toda clase de mecanismos para doblegarnos, para callarnos. Se buscaba una obediencia servil para así hacerse dueños del país y saquearlo a su antojo, como de hecho hicieron. Asesinaron y torturaron a gente inocente que peleaba por sus derechos. Eso si son delitos y son delitos comunes que no se contemplan en una ley de amnistía. El asesino y el verdugo deben ser castigados.

Una ley de amnistía no busca el perdón, busca justicia y justo sería que los presos maltratados solo por odio de sus carceleros sean indemnizados de alguna manera. Ellos y sus familiares que también fueron maltratados al sufrir por la ausencia y al temer por la integridad de sus seres queridos. ¿Esa ley aprobada de forma apresurada contempla la indemnización? Lo que pude ver fue un exceso de sobreactuación vergonzosa por parte del presidente de la asamblea que además haciendo exhibición de su ignorancia confundió el perdón con indemnización. Dejo este tema para ser examinado por los abogados y por el Foro Penal. En palabras de un abogado de alta solvencia moral, Nelson Chitty La Roche “Calificar de entrada la amnistía como un “acto de clemencia” la desnaturaliza. Las amnistías no son eso, no sitúan a nadie en la posición de “perdonar”. Implican una renuncia al ejercicio del poder punitivo del Estado que abarca casos ya finalizados y los que estén en curso”

El perdón es un concepto principalmente religioso y moral al que se apela en un intento de hacer el bien y de alcanzar una perfección espiritual humana. En el psicoanálisis no hablamos de perdón, no se llama a perdonar sino a la elaboración del maltrato sufrido a través de un duelo y manejo de las emociones tristes como las llamaba Spinoza. Vivir sin paz es vivir triste y sin autonomía sujetos a la rabia y a la sed de venganza. Es renunciar al placer y entregarse a los vicios apaciguadores. Para ello no se necesita reconciliación, ni olvido, ni perdón, es solo un trabajo sobre la propia psique. Incluso el “no perdón” puede quedar como una defensa subjetiva. Uno puede vivir plenamente con su dolor una vez que este ha sido apaciguado y siempre y cuando no haya un factor externo que lo reviva.

Cuando en este país se han vivido otras dictaduras como la de Gomes y Pérez Jimenes muchos torturadores quedaron impunes y siguieron viviendo como seres normales y hasta bondadosos, bastaba que un familiar de un torturado los reconociera para que se despertara una ira incontrolable. Se despierta con toda su fuerza el recuerdo y el dolor. Entonces no es difícil imaginar cómo estamos en una sociedad que todavía no ha terminado con esta trágica historia. No se han liberado a todos los presos políticos y hemos visto a muchos de ellos muy afectados. No se ha terminado de solventar el maltrato a gran parte de la población que por los sueldos de hambre mantenidos han sido lanzados a la indigencia. Si todavía tenemos, para no olvidar, parte de los esbirros con discursos ofensivos dirigiendo nuestro destino ¿Realmente creen que este es un momento de hablar de perdón? Que lo logren los santos el resto no podemos.

Necesitamos tiempo y tranquilidad para poder elaborar nuestro duelo, eso no se improvisa basta entrar a las redes sociales para palpar la rabia que hay. Es cierto que debemos ir amortiguando, digiriendo, diluyendo el malestar si queremos volver a construir un país con sus contradicciones inevitables, pero con la armonía necesaria para el acuerdo y el trabajo en común.

 

4 de febrero de 2026

Vergüenza

 

Hieronymus Bosch


De una forma u otra todos estamos un tanto perdidos en nuestra nueva realidad. Actuamos en un escenario distinto que es absolutamente novedoso en el mundo. Un país con una caricatura de liderazgo que solo espera órdenes de un mandatario extranjero pero que vocifera que no sigue órdenes de nadie que es independiente y soberano, es una situación desquiciante. No, porque nos digan mentiras a ello ya estamos acostumbrados, son 27 años interpretando los cuentos y ficciones. Lo que es desconcertante y hasta resulta vergonzoso es tener que estar pendientes de los discursos y declaraciones que se emiten desde la Oficina Oval para conocer nuestro destino. Es vergonzoso y desconcertante que nuestro dinero tenga que ser controlado por una administración extranjera porque este país es un nido de ladrones.  Es desconcertante y vergonzoso que además lo festejemos.

Como no entender el festejo después de haber pasado largos años llevando una vida miserable, maltratados y torturados por pensar distinto. Siendo robados y recibiendo sueldos y pensiones ofensivos. Siendo lacayos de la peor expresión dictatorial del mundo que a la hora de la verdad volteó para otro lado. Como no entender el festejo si se llevaron y mantiene encarcelado a un dictador sanguinario y despiadado. Él y su esposa deben ser juzgados y despojados de todo lo que se robaron, alguna justicia tenemos que reclamar para medio aplacar esta rabia sostenida y acumulada. Una sociedad muy herida necesita tiempo y acciones justas que den alivio. Todos esperamos que se vayan dando esos pasos, mientras tanto la realidad solo muestra al mismo depredador, pero ahora monitoreado, lo que no es poca cosa.

No ha sido, precisamente, la virtud la que ha acarreado dividendos y por tanto lo que ha proliferado es la maldad, la psicopatía, la desconfianza y el cinismo. La vergüenza es un sentimiento ético que solo sienten aquellos que han introyectado una ley, aquellos que reconocen a un otro y que guardan respeto y consideración por sus pertenencias. Pero no es así para el psicópata que es un ser sin ley, el que solo se rige por su avaricia, ira, envidia, soberbia y lujuria. No tienen vergüenza y lo hemos podido comprobar en esta “tierra rara” Maduro sometido por sus carceleros, saludando. Uno de los principales ladrones y destructor de PDVSA, Rafael Ramírez, dictando cátedra a propósito de la nueva ley de Hidrocarburos. Jorge Rodríguez gritando en la Asamblea que ahora si tendremos patria, Diosdado agachado, amenazando y dando órdenes que nadie acata, pero sin tomar distancia, no se atreve y el que se lleva la medalla al cinismo y la desvergüenza es Padrino López, quedó paralizado cuando se llevaron a su jefe y ahí sigue sin ninguna vergüenza, aunque bastante desdibujado.

Han sido malos sin ocultarlo, muy malos ¿qué pretenden ahora? Pasar como reformados, hacernos creer que un bombazo de lucidez los transformó, que ahora si entendieron. No vamos a descansar hasta verlos pagar sus culpas, hasta verlos sentenciados por un tribunal justo. Vamos ahorrarnos la exhibición de cinismo que se está desplegando. Es una etapa dura la que transitamos sin orientación ni ejemplos de otros países.  Es muy duro tener que ver a nuestros verdugos jugando todavía al juego del poder. Duro, porque nosotros si sentimos vergüenza, vergüenza de tener que aguantarnos que sean otros quienes nos gobiernen al declararnos incompetentes. Vergüenza de haber tenido estos delincuentes en el poder por tanto años siendo incapaces de echarlos. Ahora tenemos que vivir esta realidad, vamos a hacerlo de la mejor forma posible, organizándonos para en un futuro tener la probidad y conducción eficiente en casa. Eso solo se logra con una adecuada negociación política.