18 de marzo de 2026

Transición repentina o gradual

 

Zdzislaw Belksinki


Tanto Gramsci como Hannah Arendt coinciden en que la transición política de un sistema a otro es un proceso gradual. Un tiempo que puede ser largo en el que se debe ir construyendo una nueva hegemonía cultural y política dentro de la sociedad civil, es decir, una nueva voluntad colectiva. Para que ello suceda es indispensable que se lleguen a acuerdos entre los diferentes sectores que están en juego, se produzca el difícil logro de un entendimiento nacional. Esto no sucede por un decreto sino por la convicción de las fuerzas en juego de su necesidad. Una hegemonía política que muestra en todas sus manifestaciones su decadencia y que implosiona en sus componentes intentará salvar alguno de sus privilegios disfrutados. Y los nuevos aspirantes van astutamente acomodando sus ofertas, surgen, entonces, los monstruos como bien señaló Gramsci.

Es un interregno muy inestable y en que se manifiesta la sociedad civil (escuelas, iglesias, medios, universidades, sindicatos) con sus pliegos de peticiones que tenían congeladas por las fuerzas políticas autoritarias. Slavoj Žižek al igual que Gramsci lo define como un tiempo de monstruos, es un período en que el viejo sistema ha perdido legitimidad, pero aún no se ha formado uno nuevo. Apenas estamos dando las primeras manifestaciones de un acuerdo nacional con cierta fuerza que exige conversar con los dueños del circo y no con los enanos. Las primeras manifestaciones de que la política y por lo tanto el futuro de un país lo deciden sus ciudadanos y no un mandón extraño. Si hemos visto monstruos de todos los colores y tamaños nos tenemos que preparar para los que aparecerán.

El cambio, que ya es inevitable, vendrá de esa gente que se manifestó en la calle, de un José Patines que envuelto en la bandera nacional les habló a los diputados ayer en la Asamblea Nacional. Un hombre humilde que sabemos que ha sufrido y que con propiedad les echó en cara, a seres mudos y perplejos, que se dejen de ese cuentico que ser pobre es bueno y ser rico es malo mientras andan en sus camionetas de lujo. Pudimos presenciar escenas inverosímiles como la de policías que no mostraron resistencia ante el avance de la marcha hacia el congreso. El poder déspota que por tantos años nos doblegó y maltrató solo está, ahora, fingiendo una autoridad que no poseen.

No estamos todavía en un período de transición, pero esta semana que pasó se comenzaron a producir las primeras manifestaciones de la sociedad civil. ¿Será que los venezolanos por fin entendimos que esta es nuestra casa? Veremos. Mientras tanto y por un tiempo viviremos en la incertidumbre de no saber si se desalojará a los “okupas” si tenemos que compartir con ellos las mesadas, el poco alimento que tenemos en nuestros almacenes o en las minas y subsuelo. Mientras tanto crece el caldo de cultivo para el extremismo, el autoritarismo y los cambios de discursos sorpresivos es decir surgen “los monstruos” políticos. Viviremos en desorden que nunca se saben hasta donde llegarán. Es un vacío que se convierte en un campo de batalla y luchas por el poder. Solo a través de negociaciones se puede intentar el logro de un nuevo orden.

Tiempos de epidemias en los que gérmenes oportunistas van a encontrar terreno propicio. Tiempo peligroso e impredecible que quisiera fuera dirigido por acuerdos políticos con sensates.

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