6 de octubre de 2021

Impunidad y consecuente descomposición

Fernando Botero


Según un estudio de Transparencia Venezuela del 2020 Venezuela es el país con mayor índice de Percepción de corrupción en América y el Caribe, y ocupó el quinto lugar en el mundo. No podía ser de otra manera, poseemos todos los factores indispensables para que la corrupción campee a sus anchas. Una democracia derrotada, un sistema de justicia inexistente, una educación expoliada y los valores humanos despreciado como lo es la vida misma. Nada es controlable porque las instituciones son inoperantes, persisten unas pocas que solo mantienen las apariencias. Se viene a Venezuela a robar como tantas denuncias lo están sacando a la luz con pruebas. Lo que sospechábamos ya es certeza.

No podían quedar al margen los protagonistas de las últimas odiseas, no del espacio, sino de esta maltratada tierra. Los chicos del fracaso, los que pasaron de ser unos héroes a convertirse en bandidos desenfundaron sus cada vez mas grotescas armas. Llueve de este modo vergonzosas actitudes tratando de asirse a alguna roca firme que no les queme las manos. Espero que a estas alturas no puedan volver a hacerse de un nuevo disfraz. Creo que ya agotaron sus hazañas y el público no compra esas entradas.

Habermas habla de un marco internacional de tensión por lo complejo de la problemática. Las destrezas para el desfalco con la nueva tecnología y un capital que se ha vuelto electrónico están superando toda medida de control. Savater afirma que esta es la gran problemática más que la corrupción en sí.

El ser humano sin trabajo y amenazado con una hambruna quiere por cualquier medio proporcionarse alguna seguridad de supervivencia. Un círculo vicioso, un ser inseguro y con miedo no es proclive a defender la democracia ni a comportarse como un demócrata. Mientras menos democracia, menos justicia y mayor corrupción de todo orden. Se llama un proceso de corrupción a un cuerpo que se descompone al no tener vida, el cual acostumbramos a esconder de la vista humana por ser una imagen que no soporta nuestra psique. De la muerte no hay representación inconsciente. Por algo utilizamos la misma palabra para referirnos a la corrupción en una sociedad que apunta a un cuerpo social en descomposición. Igual su visión y olor nos resulta repugnante. La corrupción desnaturaliza toda relación y las organizaciones muy jerarquizadas son más propensas a ella.

Aquí volteamos a vernos con seriedad en lo que se ha convertido la vida de cada uno y la necesidad de hacer una verdadera política, a enseriarnos con nuestras obligaciones y derechos como ciudadanos o terminaremos todos perdiendo la brújula de la existencia y del buen pensar. Eso que llamamos “los políticos” deben ser de inmediato borrados de nuestra historia para poder continuar el camino. Debemos también entender que la responsabilidad política la tenemos todos. “La vida no se divide entre los ciudadanos y los políticos, ni los políticos son una secta que ha llegado en un platillo volador para fastidiarnos la vida a los demás. Los políticos somos todos y no tomar en cuenta esa dimensión es un error que trae graves consecuencias, como estamos viendo” Si eso lo está viendo Savater en España saquen ustedes el cálculo de lo que estamos viendo aquí.

No debemos restarle importancia a estas denuncias, nos están hablando de la descomposición a la que hemos llegado. Luchar para que cese la impunidad, no se puede tolerar y mucho menos justificar. No tendremos un país pacificado hasta que no veamos a la justicia operar.

 

29 de septiembre de 2021

Pensar y decidir

Denis Frémond


El miedo le ganó la partida a cualquier otra consideración de índole humanitaria. El ser humano se siente amenazado por muchos factores y por ello se inclinó en ir cerrando cada vez más sus sociedades. Exclusión, xenofobia rigen las mentalidades de la mayoría que luchan por edificar sus fortalezas. Se organizan instituciones que excluyen a los países que se consideran peligrosos y avasallantes, prefieren el aislamiento en un mundo que no puede huir de una economía interdependiente. Ya no es posible una nación autárquica, de una forma u otra dependemos de tecnologías desarrolladas en otros países, de los cultivos y producción alimentaria, de la salud y elaboración farmacéutica. De la creación artística, de la moda y las ideas.  En un mundo global el hombre sintió miedo y se protege. Las personas olfateando al otro que imaginan peligroso y acecha.

Cerramos las sociedades en tiempo de emigrantes. Advertía Karl Popper que en las sociedades cerradas los seres humanos no son libres, se encuentran sometidos a un colectivo como suele observarse en las organizaciones tribales. Circulan creencias mágicas y se multiplican los mensajes de terror. Como suele pasar cuando no se piensa, buscando protección encontramos aumentada la incertidumbre. Este hecho es fácilmente perceptible en nuestro entorno. Aislados de nuestra comunidad natural -el mundo occidental- quedamos en manos perversas que infligen daño sin ningún pudor. Los mensajes de terror que circulan son dignos de cualquier guion de una película de terror. Yo tengo toda una gama de insensateces que me trae la señora que limpia, que de nada vale que le explique que eso no es cierto.

 Rigen los tabúes cada vez mas cercanos a cualquier aspecto de la vida sin que tengamos posibilidades de cuestionarlos efectivamente. No hay crítica que sea oída, una vez introyectado el terror romper ese muro tiene que venir de la duda del propio creyente. El pensamiento crítico y la duda parecen en vías de extinción. Se trata del “monismo mágico” como lo denominó Popper. América Latina pareciera encaminarse a un tribalismo en contraste con el humanismo que debe predominar en comunidades abiertas, en donde es posible pensar y decidir después de haber considerado alternativas. Es posible elegir la vida que se quiere vivir, aunque siempre se tendrán limitaciones, son inevitables. Este estado de cosas que vivimos no vinieron solas o por mala suerte, las tenemos porque por no pensar nos zumbaron por ese precipicio, al mejor estilo tribal. Es el desafío que ahora tenemos como sociedad, “elegir”.

Característica de las sociedades cerradas es apelar a la emocionalidad, no le interesa los derechos individuales y rechaza la necesaria tolerancia. No es bien vista la opinión personal ni las decisiones individuales porque suelen ser objeto de calificaciones moralistas y termina, de este modo, imperando el odio para todo aquel que se aparte del clan. Estas sociedades cerradas derivan, inevitablemente, en sociedades totalitarias, adoradoras del líder. El desafío que tenemos como sociedad y como individuos es constante, pensar para elegir en cual mundo queremos vivir. No es suficiente declarar principios, tenemos que actuar, siempre teniendo en cuenta las diferencias y rechazando de plano el pensamiento único. Que nadie nos quite nunca el derecho a pensar y decidir, es el reto.

 

22 de septiembre de 2021

Inercia ciudadana

Andrew Wyeth


Cada día nos encontramos más sometidos a un poder déspota con manifestaciones delictivas. Sumidos en una resignación, impotentes e inactivos sufrimos maltratos producto de una falta total de control y límites de los poderes otorgados. Nada funciona y callados pagamos por la inoperancia. Sándor Márai lo describe en su libro “Tierra, tierra”, ante la pregunta qué quieren los invasores se responde: “quieren nuestra alma” palabras que me retumbaron como un estallido y nunca olvidé. Lo vemos en toda su manifestación, nos arrebataron el alma, lo lograron, Venezuela se retuerce sin alma, sin vida. Los ciudadanos andan como zombis, sin deseos, sin derechos y rebotando responsabilidades. Mucho se escribe sobre este terrible hecho en nuestros días. Nelson Chitty La Roche lo manifiesta como “una apatía, desinterés, anomia ciudadana que lo facilita”. No batallamos ya, nos dimos por vencidos.

Decidimos vivir sufriendo los atropellos porque nos convencieron que no tenemos remedio. Las causas de cada una de las injusticias que se señalan están lejos, son inalcanzables y por lo tanto es imposible romper esa conexión causal. La responsabilidad no es compartida, cada función que ejercemos requiere conciencia de un lugar, ese lugar hay que ocuparlo con responsabilidad. Si todo lo situamos lejos no alcanzamos nada. Es el Sistema concluimos sabiamente y así lo dejamos, no es el ladrón que me cobra exageradamente porque necesito de sus servicios. Hay que derrocar al usurpador, pero no sabemos cómo y con qué. Siguen pasando los días y cada vez nos encontramos más debilitados. Tiene mucha razón Carlos Ñañez cuando afirma “Nada nos anula más como seres humanos que decidir no actuar, mantenernos al margen y aceptar, amoldarnos cual piezas de barro a la decisión de un alfarero perverso al rigor de lo externo, del curso que sobre nuestras vidas asuman los demás”

Nuestra peor opción fue resignarnos y pareciera que lo lograron. No hay conexión entre la política y nuestras emociones, las mataron a fuerza de desengaños. Perdimos el arraigo, el sentido de pertenencia, nada es nuestro ya, dejamos de reconocernos y querernos. Despues de vivir muchos años en un lugar se iban conociendo las personas y se establecían vínculos amistosos, con tu panadero, carnicero, en el automercado, el bombero, plomero, electricista, carpintero y ni hablar con tus médicos, maestros y profesores. Se fueron, ya no están y todo el mundo es nuevo y hosco. Te hablan porque uno se impone, pero con fastidio, sin interés. No se está interesado en resolverle un problema al otro, se está interesado en obtener la mayor cantidad de dinero posible. Tenemos que andar a la defensiva y desconfiados. Esto es producto de no sentirnos próximos.

¡Has pasar hambre y tendrás seres sumisos! conocen bien la receta. Nos arrebataron el alma, las Universidades, las trayectorias, los logros y las propiedades. Todo nos fue expropiado. Ahora solos, presos, envejecidos, cansados decidimos tirar la toalla. Cumpliendo la profecía del famoso tango de Santos Discépolo “Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor Ignorante, sabio o chorro, pretencioso estafador. Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor” Volteen a ver y a sentir la emoción que emana de una sociedad y sabrá qué tipo de sociedad se está conformando. Seres serviles y pedigüeños, nunca lo hubiese creído del ciudadano rebelde que conocíamos. Fue mucho lo que perdimos junto con la democracia, la libertad y la autonomía.

El camino que tenemos por delante es largo y complicado y muy amenazado por nuestras debilidades. Pero la única manera de avanzar es concientizando los síntomas que estamos manifestando. Tenemos que devolver la seriedad a la política y denunciar el despotismo de las autoridades en todos los lugares, aunque se sienta que se pierde el tiempo. Al menos que sepan que no somos fáciles. ¿Será tarde? No lo sé, pero hay que intentarlo.