11 de septiembre de 2024

Resistencia

 

Hieronymus Bosch


El movimiento social y la resistencia de los ciudadanos son piezas claves en esta lucha que libramos por hacer respetar los resultados electorales. Pero en seguida surge la pregunta por el significado de resistir en este contexto. Indudablemente no solo se trata de una pasividad no violenta y el dominio de las emociones. Debemos entender que resistir son acciones menos vistosas pero eficientes. Lo primero a destacar es una posición de rechazo a una autoridad no reconocida pero que sigue contando con la fuerza para obligar, perseguir y penalizar a personas desarmadas. Son capaces de cualquier atrocidad porque actúan fuera de la ley. Pero la gran debilidad que se les podría presentar es que la mayoría de la población le negara su cooperación.

Para acciones de este tipo es necesario contar con organizaciones, partidos políticos, gremios, sindicatos y como sabemos esas organizaciones prácticamente desaparecieron en Venezuela. Contamos con agrupaciones mas o menos informales de profesionales afectados. Médicos, maestros, universidades, estudiantes y algunos partidos políticos que no han sido desacreditados. Organizaciones débiles todas ellas porque por lo que hemos visto ha sido fácil desarticularlas o penetrarlas. Líderes que se venden o personas políticamente improvisadas que solo los impulsa la rebeldía y la rabia hasta que reciben el primer “palazo”. Contamos solo, como fuerza incuestionable, la cantidad de gente de todos los sectores que fuimos contados en las elecciones.  

Todo poder es poder porque una gran mayoría se lo otorga, dejarlos de reconocer es socavar sus bases, de esta forma se les niega el apoyo básico que requieren. Si dependen de la obediencia y cooperación de la población comencemos por quitarles estas bases y dejarlos sin autoridad. Los tiempos cambiaron la dictadura arrecia y la “resistencia” actúa como que todavía es posible conciliar, con el falaz argumento de que “hay que dejar un precedente”.

El poder del gobernante depende íntimamente de la obediencia y cooperación de la población. Todo gobierno requiere de autoridad y la clave está en la disposición y en el consentimiento. Si se retira la lealtad dejaremos de obedecer. No tendrán un reconocimiento voluntario. Sería la verdadera determinación a ser libres, esa es la resistencia. Se requiere de una planificación estratégica y no dejar las decisiones cruciales al azar y perder ante unos tiranos porque estamos más cerca que nunca de alcanzar nuestros objetivos. Es muy difícil nuestra posición porque las fuerzas del orden público las poseen los impostores. El dictador basa su autoridad en la obediencia de la gente que incondicionalmente conforman la plutocracia y de los que poseen las armas.

En La Condición Humana, Arendt, hace hincapié en el poder, cuando nos dice que El poder sólo es realidad donde palabra y acto no se han separado, donde las palabras no están vacías y los hechos no son brutales, donde las palabras no se emplean para velar intenciones sino para descubrir realidades, y los actos no se usan para violar y destruir sino para establecer relaciones y crear nuevas realidades adquiramos ese poder y seamos coherentes con las palabras y el acto, para estar en condiciones de crear una nueva realidad.

 

 

4 de septiembre de 2024

Nueva realidad

 

Remedios Varó


Tanteando y dubitativa comienzo a garabatear unas líneas después de un largo descanso. Me siento ante una nueva hoja en blanco exigiéndome ser más cuidadosa a la vez que me pregunto y ¿cómo se hace eso? Nunca había tenido la clara sensación de un villano respirándome en la nuca. Me acuerdo del libro de Sándor Márai “Tierra, Tierra” y se me hace muy clara la posibilidad. La maldad le respira a uno muy cerca, desgarra, pero también aburre. Si, la maldad repetida, sin imaginación además de irlo matando a uno, sumerge en un letargo por lo predecible de las reacciones. Solo hay dos posibilidades u odias o te pasas al bando de los perdona vidas, juegas a la tolerancia. En ambas posiciones se pierde, no hay elección sin pérdida, pero no hay otra salida personal cuando se vive al borde del abismo. Estamos muy cerca y las amenazas rebotan en las almohadas noche tras noche como un martilleo.

Me esfuerzo por penetrar en esas mentes siniestras, quiero entender. Algo me lo impide, siento una barrera limitante que me advierte que todo tiene un límite, que no debo traspasar sin sentir un vértigo que me asusta. Me despojaron de mis arraigos, me quitaron los que más quiero y todavía los veo con sus caras burlonas, retando. Vayan a otro con ese cuento que odiar es malo. Es mi sentimiento, me pertenece, también es mi deseo y mi precaria defensa ante el descarado fraude del que fui objeto. Como Milán Kundera me pregunto ¿qué quieren? Quieren mi alma ciudadana, me quieren despojar de pertenecer a un colectivo, de pensar y querer un futuro amable y justo. Éramos personas libres que fuimos masacradas por una maquinaria perversa. Nos vamos tornando irrelevantes si no podemos defender nuestra tierra y nuestro derecho.

El silencio es una opción, no descartable, por cierto. Es parte del recorrido natural de una tragedia. Tenemos múltiples posibilidades, hablamos, soñamos, fabulamos, escondemos entre líneas y callamos. Escondemos quienes somos, la cual es nuestra verdad más fehaciente, pero que nos es íntima. No queremos y no podemos revelarla a nadie y sin embargo esas es nuestra verdad. Es esa verdad perversa de otros lejanos a la humanidad que tortura y mata silenciosamente. Esa verdad sobre su ser no fue vista y no espantó en su oportunidad ¿Fue ignorancia o falta de sensibilidad? Debemos saberlo. Milán asegura, en su libro, “cuando la gente comprendió que no valía la pena esperar a nadie ni a nada, empezó a odiar”.

Nos decía Luis Castro en su famoso discurso ante el Congreso en 1998 “Confieso entonces, como Roscio, que estoy ansioso por criticar tantos prejuicios malos que la sociedad ha entronizado como creencia para caracterizar, denigrando, la idea de la política y la seriedad de su práctica. Digo que es la sociedad la que los ha creado porque es esta sociedad la que tenemos la que Concibió estos prejuicios, la que los ha hecho propios y ajenos, la que tira la piedra de su moralismo y esconde la mano de su responsabilidad” Hasta que no sepamos quienes somos nos será mucho más difícil encontrar nuestro propio camino sin fanatismos.

Dimos, al fin, un paso serio, digno y necesario acudimos al llamado electoral. Fuimos, cuidamos los votos y lo más importante cuidamos la verdad expresada en las urnas electorales. Es el primer paso para la construcción de la República y para un sistema democrático. Es nuestro esfuerzo, nuestro logro que nos quieren arrebatar. Ahora es cuando más necesitamos ser, fundamentalmente, racionales y certeros.

3 de julio de 2024

Las despedidas

 

William Haskell


Tantas posibilidades nos obligan a ir dejando en el camino algunas de ellas. Con dificultad e incluso con dolor vamos diciéndole adiós a tantos sueños y a tantos seres queridos. Se nos van abriendo boquetes y agriando la vida y por momentos nos atrapa el malestar. No se vive sin dolor, sin pérdidas, sin un constante adiós. Pero tampoco se vive sin proyectos propios conectados a los más íntimos deseos. No se vive sin pasión, sin recuerdos y sin visión de un futuro. Vivir no es fácil es un inevitable y pedregoso camino. Ese impulso vital de labrarse la existencia en libertad nos exige, al mismo tiempo, el dolor de la pérdida. “Para que un mundo nazca, otro ha de morir” nos advirtió, con sobrada razón, Herman Hesse.

Freud decía que el ser humano desde que nace está en una continua evitación de la pérdida y por esa lucha inútil contra lo inevitable, enferma. Agarrarse a lo que ya no puede ser es, en cierta forma, enloquecer. Comenzar a delirar con una realidad que ya no existe, comenzar a dialogar con el que ya no está, confundirnos con la imagen, no saber que eso es un espejo al que ya no es posible ofrecerle la misma figura. Si no se acepta este devenir, esta inseguridad que proporciona la inestabilidad, al querer negarla u ocultarla solo se engaña a si mismo, porque lo demás sigue su curso y avasalla. Esas bellas palabras que le dice Alfredo a Totó en Cinema Paradiso, “es necesario cerrar viejas puertas para que se abran las nuevas” lo invita a no encerrarse en la nostalgia y a no regresar. Lo invita a amar la vida como amó su sala de cine. Duele profundamente, pero esa es la vida.

Estamos próximos a una despedida, no sabemos todavía cual será, pero dejaremos atrás a los grilletes o dejaremos atrás la libertad. Es una elección, en toda elección forzosamente hay una despedida. En esta particular puede ser que nos toque una despedida con alegría. Puede ser, no lo sé, lo que sé es que lo deseamos febrilmente. Quizás dejemos atrás lo que ya no toca, por agotado y corrupto. Lo verdaderamente traumático será que no se de y sabemos que persiste como posibilidad remota, pero persiste. En todo caso habrá dolientes, se abrirá un boquete en lo real y los imaginarios tratarán de rellenar ese espacio. Abundarán los cuentos y el ruido tendrá un aumento exponencial. Hasta que lo simbólico reordene nuevamente nuestro cuento, nuestra historia que no cesa de escribirse. Trataremos de afrontar y calmar las angustias de tantas pérdidas.

Freud en Duelo Melancolía define a la vida como un conjunto de pérdidas y al duelo como la reacción ante las pérdidas de personas queridas, de una abstracción equivalente como la patria, la libertad, o un ideal. Todas las hemos tenido en estos largos y tenebrosos años y no nos ha sido posible la elaboración del duelo, no hemos encontrado nuevas simbologías porque el ambiente no ofrece las palabras apropiadas. No nos ha sido posible el espacio tranquilo que nos permita escribir un sueño.

Con estas palabras me despido hasta setiembre porque quiero oír que me grita la realidad y escribir mis sueños que me den el piso que perdí. Deseo con toda mi alma que tengamos éxitos en el camino escogido de libertad.