14 de marzo de 2017

Esto no es natural, es evitable




Una pregunta llena de reproche e indignación ¿es que aquí hay que hacer cola hasta para salir del mercado? Una respuesta llena de años, cansancio y resignación “Si señora, esa es la vida” Se podría dejar pasar y descalificar al interlocutor como ignorante y seguir el camino, pero en estos tiempos las preguntas constantes no descansan. ¿De qué se trata esto, resignación o es una manera de concebir la vida? ¿La vida se entiende como un efecto natural, como un accidente telúrico? ¿No hay contraste de un antes y un después? ¿No tenemos historia? ¿Cuántas personas piensan y por lo tanto viven así? Uno se queda con el alma rota y las esperanzas descienden unos cuantos peldaños. Además de hacer colas para todo y andar cuidándose de los menores movimientos porque los depredadores acechan, el entusiasmo comienza a arrastrar los pies. La resignación parece haberse expandido y la acción, la indignación y la rebeldía truncados por aceptación. Es uno de los desastrosos resultados del desamparo.

La sociedad parece haber perdido las herramientas para saber qué nos está pasando, para pensar en colectivo tanta vejación, desacierto e irrespeto. No hay discursos que sostengan un intercambio posible, muy lejos estamos de una sociedad como la soñada por Habermas, las personas que hablan y se escuchan, que se fijan sus normas y que luchan por trascender juntos una situación aberrante, las sociedades de la “comunicación discursiva” A las buenas de Dios, a la espera de milagros, un acontecimiento natural, un ciclón, un terremoto, un tsunami, que le dé un vuelco al sufrimiento. Por supuesto que vivir así es andar en la dirección a la que empuje el viento, igual viene más tarde un ventarrón en contra que revierta todo el trayecto recorrido y nos vuelva a situar en el punto de partida. Aquel que te da las fuerzas para vivir como tú quieres también te la puede quitar cuando se le antoje. Todo menos emprender el trabajo más difícil, tener opinión propia con la difícil tarea de armarse de un pensamiento reflexivo y dotado, dispuesto al intercambio y a la acción política. El camino expedito para las desintegraciones sociales.

Son infinitos los problemas a resolver, comenzando por la formación de los individuos que podrían construir una sociedad con un mínimo de conflicto y un máximo de justicia y orden. De allí que no fue baladí el esfuerzo por la destrucción de la capacidad reflexiva y discursiva de los ciudadanos y el haber limitado las reuniones entre personas afines en una suerte de toque de queda no decretado. Están limitados los intercambios de opiniones y de conocimiento en las instituciones universitarias acechadas por el hampa y diezmadas por la huida de los profesores. Las personas ávidas y apasionadas por el saber han encontrado un gran aliado en las redes sociales donde se encuentran los escritores que están ofreciendo líneas de pensamiento de gran interés e indispensables para poder seguir con luces entendiendo este oscuro presente y vislumbrando un posible amanecer para todos. Emociona sin lugar a dudas tantos talentos que persisten luchando. Esos yo fuertes que hacen un nosotros como bien señala Fernando Mires.

Hay que darle una vuelta a la manera como estamos viendo nuestros fracasos. A lo mejor no hemos podido conformar un grupo poderoso y cohesionado de dirigentes políticos, que contrarreste la barbarie, porque no hay una sociedad que esté contribuyendo con  posturas firmes, pensamiento crítico y bien documentado. Una sociedad que haya sido alimentada con procedimientos efectivos de transmisión, no se ha formado opinión, solo observamos reacción y llamados de protección. El sentimiento resignado y el deseo de amparo producen síntomas de agresión, odio y derrota; destruye las únicas herramientas con las que se cuenta en la democracia, tú y yo que hacemos sociedad y debemos defenderla. El espacio público político solo puede cumplir su función si hay canales de comunicación con los afectados, si sabemos expresarnos y somos oídos por los encargados de reconocer y discernir con criterio los problemas comunes por los que atravesamos. De esto carecemos, ni nos sabemos expresar con madurez y criterio, ni somos oídos por los que están más ocupados por asuntos de estrategias de liderazgo. Cuando hemos advertido que se falla en la comunicación, no estamos advirtiendo por un asunto de formas sino por el único canal del acuerdo y de la acción concertada. No son órdenes de acción lo que conforma a los ciudadanos comprometidos con su destino. No se pone en juego el lenguaje y la ética coordinada y asumida por sus ejecutores, son solo ejercicios de calistenia y un desgaste de fuerzas innecesario que contribuyen más a la resignación y la desintegración.

No, querido amigo esto no es la vida. Esto es un padecimiento que era innecesario, esto es un retroceso de todo lo que habíamos logrado, esto es fruto de la ignorancia, de la resignación y del pensamiento mágico. La vida la tenemos que construir con creatividad, ganas, amor y esperanza. La vida es respetarnos y ayudarnos, resolver problemas y llorar por nuestros fracasos y pérdidas. La vida es disfrutar y tener dignidad. La vida se hace sabiendo que se puede con determinación y carácter, la vida es decisiones y valentía para ejecutarlas. La vida es un yo fuerte y un nosotros deliberando. La vida es la libertad de escoger como queremos vivirla. Ahora lo que estamos es sufriendo a autoritarios aberrantes que le están a usted dictando las normas para subsistir. La vida no es una cola con su cansancio y dolor reflejados en su mirada. Esto no es natural, es evitable.



                   

8 de marzo de 2017

Cuéntame que hiciste ayer




Fernando de Szyszlo hace una declaración a la que habría que prestar atención “Ahora ya no combatimos a Stalin sino a la banalidad en la que vivimos” Al hacer esta aseveración se refiere principalmente al arte y a los vínculos que los seres humanos establecen entre sí. El amor y el sexo se han banalizado, vulgarizado, desprestigiado y como resultado el arte se ha vuelto también banal. Los sociólogos, escritores, filósofos de nuestra época coinciden en el mismo diagnóstico, es así como en general pronuncian una grave advertencia, no hay ideas, razonamientos relevantes, formación de ciudadanos conscientes para poder ejercer la democracia. Masas dominadas por el espectáculo y la propaganda advierte Andrés Sorel. Es el mundo líquido de Zygmunt Bauman. En este escenario de poblaciones adormecidas avanza, sin contratiempo, un nuevo fascismo sin que nada pareciera detenerlo. No importan los sedimentos para una vida digna, la libertad, el respeto, la responsabilidad; solo el impacto de la imagen, el cuerpo perfecto, el escenario de prestigio están constantemente invadiendo el pensamiento de seres apurados que no quieren ver o no les importa, lo que tienen a su lado. La cultura desplazada por el espectáculo (Saramago)

Si las experiencias no dejan huellas en la vida de nada sirven, no se conservan en la memoria, no transforman, no hay reflexión sobre ellas, es igual a que no haya pasado nada. Es lo que Walter Benjamín denominó “la crisis de la experiencia”  Es por ello que el contar es importante porque supone una reflexión sobre lo que ha sucedido. “Cuéntame que hiciste ayer” “nada” es la respuesta inmediata si no se han realizado actividades fuera de la rutina, de lo casero, lo sencillo. Solo catalogamos como digno de relatar lo extraordinario, los grandes acontecimientos. De allí la queja generalizada que se oye por las calles “aquí no pasa nada” de allí el tedio que nos embarga, el cansancio por habernos detenido solo a esperar que un solo acontecimiento suceda, es lo único que queremos y no importa cómo, eso sí que sea Ya. Mientras tanto los actores se desplazan por el mundo y el país con sus cámaras y equipos de video, grabando todo, posando. Como muy bien advierte Víctor Krebs perdemos ese contacto personal con la experiencia y con los otros seres con quienes tropezamos. Es este el verdadero significado de lo banal, que no nos toque lo más cercano.

Cuéntame que hiciste ayer… esas interacciones con los de casa es lo importante porque desde allí se desprende lo demás. Estar sumergidos en esos actos sencillos, prestarle la veneración que requiere acostar a un hijo, jugar, reír, cocinar, cantar, bailar, mirar la televisión, arreglar el jardín. Leer, escribir…. El mayor sufrimiento que padecemos es como esas costumbres nos fueron arrebatadas, la tranquilidad y el descanso alterado.  En esas intimidades encerradas en casa está sucediendo lo importante, las neveras vacías, los niños abandonados, los ancianos desasistidos y deprimidos. Las cuentas que no cuadran, las angustias calladas. Cuando esa intimidad es alterada, cuando nos despertamos con un cansancio y dolor en el alma, cuando tenemos que emprender una rutina que no interesa, cuando no se siente amor y el sexo es desapasionado, es allí cuando el infierno nos abraza. Así que quiero que me cuentes que hiciste ayer, para que te detengas a reflexionar sobre esos pequeños y grandes actos. En la batalla por la sobrevivencia está lo importante. En tus pequeñas rebeldías a las que no haces publicidad.

En esa sencilla reunión con los amigos donde la disposición es a pasarla bien, a contar recuerdos, a interesarse por los demás, acontece el milagro que puede llenar los días, evoca sonrisas durante un tiempo, despierta la ternura por la buena disposición y la generosidad. Solo por ello podemos estar agradecidos de tener a esos seres en nuestras vidas. Claude Javeau prestó atención a este aspecto de la vida tan fundamental y lo catalogó de la auténtica sociabilidad, la conquista incesante del presente. Los actos concretos en ambientes concretos. Lo que hiciste ayer no es banal, no tiene por qué ser rutinario ni aburrido si eres capaz de observar los pequeños resultados, la alegría de los que se sientan a tomarse una copa contigo al final del día. Las sábanas limpias, el olor del perfume, la cocina recogida. Lo sagrado que nos mantiene día a día. Cuando esto es tocado por los intrusos autoritarios es cuando una sociedad está herida de muerte y al asesino, quien también tiene la necesidad de refugiarse en una casa, no lo espera la amabilidad porque allí si transcurre la verdadera banalidad. La banalidad del mal (Arendt) Los que provocaron esta anomalía y acabaron con nuestra sociedad.

En lo que hiciste ayer está la generadora de las significaciones, de allí surge el arte, los relatos, las novelas, el cine y la pintura. En lo cotidiano está el lugar de la creación. El desorden y la maldad contaminaron la cotidianidad “como la mentira recorre toda verdad, la inmoralidad toda ética y el mito toda ciencia” (Javeau) Falta una dimensión a nuestra vida actual al quedarnos esperando un solo acontecimiento, descuidamos lo que hicimos ayer y así pasan nuestros días en el sufrimiento por las banalidades de los autores de hechos despiadados que se hicieron espectáculos e invadieron nuestros hogares. Cuidemos nuestros deseos y nuestros miedos en una casa que no pierda la estética del verdadero encuentro. Así que cuéntame que hiciste ayer a mí me interesa.


28 de febrero de 2017

Un juego macabro




Carnaval, época en la que se luce con desparpajo nuestra doble condición entre el parecer y ser. Escojamos el disfraz, el que se acomode más a nuestra inclinación, el que sepamos vestir con mayor naturalidad, el que se adapte con comodidad a nuestra piel, a nuestro ser. Aquel que en realidad hemos llevado todo el año con cierto disimulo, hagamos de él una exhibición de ingenio, aunque al fin y al cabo no sea original. Aunque cada vez más seres lo ostenten sin reconocerse unos a otros, sin saber quién se llevará la medalla y reconocimiento como el mejor de la temporada. El parecer debe tener cierta moldura desde el ser, si no es así uno se arriesga en pasar como mamarracho, un ser sin contenido para mostrar su impostura, en definitiva un mal disfraz. En realidad el Carnaval es el tiempo de quitarse las máscaras y hacer del disfraz una desfachatez. Prestemos atención a lo ominoso que hay en el interior y escojamos los colores y lentejuelas para el desfile que espera. No todos podrán, pero muchos, demasiados más bien ya están entrenados y poseen el arsenal propio para esconderse detrás de fachadas oscuras que ocultan la realidad y prometen magia.

No es época de andar pensando, en ser racionales. Si al fin y al cabo cada vez somos más salvajes e inhumanos porque vamos a esforzarnos mucho en estos días, no tendría ningún sentido. Escojamos nuestros mitos, aquello que hemos intuido en nuestra existencia como lo más íntimo y que no tenemos forma de expresarlo con el lenguaje y de forma comprensible,  pasaríamos simplemente como locos y nos haría muy vulnerables. Si ha cargado con la sensación de que el mundo es deudor por no haber reconocido su grandeza, de que no se le ha querido como usted lo merecía; si usted sabe que los otros carecen de lo que afortunadamente a usted le fue otorgado y le sobra. Si posee la íntima convicción que debe destacarse a como dé lugar para, desde su pedestal, poder llevar a cabo su misión redentora, de protección a los otros inferiores y carentes; si siempre ha entendido su radical diferencia con el resto de los humanos, está entonces preparado. Allí tiene su íntima historia, solo falta que la haga propia y se arriesgue a ejercer lo que los dioses le encomendaron. Ensaye en Carnaval, época propicia porque las elecciones aún no están pautadas y no sabremos si las habrá. Es el momento de adornar las carrozas y tirar caramelos.

Pero falta aun lo que podríamos llamar la forma como usted va a contar su cuento. Es de suma importancia que se asegure de una comparsa convencida, uniformada, que le permita a usted llevar la batuta sin rechistar, que se preste a envolverse mágicamente con sus relatos, en fin que lo vea como lo que usted es o quiere parecer, un salvador. Es la parte más difícil, porque debe haber desarrollado ciertas habilidades y tener memoria para repetir las mismas ideas, no muchas. No es necesario que las ideas sean propias, agarre cualquier cuerpo teórico de conocimiento, hágalo religión, no polemice con las ideas y no trate de cuestionar. Son verdades reveladas, no para usted por supuesto quien es el encargado de revelarlas, para los otros perdidos en el mundo y que han obstaculizado su verdadero ser privilegiado. Recoja en el ambiente los prejuicios esparcidos, ese lado oscuro que tiene toda sociedad y haga que la comparsa los convierta en principios que rijan sus acciones. Rompa toda armonía, póngalos a pelear con otras comparsas u otros seres más rebeldes que quieran pensar por sí mismos. No permita de ningún modo que se cuelen o se junten con sus aliados, defienda su real fortaleza. Hágase cómplice de los temores e incertidumbres esparcidos y prometa un mundo mágico de bienestar colectivo. Recuerde que su enemigo principal está en el saber, el pensamiento y la racionalidad. Arrase con ellos y llegue tan lejos como le sea permitido. Recuerde siempre su máscara es para los otros.

Si los otros ofrecen obstáculos genere terror. Ayuda ciertas insignias guindadas en su carroza, coloque ojos que den la sensación de omnipotencia, usted todo lo ve y todo lo sabe, que nadie se equivoque. Hágase de un muerto emblema, reproduzca su voz por los altoparlantes, finja que se comunica con usted y da órdenes sobre el destino de esas comparsas. Una voz que viene del más allá tiene mucho poder sobre los pensamientos mágicos que ya usted ha debido alimentar lo suficiente. Esparza su imagen en grandes dimensiones y entre nubes, que no se pierda la noción que está en un lugar del Olimpo. Arrebate lo que no es suyo y de la sensación que el mundo le pertenece por derecho otorgado desde su nacimiento, al fin y al cabo usted es superior y los simples mortales tendrán que pagar por sus pecados de no haberlo reconocido. ¿Cómo fue posible que su mamá no lo quisiera? ¿Cómo fue posible haber crecido en una casita humilde y sin los privilegios propios de su condición? Deberán pagar con penurias y muertes para que aprendan. Haga daño, total usted siente que lo dañaron. Allí tiene la receta y disculpe si se me pasó algún detalle, total pertenezco a la clase de personas comunes y corrientes.

Eso sí lamento informarle que el Carnaval no dura para siempre, que llega un momento que los disfraces se hilachan y las máscaras caen. Usted quedará al descubierto tarde o temprano. Entonces esté preparado para correr porque es muy grande el odio que generó. Es muy grande el dolor causado. Prepárese también para el momento en que baje el telón y se encuentre solo en su camerino, cuando el silencio y la soledad lo acompañen porque su comparsa dará la media vuelta y se irá cada quien a construir su propia vida desperdiciada. Llegará sin remedio el día en que su juego macabro termine.