1 de octubre de 2019

Un pie a tierra

Egon Schiele


Mal se lleva la realidad con el pensamiento mágico. Mal nos llevamos los seres humanos con la realidad y más los habitantes de estas tierras mágicas como lo es América Latina. No pasamos mucho tiempo apegados a los difíciles tránsitos de nuestra vida práctica sin escaparnos continuamente a una fantasía. Tenemos por historia y por el sincretismo arraigado, como producto de la incorporación de distintas creencias, una muy peculiar relación con la naturaleza, con la muerte y con el destino. Abrazamos los árboles en búsqueda de energía. Bailamos los muertos y acompañamos las despedidas con alcohol. Pensamos que mientras más duro hablemos y más golpeado nos expresemos el mundo tomará el rumbo que queremos. Tierras mágicas y llenas de una imaginación muy atrayente y fértil para el mundo artístico. Poco útil y más bien perjudicial cuando nos vemos en la necesidad de organizar nuestras vidas para hacerla, de alguna forma, vivible.

Mientras nos perdemos en un voluntarismo, por lo demás propio de los populismos, ni la riqueza se reproduce, ni la economía se endereza, ni se liberan a los rehenes del régimen, ni el hambre se amortigua. A pesar de esta realidad que agobia persistimos en creer que surgirá un acontecimiento sorpresivo que le dará un vuelco mágico a tanto desacierto trágico. Es que el asalto del que fuimos objeto nos mantiene en un estado somnoliento. Perdimos el rumbo el día que se le dio audiencia a un aventurero pendenciero y se desprestigió al hombre serio y disciplinado con conocimientos y experiencias en sus campos de competencia. Se desplazó al político, al economista, al abogado, al técnico por los brujos y curanderos. Regresamos a los rituales santeros, al hombre que se levanta a media noche a rezarles a las culebras, a cavar fosos profundos para desenterrar morocotas. Se fue la electricidad y aparecieron los fantasmas.

Ahora los millenium que tenemos de políticos van por esos caminos embrujados tomándose selfies, vestidos con uniformes tricolores y levantando esperanzas sin fundamentos. Como santos a su paso arrojan esperanzas y el público se inflama de emoción al verlos y tocarlos. Se les adora hasta que se desea lincharlos porque sus profecías no se cumplieron. Es que el siglo XXI se hace muy difícil actuar como lo hizo Jesús Cristo, porque ahora todo se filma, todo se sabe de inmediato. En un mundo interconectado es muy cuesta arriba meter gato por liebre, siempre surgirá un agua fiesta denunciando donde está el truco y sinceramente así no se puede sostener un mundo mágico. La política y la religión volvieron a estrechar sus lazos mientras las cámaras filman.

Al mismo tiempo que estamos pendientes del costo de la vida y los bandazos sin rumbo que van dando nuestros políticos, somos invadidos, colonizados por ritos y creencias de todo tipo. Unos ya conocidos y propios de nuestra cultura como son los rituales colectivos de la Iglesia Católica, pero otros más ajenos ganando terreno en las mentes del venezolano. Por ejemplo la Iglesia Evangélicas y los Mormones han crecido de forma importante en estos últimos tiempos. Dos organizaciones que manejan importantes fortunas y que han permeado en las familias, imponiendo sus costumbres, creencias y hasta vestimentas. Estas figuras femeninas virginales que se observan ahora en las mujeres de algunos políticos no eran nuestras figuras femeninas.

La mujer venezolana de caderas anchas, pechos turgentes y sugerentes, despeinadas y desenfadadas. Que iban por las calles bailando y mostrando seguridad y desparpajo no son precisamente estas niñas de pelo lacio suelto o en clinejitas con esas ropas hippies pasadas de moda y esas blusas monjiles. ¿De dónde salieron? ¿Quién las enseñó a vestirse? A mí me resultan extrañas, no eran estas las figuras femeninas de nuestra cultura. ¿Son evangélicas? No, puesto que se aseguran quedar filmadas en ritos católicos con sus esposos. El culto venezolano a la Vírgenes se encarna en las mujeres de los líderes políticos. No sé qué están modelando porque la mujer venezolana no las copia, más bien se extrañan, les resultan distintas. Las creencias se actúan como disfraces. Nunca la religión y la política se habían expresado sincréticamente de forma tan clara. Incluso ese discurso santurrón perdona vidas proviene, sin duda, de estas ideologías simplonas que se apodera cada vez mas de nuestra gente.

Quizás la magia en el pensamiento no es más que una expresión colectiva de frustración frente a un entorno social en el cual no hay oportunidades reales. Pero de algo podemos estar seguros es que no es la salida para liberar a nuestra gente del caudillismo, el saqueo y arbitrariedades de bandidos aventureros. Del sincretismo me gustan las fantasías que teníamos de niños con un tío de mama que vivió con nosotros y nos llenó de cuentos mágicos y las hallacas, más nada. En política he entendido como nos ha perjudicado y como ha penetrado en la lógica de nuestras dinámicas públicas. Quisiera que se concrete el entendimiento entre los partidos políticos, quisiera que se fortalezca y demos todo el apoyo a nuestra única institución legítima, la Asamblea Nacional, quisiera regresar a la política y bajarme de ese carrusel de aventuras que está a punto de estrellarnos.

Solo pido un pie a tierra por un tiempo mientras resolvemos nuestro conflicto. Después regresemos a nuestro mundo mágico divertido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario