14 de febrero de 2024

Construir nuestra historia

 

Paul Klee


Es difícil definir que se está buscando en nuestro país. Es un gran vacío lo que nos acompaña, no hay ideas, por lo tanto, no se debaten. Solo sentimos con dolor y hasta trágicamente que perdimos libertad y seguridad. Andamos a la deriva y desprotegidos sin saber cómo trascender este momento y buscar una mayor estabilidad y justicia social. Hemos aprendido a despreciar lo nuestro y a no sentirnos pertenecientes a una nacionalidad, lo que profundiza el vacío la enorme brecha provocada. Sin nacionalidad y emoción por lo nuestro no nos queda nada, no hay identidad, no nos sentimos identificados a nada, no pertenecemos a nada. Los líderes que surgen claramente manifiestan estar luchando por posiciones personales y no por una colectividad unida que ocupa un territorio.

Transitamos un momento clave que necesariamente requiere cohesión entre nosotros. Como colectivo debemos pensar, actuar y planificar. ¿Qué queremos? Es la pregunta y el resultado como respuestas serían programas para un país nuevo a inventar. A meses de una elección aún no han surgido esas líneas, solo se observa cómo se alinean los caballos en la pista. Corcoveando y pateando, mientras un público pita. Triste espectáculo tanto de los lanzados a competir como la del público que demanda. Mientras más turbia se hace la posibilidad de organizar el espectáculo más debíamos apostar por afinar el vínculo que proporciona la pertenencia. Razonar y planificar con lógica y apropiadamente requiere identidad.

Son difíciles estas elecciones por lo represor del régimen. Intentarán cualquier artimaña que debemos ir sorteando con habilidad. Inventarán trampas que hay que asegurarnos de disminuir con controles. Con todo y los parapetos que podamos armar para blindarnos, libres, lo que se dicen libres, no serán. Pero la diferencia en intención de voto es muy grande y no podrán hacer trampas demasiado evidentes porque a lo mejor terminan expulsados por otras fuerzas. Tendrán que evaluar. Cohesionados por nuestra identidad como ciudadanos seremos más difíciles de vencer.

Freud asigna a la identificación un importantísimo papel en la cohesión de los grupos, enfatiza que sin identificación no hay empatía y por lo tanto no seriamos capaces de sentir en el propio cuerpo aquello por lo cual sufre un ser cercano o querido. Por reconocernos los unos a los otros y querer para la mayoría el bienestar es que se hace posible la construcción de los valores y los logros más importantes de la humanidad. Nos conmovemos por los otros en la medida que nos sepamos iguales y podamos imaginar y sentir el sufrimiento o la dicha de un semejante. Crecemos y vivimos siempre entre seres humanos y de ellos y por ellos somos, tanto de los que nos fueron dejando y de los que compartimos en nuestra experiencia diaria.

Ser arrancados de los nuestro o renunciar, por creerlo conveniente, a nuestras propias raíces y de ese modo e inexorablemente perder un poco de lo que también somos nos hace tremendamente vulnerables y por lo tanto victimas fáciles y manipulables.

Nuestra historia, la de cada quien, deja registros hondos en nuestra psique que nos hacen sentir una profunda pertenencia a lo que conocemos como nuestra forma de vivir, también deja cicatrices por la que sabemos y reconocemos, de igual forma, nuestra manera de sufrir. Sin estas raíces la pregunta sería ¿qué somos? De allí la tragedia que significa ser arrancados con violencia de lo propio.

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