5 de febrero de 2019

Empieza a bajar el telón



Es sabido y además vivido los métodos que una tiranía utiliza para mantener a una población sometida. El tirano principalmente se vale de las emociones que despierta y de las armas. El miedo es su gran aliado lo cual logra con un despliegue de propaganda efectiva y con métodos diversos donde la muerte está constantemente presente. Hampa desbordada u organizada en bandas amedrentadoras, el presentarse como todopoderosos, control de la información y propagación de noticias falsas pavorosas. Vaya si sabremos de ello en estos interminables largos años. Un constante lavado de cerebro que después de lavado rellenan nuevamente pero de ideas provenientes de intoxicaciones ideológicas. Las emociones se destapan de forma exacerbada y no encuentran asideros coherentes para poderlas canalizar. Se entra de esta manera en una espiral de vértigo y la vida se constituye en una simple y básica lucha por la sobrevivencia. Una vez llegados a este precipicio el tirano se siente seguro y allí se pierde.

Se puede siempre, con tenacidad y mucho coraje, revertir el malestar y volver a retomar la lucha por la libertad. Se puede entender que no se nos puede obligar a abrazar causas que no hemos escogido, que no tenemos que resignarnos al maltrato y a vivir ocultos porque el peligro ya ni se sabe de donde proviene. Los monstruos pueblan cada rincón de nuestra existencia introduciéndose en nuestras casas. El diablo en cada esquina. Zygmunt Bauman en su último libro “La maldad liquida” describe como de forma solapada la maldad va infiltrándose sin que podamos detectar sus maneras “…el lavado de cerebro es suficientemente habitual y evidente como para que haya sido puesto de manifiesto, descrito y dado a conocer por muchos; de hecho resulta trivial hasta el punto de que ha pasado a ser ya algo aceptado como inevitable e imperioso”. Se va aceptando y entendiendo como “normal” lo que es impuesto. Ese es sin duda el gran valor de la sociedad venezolana que nunca se resignó a vivir en la ignominia y escondidos en subterráneos. Invisibles como ciudadanos.

Momento delicado sin embargo en el que nos conviene tener nuestras emociones controladas. El reto que enfrentamos, aun no resuelto, es enorme y sin precedentes. Daremos la talla con un poco más de humildad en nuestras opiniones. Aquí cada quien cumple un rol interesante e importante pero no todos estamos en el lugar de dirigir estas delicadas y difíciles estrategias. Confiar en quienes están guiando los pasos es esencial aunque nuestra confianza haya sido traicionada en eventos anteriores. No en una postura de fe y de amor incondicional hacia los líderes, no es de exaltación de personalidades por encima de su inevitable condición humana. No son las posturas fatuas de quien siempre va en búsqueda de superhéroes que controle las catástrofes y nos libre de todo mal, amén. Esos tiempos ya pasaron en los cuales se les confiaba a los dioses nuestros destinos. La democracia precisamente consiste en la libertad de escoger un modelo de sociedad en el que cada quien se dé a la tarea de ubicarse a su manera.  Vencido el miedo se acaba el teatro.

Teatro macabro pero teatro al fin y al cabo. Montaron su espectáculo aterrador de violencia y se apoderaron de nuestra imaginación que se volteó contra nosotros mismos, como insiste Yuval Noah Harari es el modo como opera el terrorismo. Los podemos derrotar y de hecho parece que ya el trabajo casi está por terminar, en parte debido a que Guaidó no sobreactuó, gracias a su temple sereno y ponderado. Mientras más grande sea la población con este temple y determinación más seguro estamos de una gran celebración. Se les acabó la capacidad de convencimiento solo les queda la fuerza bruta lo que no deja de ser signo de debilidad. Maquiavelo nos ilustró en muchos aspectos sobre los guiones del poder: astucia y fuerza. Las astucia se esfumó y ahora vemos a los “invencibles” balbuciendo babiecadas por los medios de comunicación bajo su control. Si no fuera por el odio que despertaron serian dignos de lástima, pero no, nos producen un efecto catártico, nos complace verlos congelados en sus trampas. El rey está desnudo ya no domina sino a la primera combatiente y unos cuantos disfrazados barrigones. A nuestra sociedad ya no la dirige.

“El poder se sostiene de un amplio consentimiento social para evitar que su supervivencia recaiga única y exclusivamente en el uso de la fuerza” insistió Guillermo O’Donnell y ese es el único temor que nos embarga, que sigan matando nuestros muchachos en la calle, porque el otro componente hace rato está perdido, solo nos faltaban canales para expresarlo. Tenemos el peligro de las balas y el de nuestras propias emociones que han sido azuzadas como formas de control. El amor, el odio y el miedo inculcados por los medios propagandísticos, las informaciones falsas y su divulgación por las redes sociales pueden tornarse en nuestros enemigos en momentos cruciales. Es difícil pero necesario mantener la cabeza fría y estimación del cálculo, no es cuando queramos es cuando podamos. Porque si de querer se trata ya hace mucho tiempo estaríamos armando nuestra nueva sociedad y si vamos más allá no hubiésemos nunca comprado entrada para este teatro macabro.

Convencida estoy que ya falta muy poco para que baje el telón, ya las luces muestran una iluminación tenue, pronto llegará el momento para los aplausos y para que con pasos firmes nos dirijamos a nuestras casas a celebrar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario