24 de enero de 2017

Dime como insultas y bromeas




En todo discurso se desliza una intención o pensamiento oculto que no se hace patente con el solo escuchar de las palabras. Conocemos mucho más de un ser humano por lo que no dice que por lo que dice; por ello podemos entender mucho mejor la verdadera posición política, ideológica, humana de un individuo si estamos atentos a como se juega con los otros seres humanos o como simplemente se insulta.  Manifestaciones en palabras pero no articuladas en un discurso, por lo general son impulsos que se escapan y se dejan salir sin ser pensadas, calculadas. El ser humano es tramposo, borra sus propias marcas y se oculta para no ser descubierto en sus oscuras inclinaciones y deseos. También sucede que sea posible deslizarse hacia posiciones vitales que si las pensamos las rechazaríamos de plano. Podemos quedar horrorizados con nosotros mismos.

 Para un psicoanalista que anda a la pesca de pequeñas señales twitter es un banquete porque allí emitimos sucintos mensajes, generalmente sin pensar lo que decimos, se reacciona con mucha inmediatez. Hay mucho ingenio, mucha picaresca propia de nuestra cultura pero también se deslizan insultos y juegos que dejan al buen entededor helado. Recientemente se insultó a un grupo humano denominándolo “caraqueños sifrinos” lo que pudo haber pasado desapercibido porque ya tenemos dieciocho años de insultos a cuesta, pero al ser un vocero de la dirigencia de la oposición, tal expresión es simplemente alarmante. ¿Quiénes somos? ¿A quiénes adversamos? ¿En qué nos diferenciamos? Todos debemos pensar mejor lo que decimos por mas alterado que se encuentre el ánimo pero mucho más aquellos, que por voluntad propia, ocupan los lugares estratégicos fundamentales en momentos tan delicados.

Recordaba Fernando Mires como el odio ha ido minando la política que es ante todo discursiva, así manifestó que “un enemigo que odia y no piensa no es un enemigo discursivo” Es intolerable los insultos que caen en grupos humanos que entre otra cosa son grupos muy heterogéneos. Se agrupa solo para entender un fenómeno, para marcar un rasgo común, para aplicar una terapéutica. Los seres humanos nos identificamos con algunas de estas clasificaciones solo porque en las otras no encajamos o porque, es verdad, vivimos en una ciudad que se denomina de esa forma y por lo tanto allí pertenecemos. Pero somos individuos, todos diferentes, todos únicos y más cuando se habla de una metrópolis tan compleja y variada como lo es Caracas. Aquí se puede encontrar desde barriadas pobres que bordean la capital con sus pobladores hacinados en cerros, hasta urbanizaciones de gran lujo donde viven personas de altos recursos económicos. Urbanizaciones ahora habitadas por la nueva burguesía y con un cambio notable en su paisaje. Una clase media, la más numerosa, fuertemente golpeada por la enorme crisis económica que vivimos y por la diáspora que se ha producido.

¿A quién se refería entonces nuestro querido amigo? Probablemente a los que emiten sus opiniones por twitter sobre las ultimas desafortunadas decisiones tomadas por la dirigencia opositora, errores que solo reconocieron así de pasada, pero no observan una verdadera rectificación ni reflexión ¡No se sigan equivocando no hay tiempo! Se refiere a esa clase media que es la que más se manifiesta porque es la que tiene posibilidad de hacerlo, a esa clase media que es tan variada, tan acertada y errática como cualquier grupo humano pero que se puede (tiene) dar el lujo de ser más irresponsable que quienes dirigen este arroz con mango.  Somos demócratas, se supone, entonces debemos tolerar con mayor tesón y gallardía las opiniones que emiten la variedad propia de los seres que viven y sufren este horror. Si oyeran con respeto, quizás solo quizás, tendrían una mejor orientación.

Calificar e insultar a un grupo humano es xenófobo, es manifestación de un odio humano que solo busca destrucción, no es producto del pensamiento, es manipulador de emociones y desata fenómenos sociales desbastadores. No nos pongan a pelear con el resto de los venezolanos, todos los que habitamos dentro de estas fronteras padecemos del mismo mal, estemos atentos a nuestras miseria y no nos deslicemos a un odio que nos asemeje a lo que rechazamos. Es un peligro eminente que se corre en una sociedad que ha sido tan distorsionada. No hagamos juegos de palabras, bromas, para después salir diciendo que solo era eso “bromas”. ¿Es que acaso es tolerable que se hagan “chistes” con el dolor ajeno? ¿Es una respuesta a la ciudadanía decir que se bloqueará al que adverse, en lugar de argumentar? Estamos perdiendo el rumbo verdaderamente humano del discurso, del pensamiento y de la reflexión. Ese es el verdadero enemigo que nos devorará si lo permitimos.

Estamos en un atascadero, es totalitarismo o democracia, y como el mundo político de hoy cambió estos bordes ya no son tan exactos como quizás lo fueron en el siglo XX. Nos aproximamos a una situación mixta si se va extinguiendo ese talante verdaderamente democrático. Tiranías difíciles de entender es lo que se observa si miramos a algunos dirigentes de la oposición con detenimiento y sin pasión. Hay una gran población que vivió y recuerda el carácter demócrata de nuestros dirigentes y no nos resignamos a cambios de grados. Es por ello, apreciados amigos, que se les recuerda con vehemencia cuando se pierde el rumbo. No es de político con calle, andar llorando, ni insultando, ni bromeando con sarcasmo. Es de político versado la estrategia, la visión del conjunto, el conocimiento de su gente y las decisiones adecuadas y firmes. Busquen nuevamente los aliados que los han tenido y los tendrán con inteligencia y discurso bien  estructurado. Ni insultos, ni bromas es lo adecuado.

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