15 de noviembre de 2016

El deseo de un hombre fuerte





Lo que es evidente es que todo resulta distinto a como suponemos debería ocurrir o como pronostican las encuestas y analistas políticos. Señal que algo está desapareciendo y nos negamos a verlo, aunque los sociólogos destacados lo vengan estudiando y vertiendo como luces orientadoras al mundo. Está haciendo aguas nuestras firmes creencias de cómo debe estar organizado el mundo, por lo menos el Occidental. Sería bueno que apartemos un poco la mirada de los sistemas como totalidad y sus resultados o fracasos y volteemos un poco a mirar al ciudadano, sus miedos, inseguridades, sus deseos y la ilusión de la que se agarran para la solución de sus problemas. Al fin y al cabo es de allí que parte el fenómeno, los sujetos son los que terminan por elegir, quizás, el final de su libertad e intimidad por un poco de ilusoria seguridad. La democracia colapsa y no es que no se haya visto es que no lo hemos querido ver.

Se venía señalando la debilidad de los Estados-Nación, ya los países no se rigen solo por sus propias leyes, pertenecen y deben obedecer a una dinámica global que viene siendo comandada por la economía. El dinero, se dice, tiene su propia dinámica y hay que dejarlo actuar. Sin embargo hay manos muy poderosas y escasas que tienen la potestad de hacer colapsar cualquier dinámica en un dos por tres. Podemos acostarnos a dormir en un mundo y despertarnos en otro totalmente distinto, desconocido y por lo tanto amenazante. Pareciera que la seguridad de nuestras vidas y el confort que buscamos ya no depende de un esfuerzo y logro personal. Vivimos, como resultado, con miedo, inseguridad y desamparo. Cuando las poblaciones se sienten amenazadas y el miedo se apodera de las interrelaciones sociales se hace propicia la situación para la irrupción de totalitarismos. Se comienza a desear a un hombre fuerte que proteja contra las fuerzas amenazantes. Se escoge al propio verdugo.

Lo que fue una pesadilla en un pasado se hizo realidad en el mundo actual. Las emigraciones masivas que ya son un cuadro dantesco en las calles europeas, el terrorismo que hace irrupción en los centros de la civilización occidental por fanáticos dispuestos con determinación suicida a acabar todo logro de las democracias y como consecuencia de los Derechos Humanos. Ya no hay dinero para seguir costeando las astronómicas sumas que produjeron las políticas de “viaje ahora y pague después” la deuda como forma de vida que arrastró al ser humano desde sus primeros pasos en las Universidades, con sus créditos educativos que viene desde hace mucho tiempo sustituyendo las becas. De tal modo que un estudiante ya es un ser inmerso en la organización mundial de vivir pagando deudas adquiridas muy por encima del valor del préstamo otorgado. Esa carga en los hombros acompaña toda la vida a un sujeto promedio en cualquier sociedad. Al mismo tiempo los puestos de trabajo son inseguros, pasajeros, rotatorios. Los desocupados es una problemática, también, mundial. Como indica Bauman “somos conscientes de cuán frágil, inestable y temporal es la presunta seguridad de nuestras vidas” Un mundo que vive la angustia de perderlo todo. El mundo de la incertidumbre que a nadie le gusta.

De este incómodo vivir se hace dueño el advenedizo en política y toca las fibras del sujeto endeudado con los valores humanos. Porque aquello que no costaba sino un esfuerzo de reflexión, educación y compromiso con los otros no fueron cotizados en las bolsas de valores. No estuvo y no está de moda en nuestros contactos diarios con los demás, nada más fácil que mentir, trampear y no comprometerse con la palabra dada. El desprecio por la libertad, los derechos y deberes que como humanos nos dan un lugar distintivo en relación a las bestias. Hablar hoy de ética es casi un anacronismo. El mundo no es lo que fue hace apenas un siglo, marcha vertiginosamente hacia la destrucción de lo establecido y aun no se vislumbra cual será la nueva organización que el hombre quiere construir. Lo que si sabemos y ¡vaya que lo sabemos!  lo fácil que es destruir y lo difícil que resulta construir. Además que tampoco se ve con claridad quienes se harán cargo de tan difícil tarea, no hay organizaciones dedicadas a estas catástrofes con seriedad. Presenciamos asombrados una nueva guerra que proviene de los deseos más ocultos. El inconsciente y las pulsiones haciendo de las suyas con absoluta libertad.

Se apela, entonces, al hombre fuerte, al padre de la Horda que está más allá de las leyes. Muchas voces se han destacado denunciando la problemática y no se han oído, así lo expresa Vargas Llosa, una voz entre otras,Se piensa que un hombre fuerte, un hombre de carácter, un hombre con pantalones, que aplique mano dura, puede ser mucho más eficaz que un sistema democrático para resolver los problemas. Desde los problemas económicos, hasta el terrorismo o el orden público. Pero es una aberración que no resiste ningún tipo de cotejo histórico, la historia nos demuestra que las dictaduras son mucho más ineficientes que las más ineficientes democracias, que dejan siempre una secuela terrible de corrupción” No se oye porque estamos ante un sujeto que está más vinculado a su angustia que a los otros. No piensa busca que alguien lo salve y con ello se mete en la cueva del lobo. Se ejerce una violencia contra uno mismo y contra del otro, es el goce articulado que define al sujeto en la actualidad y del que se siente aterrado ante la posibilidad de perderlo.

Entre otras muchas consideraciones que hay que hacer, para irle ganando terreno a tanta oscuridad, entender al sujeto origen de lo inesperado, es solo una de ellas.

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