23 de junio de 2015

La dificultad de ser un héroe

El héroe moderno surge cuando los valores primordiales en una sociedad se encuentran seriamente comprometidos. Su mayor deseo es servir a una colectividad que se ve forzada, por mentes autoritarias, a abandonar sus costumbres y maneras de concebir la vida. Se ofrece como sacrificio y demuestra con todas sus fuerzas su probidad moral pero exige que su sacrificio sea recompensado. En nuestra época el héroe calcula ganancias y pérdidas, no debería entregarse, como lo hacía el mártir, a una causa inútil, es decir, su entrega debe traer resultados acorde a su determinante demanda. Todo cambia según va cambiando las sociedades y nuestras maneras de situarnos en el mundo. La época de la inmolación personal basada en creencias de una vida en el mas allá ha desaparecido, o por lo menos en el mundo occidental. Se quiere una compensación que reporte una ganancia en la vida que conocemos y estamos viviendo. Vemos con un gran asombro y perplejidad los “mártires modernos”, sin embargo, podemos respetar los “héroes modernos” pero nos asustan sus cálculos porque nunca sabemos si su demanda ha sido medida con acierto.
 
El héroe renuncia a su vida propia, deja de lado todo vínculo personal amoroso porque posee la inamovible creencia que no se puede vivir de cualquier manera. Es un firme convencido de que de nada vale tener una familia, amigos, hijos e intereses propios si  se tiene que vivir humillado por déspotas que se apropiaron de la justicia y del bienestar de su país. Es la misma situación que se vivió al inicio de la era Moderna cuando se estaban construyendo el Estado-nación, época del heroísmo o del patrioterismo histórico. Tal como lo vivimos en nuestras actuales circunstancias, las poblaciones se veían impelidas a luchar contra fuerzas extrañas que venían a arrebatar sus más firmes creencias y bienestar. Surgían entonces los héroes quienes se destacaban por su entrega incondicional y eran seguidos por toda la población que se defendía de tales arrebatos. No eran abandonados porque en aquel entonces se contaba con seguidores firmes, que también concebían “la causa” como el único valor importante a ser defendido con total entrega.  No es el caso de hoy.
Hoy nos encontramos en una “vida liquida” como bien la definió Zygmunt Bauman “La sociedad ‘moderna liquida’ es aquella en que las condiciones de actuación de sus miembros cambian antes de que las formas de actuar se consoliden en unos hábitos y en una rutinas determinadas. La liquidez de la vida y de  la sociedad se alimenta y se refuerzan mutuamente. La vida liquida, como la sociedad moderna liquida, no pueden mantener su forma ni su rumbo durante mucho tiempo”. Descripción que cada vez se nos hace más palpable y cotidiana, vemos y ya ni con asombro, que en lugar de estar clamando por la vida de un héroe y “su causa” la cual constituye un bien común, la población se encuentre corriendo detrás de camiones que transportan mercancías aunque no se sepa qué tipo de carga es la que gasta el tiempo y el interés. Nos encontramos con el fenómeno de una sociedad volátil que no responde a estrategias porque estas se vuelven caducas en muy poco tiempo. No se pueden extrapolar experiencias del pasado porque éstas ya no responden a las formas actuales. “Los fieles” a los héroes del pasado ya no existen en nuestro mundo actual, ya no son “tan fieles”.
De esta manera queda el interrogante, válido, por los resultados o lo que se espera obtenga el que renuncia a su vida propia por un bien común. Queda el temor de que no se logre un efecto palpable y queda el terror de que se pueda echar por la borda lo que sería un acto justo y conmovedor. Un acto que dependiendo de sus resultados puede estar lleno de seriedad, rigor y dignidad puede perder su estatuto de heroicidad y convertirse en un error de cálculo y en un acto suicida, en donde estaríamos pisando otros terrenos. Es fácil cruzar la línea entre un acto loable y un arrebato de simple locura y este delgado límite simplemente lo determina la estrategia. No es fácil para aquellos que sienten que pase lo que pase ya no les importa porque en definitivamente ya su vida les ha sido arrebatada, quieren dejar aunque sea un testimonio, aunque sea una tragedia. Se entregan a manos criminales porque sienten que es la única forma de obtener una dignidad que les ha sido arrebatada. Mientras una parte del país que aún conserva las esperanzas observa, con un alto costo de sufrimiento, como le puede ser arrebatada una vida valiosa para la construcción de una nueva patria.
Si no todo está perdido, si hemos ganando terreno a nivel nacional e internacional, lentamente pero al parecer a paso seguro, ¿por qué tenemos que ser sometidos a un nuevo horror con todos los ya padecidos? Nos estamos enfrentando a nuevos y muy peligrosos enemigos y estas batallas e inmolaciones personales han caído en desuso; o somos todos o no debe ser un hombre en solitario recluido y sin mucho apoyo palpable en una cárcel, en donde sus verdugos prefieren barrer al mundo que ceder a un mínimo de justicia y piedad.  La angustian se ha acrecentado por estos días y más cuando no lo están advirtiendo los importantes pensadores de nuestra época. Bauman pareciera estar describiendo nuestro drama al escribir las siguientes líneas: “A medida que la sociedad moderna liquida y su consumismo endémico avanza, los mártires y los héroes se hallan en franca retirada. Hoy encuentran su último refugio entre aquellos pueblos que todavía libran lo que a muchos habitantes del planeta (quizás, a la mayoría de ellos) se les antoja una guerra contra todo pronóstico de victoria y que ya tienen perdida de antemano; una guerra contra las formidables potencias financieras y militares globales que asedian los escasos territorios vírgenes que aún quedan con el fin de implantar su forma de “vida nueva” dondequiera que vayan (un modo de vida que, para quienes lo reciben, augura el fin de la vida que habían conocido hasta entonces y, quizás, incluso el fin de la vida en general)”.
Estas personas decididas por una “causa” son difíciles de persuadir, su empeño no permite que cedan en su ideal y métodos. Pero hay que advertir que su genio heroico los puede conducir con mucha facilidad a graves e importantes equivocaciones.

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