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| Vasco Gargalo |
Nadie hoy en día puede negar que ese orden que se vivía con quebrantos, terminó. Nos preparamos para vivir de sobresaltos y eventos inesperados, si lo sabremos los venezolanos. Lo que antes hubiésemos calificado de locura hoy lo recibimos como necesario, “era la única forma” se sentencia sin más miramiento ni reflexión. Como muy bien lo expuso Mark Carney en Davos, el orden ha terminado. Es lo que caracteriza a la locura, no hay lógica en el pensamiento y la realidad se interpreta desde un delirio. Es el mundo de cada quien, aislado, que no puede hacer contacto con ningún otro. Estamos sin orden, pero también debemos saber que no habrá criterios para entendernos. ¿Cómo será ese mundo que comienza a manifestarse? No lo sé.
Ese llamado a la sensatez y a los valores éticos ya son cantos a la bandera, retórica vacía sin ninguna resonancia. El hombre se perdió en su laberinto, buscando seguridad y estabilidad invitó a lo peor que ya tomó el control y de repente fuimos arrollados. Teníamos que debutar en primer plano con la máxima brutalidad. Ser bombardeados por un ejército extranjero es una locura que solo a un hombre sin ley se le puede ocurrir, igual como mató a gente inocente en nuestros mares con total impunidad y sin consecuencias legales. La legalidad no existe, el orden se acabó. Que se hayan llevado a Maduro, un hombre cruel que hizo mucho daño, que también actuaba fuera de toda ley, fue un acierto, pero no lo es quedarse dictando pautas, definiendo lo bueno para nosotros y halagando a la misma dictadura que supuestamente combatió.
Rompimos los moldes y no sabemos interpretar sus resultados. Estamos regidos por seres desconocidos, que no obedecen leyes comunes y totalmente impredecibles como son los locos. Vas en un vehículo con un amigo, él manejando, empieza a acelerar hasta que te asusta, lo llamas cuando voltea le vez una mirada desorbitada una tez pálida y ahí te percatas que no es el mismo, que se volvió loco, solo te queda esperar que vuelva en sí o que se detenga antes de estrellarse junto contigo. De nada vale el llamado a la sensates, caerá en el vacío, no serás escuchado. Es una ruptura en las significaciones, es una ruptura de la memoria y de la historia. Así estamos en este maltratado país saltando de loco en loco y nosotros los ciudadanos con la brújula dañada.
¿Qué hacemos? Ya solo se manifiesta la rabia y las frustraciones, pero se ve muy lejano el entendimiento necesario. Mucho se habla de que debe surgir un movimiento nuestro diferente a los existentes, lo que a mi me parece sensato, lo veo necesario, pero también veo a una población doblegada a un poder extranjero o con mucho resentimiento incapaz de acuerdos. Solo queda estar atentos a pequeñas señales y cuidar las brújulas que parecen aun imantadas. La locura es contagiosa y es un trabajo inmunológico e higiénico el no dejarse contagiar. Quiero ese tutelaje que se impuso con armamentos fuera de mi país, quiero que nuestros pasos hacia una transición y un gobierno democrático sean confeccionados en casa. Es absurdo esperar de alguien que no es demócrata nos guíe hacia nuestra libertad. Rechazo esta actitud sumisa, rechazo la impotencia y la ingenuidad.
Nuestra pregunta central es como actuar si todo lo que nos era conocido desapareció. Quedamos los ciudadanos como objetos de intercambio, como la famosa medallita. Fuimos vendidos como esclavos, e interpretando la famosa metáfora de Carney no estamos en la mesa somos parte del menú. Nada más pertinente que esta frase de Fernando Mires “La docilidad no compra seguridad. Nunca la compró. Solo aplaza el impacto.” Queremos orden, hay que buscarlo, queremos autodeterminarnos no nos entreguemos a tutores sin ley.

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