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| Adder |
No se trata sino del simple juego del deseo, el reconocimiento que se demanda de otro con un significado potente para obturar una falla. Uno quiere poder, nunca el poder igual que el dinero es suficiente, la otra quiere la potencia necesaria para ser completada y poder llevar a cabo su misión de vida. Los dos se entienden y logran hacer de una medalla el objeto de intercambio, ambos compran y venden algo. Todo ya sin disimulo, sin adornos, sin velos sugerentes lo que hace la escena una pieza pornográfica. Son los símbolos trastocados que conducen a la pérdida de identidad. Ese objeto en diferentes manos tiene un valor simbólico especial. En las manos imperiales significa un nuevo triunfo y un doblegamiento más. En las manos originales significaba un reconocimiento a la lucha por la libertad.
Hay un cambio radical en el ordenamiento simbólico. Un signo más de un tránsito distinto y de un cambio significativo con sus obligadas consecuencias. El emperador quiere a las mujeres obedientes y así las tiene. Una amenazada en su poder recién otorgado y a la otra en su no ocultable deseo de poder, en su empeño de la meta por la cual quiere ser reconocida. ¿Ambas sabrán el grado de dependencia que aceptaron? ¿Sabrán a quien le entregaron su destino? Muy pronto tropezaran con el porvenir de esa ilusión, no hay un mundo propio construido garantizado por un otro impostor.
Presas fáciles por intentar llenar sus vacíos y resolver sus conflictos con la vida de otros. De una forma u otra el otro y la realidad siempre son rebeldes. Se reclaman nuevos símbolos cuando estamos desconcertados, el nuevo orden que comenzará a dar sentido a una realidad sin sentido, que dará consistencia a una existencia que ha sido sacudida hasta sus cimientos. Las joyas, el dinero, el poder junto con esta actitud burlesca e irrespetuosa hacia otros seres humanos, son las constantes que se observan en algunos hombres y mujeres que ocupan puestos de poder (el cual siempre será transitorio) y por sus carencias espirituales, confunden un lugar temporal con lo que son o tienen.
Es esencialmente humana la búsqueda de significados, aunque estos inevitablemente se deslicen por la infinita gama de nominaciones con la que intentamos darle coherencia a la realidad. Quedarnos sin palabras o en espera de un acontecimiento para comenzar a darle nombre a las cosas, es señal de tiempos de angustias desbordadas. Del mayor extravío posible. Perdimos nuestros símbolos, perdimos identidad, no reconozco estas expresiones en las mujeres de mi país. Hemos cambiado, somos ya extranjeros en nuestra tierra, el empeño ahora es por descubrir nuestra nueva identidad. Freud consideró que reconocer los símbolos es fundamental, son sustitutos disfrazados del deseo, de conflictos, de ansiedades. Es la entrada para comprender una cultura.
Por los símbolos sabemos de qué religión se trata, de cual país hablamos, cual es el sistema político que nos rige y cual la organización mundial que domina. Vemos en nuestro mundo occidental un despliegue de fuerza, de armamentos y los hombres que lo dominan mostrándose sin disimulo como hombres fuertes e invencibles. Vemos a mujeres disminuidas, humilladas por ser las protegidas de estos titanes de papel. Ernest Jones señala que el símbolo siempre posee una idea primaria, ser uno mismo, ser un hijo, ser amado incluso ser muerto. Lacan no concibe al pensamiento sin símbolos y el deslizamiento propio de los significantes, por eso la verdad se desliza, se esconde, se tergiversa y se miente. Así que en estos tiempos tan revueltos es indispensable conocer las diferentes significaciones en un gran foro nacional que siente las bases para volver a la política.

Extrañaba tus escritos
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