28 de enero de 2026

Un mundo sin ley

 

Vasco Gargalo


Nadie hoy en día puede negar que ese orden que se vivía con quebrantos, terminó. Nos preparamos para vivir de sobresaltos y eventos inesperados, si lo sabremos los venezolanos. Lo que antes hubiésemos calificado de locura hoy lo recibimos como necesario, “era la única forma” se sentencia sin más miramiento ni reflexión. Como muy bien lo expuso Mark Carney en Davos, el orden ha terminado. Es lo que caracteriza a la locura, no hay lógica en el pensamiento y la realidad se interpreta desde un delirio. Es el mundo de cada quien, aislado, que no puede hacer contacto con ningún otro. Estamos sin orden, pero también debemos saber que no habrá criterios para entendernos. ¿Cómo será ese mundo que comienza a manifestarse? No lo sé.

Ese llamado a la sensatez y a los valores éticos ya son cantos a la bandera, retórica vacía sin ninguna resonancia. El hombre se perdió en su laberinto, buscando seguridad y estabilidad invitó a lo peor que ya tomó el control y de repente fuimos arrollados. Teníamos que debutar en primer plano con la máxima brutalidad. Ser bombardeados por un ejército extranjero es una locura que solo a un hombre sin ley se le puede ocurrir, igual como mató a gente inocente en nuestros mares con total impunidad y sin consecuencias legales. La legalidad no existe, el orden se acabó. Que se hayan llevado a Maduro, un hombre cruel que hizo mucho daño, que también actuaba fuera de toda ley, fue un acierto, pero no lo es quedarse dictando pautas, definiendo lo bueno para nosotros y halagando a la misma dictadura que supuestamente combatió.

Rompimos los moldes y no sabemos interpretar sus resultados. Estamos regidos por seres desconocidos, que no obedecen leyes comunes y totalmente impredecibles como son los locos. Vas en un vehículo con un amigo, él manejando, empieza a acelerar hasta que te asusta, lo llamas cuando voltea le vez una mirada desorbitada una tez pálida y ahí te percatas que no es el mismo, que se volvió loco, solo te queda esperar que vuelva en sí o que se detenga antes de estrellarse junto contigo. De nada vale el llamado a la sensates, caerá en el vacío, no serás escuchado. Es una ruptura en las significaciones, es una ruptura de la memoria y de la historia. Así estamos en este maltratado país saltando de loco en loco y nosotros los ciudadanos con la brújula dañada.

¿Qué hacemos? Ya solo se manifiesta la rabia y las frustraciones, pero se ve muy lejano el entendimiento necesario. Mucho se habla de que debe surgir un movimiento nuestro diferente a los existentes, lo que a mi me parece sensato, lo veo necesario, pero también veo a una población doblegada a un poder extranjero o con mucho resentimiento incapaz de acuerdos. Solo queda estar atentos a pequeñas señales y cuidar las brújulas que parecen aun imantadas. La locura es contagiosa y es un trabajo inmunológico e higiénico el no dejarse contagiar. Quiero ese tutelaje que se impuso con armamentos fuera de mi país, quiero que nuestros pasos hacia una transición y un gobierno democrático sean confeccionados en casa. Es absurdo esperar de alguien que no es demócrata nos guíe hacia nuestra libertad. Rechazo esta actitud sumisa, rechazo la impotencia y la ingenuidad.

Nuestra pregunta central es como actuar si todo lo que nos era conocido desapareció. Quedamos los ciudadanos como objetos de intercambio, como la famosa medallita. Fuimos vendidos como esclavos, e interpretando la famosa metáfora de Carney no estamos en la mesa somos parte del menú. Nada más pertinente que esta frase de Fernando Mires “La docilidad no compra seguridad. Nunca la compró. Solo aplaza el impacto.” Queremos orden, hay que buscarlo, queremos autodeterminarnos no nos entreguemos a tutores sin ley.

21 de enero de 2026

El valor del símbolo

 

Adder


No se trata sino del simple juego del deseo, el reconocimiento que se demanda de otro con un significado potente para obturar una falla. Uno quiere poder, nunca el poder igual que el dinero es suficiente, la otra quiere la potencia necesaria para ser completada y poder llevar a cabo su misión de vida. Los dos se entienden y logran hacer de una medalla el objeto de intercambio, ambos compran y venden algo. Todo ya sin disimulo, sin adornos, sin velos sugerentes lo que hace la escena una pieza pornográfica. Son los símbolos trastocados que conducen a la pérdida de identidad. Ese objeto en diferentes manos tiene un valor simbólico especial. En las manos imperiales significa un nuevo triunfo y un doblegamiento más. En las manos originales significaba un reconocimiento a la lucha por la libertad.

Hay un cambio radical en el ordenamiento simbólico. Un signo más de un tránsito distinto y de un cambio significativo con sus obligadas consecuencias. El emperador quiere a las mujeres obedientes y así las tiene. Una amenazada en su poder recién otorgado y a la otra en su no ocultable deseo de poder, en su empeño de la meta por la cual quiere ser reconocida. ¿Ambas sabrán el grado de dependencia que aceptaron? ¿Sabrán a quien le entregaron su destino? Muy pronto tropezaran con el porvenir de esa ilusión, no hay un mundo propio construido garantizado por un otro impostor.

Presas fáciles por intentar llenar sus vacíos y resolver sus conflictos con la vida de otros. De una forma u otra el otro y la realidad siempre son rebeldes. Se reclaman nuevos símbolos cuando estamos desconcertados, el nuevo orden que comenzará a dar sentido a una realidad sin sentido, que dará consistencia a una existencia que ha sido sacudida hasta sus cimientos. Las joyas, el dinero, el poder junto con esta actitud burlesca e irrespetuosa hacia otros seres humanos, son las constantes que se observan en algunos hombres y mujeres que ocupan puestos de poder (el cual siempre será transitorio) y por sus carencias espirituales, confunden un lugar temporal con lo que son o tienen.

Es esencialmente humana la búsqueda de significados, aunque estos inevitablemente se deslicen por la infinita gama de nominaciones con la que intentamos darle coherencia a la realidad. Quedarnos sin palabras o en espera de un acontecimiento para comenzar a darle nombre a las cosas, es señal de tiempos de angustias desbordadas. Del mayor extravío posible. Perdimos nuestros símbolos, perdimos identidad, no reconozco estas expresiones en las mujeres de mi país. Hemos cambiado, somos ya extranjeros en nuestra tierra, el empeño ahora es por descubrir nuestra nueva identidad. Freud consideró que reconocer los símbolos es fundamental, son sustitutos disfrazados del deseo, de conflictos, de ansiedades. Es la entrada para comprender una cultura.

Por los símbolos sabemos de qué religión se trata, de cual país hablamos, cual es el sistema político que nos rige y cual la organización mundial que domina. Vemos en nuestro mundo occidental un despliegue de fuerza, de armamentos y los hombres que lo dominan mostrándose sin disimulo como hombres fuertes e invencibles. Vemos a mujeres disminuidas, humilladas por ser las protegidas de estos titanes de papel. Ernest Jones señala que el símbolo siempre posee una idea primaria, ser uno mismo, ser un hijo, ser amado incluso ser muerto. Lacan no concibe al pensamiento sin símbolos y el deslizamiento propio de los significantes, por eso la verdad se desliza, se esconde, se tergiversa y se miente. Así que en estos tiempos tan revueltos es indispensable conocer las diferentes significaciones en un gran foro nacional que siente las bases para volver a la política.

 

14 de enero de 2026

Como pintados en la pared

 

Aykut Aydogdu


Nunca habíamos estado más ignorados y mandoneados. La injerencia del imperio norteamericano, si bien siempre ha existido, ahora se hizo más descarada. Ser bombardeados en una madrugada alarmante es algo que nunca hubiéramos imaginado, pero pasó ante la mirada estupefacta de los habitantes de esta golpeada nación. Estamos desde entonces como meros observadores y balbuceantes seres de reparto. Estatuas de parque, dibujos de muros en relieve, fotografías de paisajes pisoteados, pintados en la pared. No es para alegrarse de que después de ser invadido quedáramos en mano de los mismos esbirros, aparentemente ahora, mandoneados por un tirano arrogante e ignorante.

En general la gente está contenta porque apresaron a Maduro y a Cilia, dos delincuentes aferrados al poder dispuestos a desafiar toda ley. Sanguinarios y crueles sin duda, también estoy contenta de verlos por los momentos sometidos, pero no por ello me satisface nuestro sometimiento, más bien me avergüenza. De donde nos viene esta faceta diluida, esta falta de identidad y coraje. Desde cuando nos decretamos impotentes, desde cuando surge la convicción de que “sin ti no puedo” novias de pueblo que alegan como causal de divorcio “nunca me sacaba a pasear”. Si, Trump nos sacó a pasear o más bien nos mandó de paseo.

Es aceptable que con su cara de desprecio declare que “solo en horas se apropió de un país” no lo reciben como una bofetada y no se sienten cada vez más como pintados en la pared, como indios asombrados ante los conquistadores con sus lanzas y su lascivia. Lo peor es que es verdad se apropió de nuestro país, pero lo indignante es la aceptación inmediata de nosotros. Ahora los ruegos van dirigidos, sin disimulos, al tirano. Es triste observar nuestro comportamiento de mendigos a las puertas de las iglesias “una limosnita por caridad”. Trump libera a nuestros presos políticos, Trump arregla la electricidad y los sueldos, Trump administra nuestros recursos es preferible que nos robes tu y no ellos. “Gracias a que están obedeciendo por los momentos cancelo la segunda ola de ataques” aplausos desde las galerías.

Para completar la fatuidad de este juego macabro se agrega el objeto codiciado “el premio Nobel” Trump lo reclama para sí y María Corina se lo ofrece indignando al comité en Oslo. Todos molestos y La gran madre calmando a los niños, “yo voy para allá y te lo entrego”. En eso están cuando se escriben estas líneas que no sirven sino como desahogo con cierta hilaridad. Ante la disyuntiva prefiero reír que llorar por este trágico destino que nos tocó por pedirlo. La única alegría es la liberación de algunos presos políticos que hasta los momentos representan el 1% de su totalidad.  Todos deben ser liberados en realidad. Nada distinto los torturadores tirando migajas y nosotros pintados en la pared. Si no logramos dar un giro total, abrir los ojos y ver la realidad en toda su peligrosa magnitud quedaremos siendo el estado 51 de USA. Una colonia más hasta que logremos nuevamente la libertad. No piensan soltarnos por muchos años.

Por todo lo dicho y algo más aun no entiendo cuál fue el cambio porque sigue la misma administración, ahora monitoreada por un ser arbitrario y ajeno. Y mientras tanto nosotros sin oposición organizada y pintados en la pared.