6 de octubre de 2020

Cambiamos y nos desconocen

Malgorzata Boursukie

La vida es movimiento y por lo tanto sujeta a cambios progresivos que la mayoría de las veces transcurren de forma lenta e imperceptible. Nos damos cuenta de lo diferente que todo nos resulta de repente y después de muchos años. Ha sido, desde siempre, uno de los lamentos de los abuelos quienes a continuación evocan recuerdos y nostalgias. Este es uno de los encantos que tienen los abuelos, sentar a sus nietos alrededor y contar esos cuentos increíbles de épocas remotas y que uno niño presiente muy lejanas. Crecer con un viejo en casa es llenar esas cabecitas de magia. En mi casa esa función la cumplió con experticia un tío de mamá, tío Mino, teníamos tertulias casi todas las noches pobladas de personajes legendarios, fincas y aparecidos. Y los niños imaginando y preguntando.

Así se me hizo costumbres ir observando mi mundo e interrogarlo en sus pequeños detalles. Mi mamá era muy curiosa con los misterios naturales. Le gustaba observar las estrellas y se conocía todas las constelaciones. A veces en las noches nos acostábamos todos en el jardín y ella nos iba señalando las estrellas y sus nombres. La Osa Mayor, La Menor, Martes, Venus, etc. La Luna y sus fases sin ser estudiosa ni creyente en signos zodiacales ni en astrología. Nada que le sonara a cuentos o fantasías le atraía, hoy me imagino que le producía miedo porque a veces se ponía de mal humor cuando yo empezaba a introducir temas misteriosos. Despachaba sin dudas el misterio que le causaba la creación con una rápida y contundente afirmación sobre la existencia de Dios. Yo al contrario crecí dudando e interrogando aunque no todo ha tenido respuesta.

Me asombra como hoy en día las personas no interrogan. Siguen utilizando los mismos conceptos que no admiten la más mínima constatación en una realidad que cambió radicalmente y no de forma paulatina y lenta, sino más bien acelerada. Categorías sin connotación pero que repetimos masivamente como si nos estuviéramos entendiendo y señalando fenómenos obvios. Últimamente se ha desatado una estigmatización por palabras como izquierda, socialismo, marxismo, comunismo con la que se pretende señalar lo diabólico. La verdad es que estas categorías que señalaban posiciones ideológicas y posturas precisas ante la importancia de lo social, hoy se encuentran diluidas en experiencias históricas aterradoras que se han atribuido las banderas de uno u otro bando. Se han ido fortaleciendo posturas del centro que no descuidan la importancia de las economías pero tampoco los aspectos de lo social, es decir la atención de las necesidades de una población. Salud, educación, seguridad, protección y respeto por los Derechos Humanos se tienen como pilares fundamentales por toda racional conducción de un Estado.

Los extremismos tienden a ponerse en cuestionamiento, menos en Venezuela que nos ha dado por caminar hacia atrás. Cada vez más radicales y con expresiones vacías en los discursos públicos. Basta que a algún iluminado le dé por clasificar a algo o alguien y se comience a repetir sin la menor idea de lo que se está diciendo. Mejor ejemplo de lo que es el comportamiento del hombre masa imposible. Es el hombre que no interroga su realidad ni así mismo, Octavio Paz los identificó como “inertes”, un ser que solo se mueve cuando los otros empujan, incapaz de ser y de tener criterios propios necesitan identificarse con un grupo y por ello adoptan el mismo vocabulario. El grupo les da identidad y seguridad. Se fabrican una realidad generalmente descrita por otros y se enfurecen o desquician si llega un extranjero a rebatirle sus dogmas. El lenguaje no está vivo para ellos se petrificó al igual  que estático se tornó su mundo. Así que cuando las situaciones varían, porque inexorablemente cambian, siguen empeñados en comportarse de igual forma, de responder con los mismos modismos y las mismas conductas, de allí que no extrañe, entonces, el fracaso.

Si a estas masas le agregas el factor miedo nos encontramos en un verdadero peligro porque fácilmente se pueden tornar en incontrolables y antisociales. Nos acercamos cada vez más a estas características con el agravante que lo estamos esperando hasta como una puerta de salvación. “Si los cerros bajan y se generalizan las protestas masivas con sus respectivos saqueos y destrucción el gobierno cae, por lo tanto bienvenidos sean”, dicen aquellos que se visualizan bien protegidos de malandros y coronavirus en casita. Irresponsables es la palabra correcta para definirlos, quizás. La izquierda como se la conocía connotaba seres críticos con el poder de allí que todo aquel disconforme se decía de izquierda. Ahora necesitamos seres disconformes con las radicalizaciones, ciudadanos que se vayan formando para, desde su propia identidad, ir fortaleciendo un movimiento de centro más racional y en contacto con nuestras diversas realidades. La impresión que dan es el estar absolutamente ignorantes de la problemática propia de los habitantes de “los cerros”.

Así como desapareció la Clase media así mismo las clases menos favorecidas también cambiaron, y no hay grupo político que se distinga por su acercamiento ni comprensión como lo hizo Acción Democrática en su oportunidad. Tengo la impresión que los políticos venezolanos desconocen nuestra realidad y gastan sus mal planificadas estrategias en acciones que en este momento resultan absurdas.

 

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