5 de junio de 2018

No matarás



El quinto mandamiento que Moisés bajó un día de las montañas tallado en una piedra. El más contundente, el que debería acatar un ser humano, sin miramientos y sin pedir justificación. Es por excelencia el principio de la civilización, la norma esencial para poder vivir en comunidad. La sociedad debe tener cimientos incuestionables para no desintegrarse y no matarnos entre nosotros, es lo primordial. A simple vista no necesita justificación, ni mayores explicaciones, pero vemos como se mata impunemente todos los días utilizando todo tipo de justificaciones o simplemente por asuntos baladíes: por robar, por adquirir más poder, por doblegar y asustar, para mantener como rehenes a toda una población, por riquezas, por rivalidades y venganza. Fenómeno que ha existido desde que el hombre pobló este planeta con su tendencia pulsional de eliminar al otro. El ser humano es el mayor depredador, acaba con todo si no es educado e introducido en las reglas de cooperación que posibiliten la convivencia. Como vemos el “no matarás” no es tan sencillo  ni tan espontáneo. 

El que desea matar siempre tendrá razones. Justificaciones que pueden abarcar toda una gama desde lo que Hannah Arendt denominó “La banalidad del mal” después de haber sido testigo del juicio a Eichmann en Jerusalén hasta las “grandes justificaciones heroicas, la salvación de la patria, la revolución, el triunfo del proletariado” como estamos saturados de oír mientras nos matan. Siempre ha habido justificaciones a lo que son crímenes sin perdón y por supuesto sin justificación válida alguna. Provoca gritar “nunca más” lo que quizás sea demasiado pedir. Pero sí podemos pedir que aquel que mata se ahorre sus justificaciones, no las tiene, nada podrá desde ese acto eximirlo de engrosar la fila de los asesinos. También sabemos que pasar a ser un asesino es para los delincuentes una especie de graduación sin diplomas y sin honores. Las bandas delincuenciales poseen sus códigos y normas de ascenso en sus “cargos” directivos, el que cruce la línea de prueba y asesine a otro ser humano, ese estará en capacidad de mando.

Desgraciadamente de estos monstruos debemos protegernos, porque están ahí y al parecer en grandes cantidades desde que se desintegró nuestra sociedad con los antisociales en el poder. Vivimos en una sociedad que cada vez observa menos las reglas del juego de la civilización. Cada vez es más reducido el grupo  humano con respeto a los códigos de una ética mínima que posibilite la convivencia (Adela Cortina), seres íntegros que no duden un solo instante que ser correctos es lo que nos hace humano. Que sepan que solo por ser humanos hay cosas que no nos están permitidas y hay cosas que no se pueden permitir. Estamos sumergidos en un mundo hostil poblado por seres peligrosos que andan al acecho. Una guerra donde cambian las reglas del juego, pero no una guerra declarada, donde suenen las sirenas advirtiendo el bombardeo, donde haya refugios, donde sepamos que vienen a matarnos y solo nos quede escondernos. Lo sabemos porque vemos como están las calles y lo que allí pasa, porque nos despertamos cada mañana sobresaltados por nuevos asesinatos. No porque nos hayamos organizado para enfrentar una invasión de delincuentes, para enfrentar al elevado número de malvados.

“El horror, el crimen, la maldad, siempre estarán ahí, y no sirve señalarlos como cosa ajena. Que la lucha eficaz contra el mal empieza por la admisión, la certeza sin complejo, de que ese mal existe, todos formamos parte de él, y también todos, hasta quienes parecen a salvo, vivimos expuestos a él. Es necesario sentirnos tan victimas como culpables. Hacer nuestro el peligro, la incertidumbre, el miedo. Saber que incluso por nosotros doblan las campanas.” Nos advierte Pérez Reverte. El salvajismo, la locura y la psicopatía son fenómenos que no se deben descuidar. El antisocial convive en la sociedad y para triunfar hará todo lo posible por desintegrarla -lo que ya no es desconocido para nosotros-; no sigamos desdeñando la patología, son sin remedio enfermos del alma y enemigos de la armonía y la paz. Debemos expulsarlos de la comunidad por su negativa de acatar las normas porque si no es así ellos acabarán con nuestra comunidad. De los que debemos cuidarnos, de los que nos causan temor, de los que matan y torturan (que es una forma de matar) de esos inhumanos debemos alejarnos sin compasión. Deben quedar definitivamente excluidos del género humano. No lo son.

Matar, torturar es introducir un germen destructor dentro de la sociedad, enfatiza Fernando Savater “La sociedad se basa en la confianza mutua de quienes la componen. Los que están en ella deben ser socios. Cómplices en la vida, y no deben transformarse en los enemigos que la amenazan y la destruyen. El hombre que está rodeado de asesinos vive peor que en la selva, porque sus propios semejantes pueden representar el crimen” y así estamos peor que en la selva. Dentro de este nido de alacranes donde tenemos que sobrevivir de repente surgen personajes que brillan por su entereza y coraje, admirables por su integridad como personas, de esos que llamamos de una sola pieza. Hay muchos en Venezuela, sin duda, pero en estas horas tristes destaca el General Vivas. A todas las personas buenas nos partió el corazón verlo como fue maltratado y oír su grito de “Muerte a la tiranía, viva la libertad”. Porque debemos estar claros que en la defensa de los valores y derechos humanos amenazados por un tirano está justificada la violencia. El respeto a la vida exige un enfrentamiento. Es una guerra contra nuestra extinción.

La ética existe porque estamos hechos para vivir en comunidad. Si bien no se ha podido fundamentar el porqué de los principios éticos, sí sabemos que es una elección siempre y cuando queramos pertenecer a un grupo humano, en otras palabras, cuando elegimos ser humanos.

2 comentarios:

  1. A veces temo que se apodere de nosotros la banalización del mal, como por ejemplo cuando algo monstruoso deja de sorprendernos. Mis saludos y gracias por tu trabajo, Marina.

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