4 de abril de 2017

Los locos son ellos




El desprecio hacia el otro es lo que hemos presenciado en esta semana aciaga para la democracia en Venezuela y para los ciudadanos de bien, que somos muchos. Actuaciones que solo se pueden esperar de personas que actúan fuera de la ley, arrogantes, prepotentes, superiores al resto de sus semejantes. Dañan, insultan, desconocen, barren torpemente los signos de civilización y salen, como matones de barrio, a celebrar sus fechorías. Borrachos de poder y con una pérdida total del sentido de la realidad, sumergidos en un delirio, se reconocen como redentores signados por dioses. Seres enfermos, mal educados, ignorantes que pretenden tener como rehenes a toda una población. Vergonzosos espectáculos a la vista de la comunidad internacional que observan alarmados lo que hemos venido sufriendo por muy largo tiempo, demasiado. Malhechores que solo representan burdas apariencias.

A los locos siempre se les ha apartado de la vida común porque se hace imposible convivir con ellos, no entienden de normas esenciales para interactuar con las demás personas. En la época de la Colonia se les construía una habitación al fondo del patio trasero, para aislarlos. Después, por los avances científicos, se les reconoció como enfermos con necesidad de medicación y con Hospitales dotados para su tratamiento y control. Nunca se perdió la noción de que la locura debe ser dosificada y vigilada (algunos intentos que hubo en Italia fracasaron por insostenibles). Pues bien hoy en Venezuela no solo se les tiene en total libertad sino que se les confió el lugar de dirigir nuestro destino ¿Qué queríamos? El resultado lo estamos observando en todo su esplendor. Una locura generalizada porque se disolvió la lógica, los significados abandonaron a los significantes, el lenguaje se vació y no encontramos otros canales para la comunicación más allá de la violencia, la intriga, la desconfianza y la descalificación. Estos es la decadencia de una sociedad rozando un fondo infrahumano.

Todo proyecto que intenta el sometimiento de la realidad a leyes propias personales cae en el delirio, síntoma privilegiado de la locura. Estemos atentos y seamos razonables porque puede que estemos viendo como estos personajes comienzan a disociarse y traicionarse entre sí, para intentar salvarse. Estamos en el umbral de ver quien realmente terminará por desintegrarse, o es la sociedad o son los locos en su laberinto ideológico. Todo sucede con vertiginosa rapidez y al no obedecer a ninguna lógica posible es falaz tratar de adivinar. Pero en esta lucha ganará el mejor estratega, la política en su momento cumbre, las mejores mentes para manejarse en momentos límites. El desarrollo de las sociedades y los lugares que ocupamos no han sido gratuitos, han sido el resultado de las luchas contra las arbitrariedades de la autoridad y las costumbres a las que se ha querido someter al otro. No nos vamos a acostumbrar a comer basura en todos los sentidos que le podemos dar a esa imagen.

En todas las épocas y en todas las sociedades existen maneras de comportarse y relacionarse las personas unas con otras. A través de los tiempos se van cambiando las costumbres por la rebeldía y la desobediencia de los que se han sentido menospreciados y atropellados en su dignidad. Por ejemplo las mujeres en el tiempo de la Colonia eran sometidas y obligadas a permanecer en sus casas, reducidas al cuido de los hijos y de los esposos. Teresa de la Parra nos deja en sus escritos testimonio de cómo se revirtió ese orden impuesto por el machismo y su escritura revela como las significaciones de sus letras despertaron conciencias. Ya las mujeres no permanecen “a puertas cerradas” y nunca más podrán ser llevadas a ocupar ningún lugar en contra de su voluntad. Para rebeldías volteen a ver que hacen las mujeres, no todas por supuesto. ¿Cómo imaginar, entonces, que toda una población permanezca encerrada? Después de haber conquistado la libertad y la democracia ¿Cómo concebir que un grupo de locos estén dirigiendo nuestros modos de vida? Algún día tenían que cruzar la línea prohibida y quedar reducidos al desprecio del mundo civilizado. Al ostracismo.

Estamos en momentos inciertos, aún no hemos neutralizado a los locos del gobierno ni hemos calmado la locura del país. Puede que sea el final pero no sabemos cuánto durará, tengamos presente que la locura es impredecible. Quien ha estado alguna vez en un manicomio habrá observado que los locos no se hablan entre sí, caminan como autómatas de un lado a otro murmurando monólogos sin contenidos ni significación. No podemos darnos ese lujo en este momento, actuemos con el grado de sensatez que nos va quedando. Hablemos con propiedad, sin miedo y con la intención de entendernos. Actuemos con la responsabilidad que tenemos en el rescate del país. Lo merecemos y lo hemos demostrado. Recordemos los locos son ellos… por ahora.

1 comentario:

  1. Excelente Marina! de acuerdo contigo.
    Atentos a que no nos vuelvan locos a nosotros con sus incongruencias y ausencia de principios.

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