5 de mayo de 2021

Solo un Acto

Marcel Caram


Delicada la precariedad en la que vivimos. Estamos expuestos constantemente a cualquier evento que nos arroje a un abismo o nos encumbre en la gloria. Ese evento que marcará un antes y un después en la existencia puede ser manifestación del principio de vida o puede ser señal del principio de muerte. Dos fuerzas psíquicas en constante antagonismo que nos obliga a estar siempre muy atentos si queremos preservar una integridad desde la cual nos demos a conocer y acomodemos un lugar. Todo acto humano tiene consecuencias y con esas consecuencias debemos vivir o morir. Eso de andar por la vida haciendo o diciendo lo que dé la gana sin responsabilidad, respeto y sin querer asumir las consecuencias nunca ha arrojado buenos dividendos.

Despues de un acto abominable no volveremos a ser los mismos por más que intentemos mantenerlo oculto, siempre alguien lo sabrá, ese alguien que es uno mismo. Si no importa, si no produce el mínimo estremecimiento estaremos, entonces, frente a una psicopatía. Seres que no están aptos para vivir en una sociedad sin causar estragos a los demás y al delicado entramado social donde se desenvuelven. El psicópata es muy peligroso incluso para sí mismo, una vez desenmascarado es frecuente que se quite la vida. Se entiende la decisión como su única opción, ya no puede volver a ocupar el lugar de prestigio desde el cual se le conocía y se valoraba; imposible volver atrás, imposible seguir engañando, seguir representando la mentira y el vacío de su verdadero ser. Se derrumban como sujetos quedando solo los despojos de un fantasma maltrecho.

Como contraste a este infierno aparecen seres cada vez más dignamente apropiados de su lugar histórico, más conectados con la sensibilidad y con ellos mismos, brillantes y con la generosa valentía de devolver a su mundo y a sus iguales un poco de alivio, belleza y justicia, logrando una sonrisa colectiva de aprobación y beneplácito en el descanso de una catarsis. Allí reside la verdadera sabiduría en la conducción de nuestras vidas. No todo da igual, no basta un “me equivoqué” o “el otro lo provocó”, no hay escapatoria posible, una vez realizado el acto infaliblemente cargará con sus consecuencias. Las acciones que someten al otro y maltratan es lo que hemos considerado “el mal” el cual ha sido sometido a interrogaciones con la finalidad de entender sus causas. Freud, que no fue muy optimista con el porvenir de la humanidad, desarrolló sus postulados sobre esta tendencia inherente en el ser humano; en la propia naturaleza humana está la maldad, sentenció.

Gozar del otro sin su consentimiento no puede ni debe ser admitido. Burlarse del delicado tema de la sexualidad humana y las relaciones amorosas es inadmisible, eso no es humor es simple vulgaridad e irrespeto. Si no se contemplan los límites en las relaciones humanas y la delicadeza de las sensibilidades se comienza un juego mortal. Después quedamos sorprendidos y comenzamos a repartir culpas a diestra y siniestra cuando la verdadera y única responsabilidad es de quien ejecuta el acto. Ese es el que tiene que rendir cuenta ante la justicia o ante sí mismo. En una sociedad poco organizada, perdida, vamos quedando sin criterios precisos sobre lo que está permitido y lo que debe quedar prohibido. Apelamos a raros y rebuscados argumentos para justificar y dejar pasar actos delictivos, hasta que, de vez en cuando, revienta un escándalo que nos devuelve la imagen monstruosa que podemos llegar a ser. Se trata de no ignorar la existencia de la maldad, no borrar los efectos del daño y no jugar con las categorías religiosas del perdón y la bondad impuesta por un moralismo que revela muy poca reflexión. Son tiempos de pensar en la muerte a los que nos empujan antes de tiempo, aunque como Spinoza nos ilustró “el hombre libre en nada piensa menos que en la muerte y toda su sabiduría es sabiduría de la vida”.

 

28 de abril de 2021

Arrebatando a lo Jalisco

Frank Frazetta


Llegamos a niveles inconcebibles y seguimos impertérritos tratando de sortear las balas, los virus y los asaltos a mano armada. Esa tierra de nadie en la que se ha convertido la cuota 905 representa un símbolo de la corrupción y degradación extrema en que ha devenido este pedazo de tierra en la que, en tiempos más afortunados, fundamos nuestras ciudades. Cadáveres de personas atravesadas por balas tirados en las calles sin que nadie los pueda recoger porque los organismos pertinentes no tienen autorización de entrar y llevarse a los caídos de esa (nuestra) guerra. La gente les pasa por al lado, los esquiva hasta que un carro cualquiera, un particular, los recoge y deposita en un sitio donde los forenses puedan retirarlos. ¿Quiénes son? ¿Quién los asesinó? Te contestan el Coqui y su banda, esta es una lucha de mafiosos involucrados al narcotráfico. Por un lado, los locales y por otros los usurpadores pertenecientes a los órganos de seguridad del Estado. “Este territorio es nuestro y aquí mandamos nosotros” contestan los malandros.

Convencidos y sin titubeos pensamos que la vida y los territorios se arrebatan, es inconcebible creer que se pueda argumentar con el Coqui o con un agente del CICPC, imposible. No se puede argumentar con la mayoría de los funcionarios que tengan un uniforme y se les haya otorgado alguna autoridad. Se acostumbraron a dar órdenes, no atender razones. O se les entrega “su vacuna” o se resuelve la situación a tiros. La banda del Coqui decidió resolver la situación a tiros como veíamos en los westerns. Esa sensación de euforia que provoca el triunfo del mas fuerte, de un hombre indómito siempre bajo la amenaza de un extraño. Ciudades sin ley tomadas por un justiciero que representa el bien para los suyos que aspiran establecerse algún día y vivir en paz, siempre protegidos por un invencible. Unos eran los buenos y otros eran los malos que se aprovechaban de los indefensos para hacer su propia vida mas fácil. Así se concibe lo que está pasando en este territorio sin ley.

Los bandidos que implementaron la cleptocracia y nos arrebataron el país, cada vez actúan con mayor desparpajo. Acaso esta acción contra unos de los periódicos de mayor tradición en la nación El Nacional, no se trata de un arrebato de uno de los capos mayores que tiene la desfachatez de anunciarle al país como será el reparto del botín. Provocan la ira y juegan con fuego porque el día que les aparezca el Coqui nacional saldrán volados a esconderse en sus madrigueras. Peligrosas acciones permitidas en un país que duerme y se despierta sin ley. Los westerns además de divertir dejaron lecciones de la justicia en épocas salvajes. Peligroso porque hay una parte muy turbia en el ser humano que es atraído por la potencia que produce un arma. Pérez Reverte en una entrevista resalta como advertencia esta característica oscura humana que ha puesto de relieve las redes sociales “Hay algo turbio en el ser humano que quiere destruir lo que no comprende. El impulso de destruir ha crecido con las redes sociales para acallar a los que no piensan como tú. Pasearte con la tea y las cerillas en la mano es algo muy actual. Las hogueras atraen mucho a la gente”.

Mientras no cultivemos los jardines y alimentemos el diálogo, si no aprendemos a argumentar y respetarnos seguiremos con las armas como medio de persuasión. Arrebatando a lo jalisco lo que somos incapaces de construir y conservar.

 

21 de abril de 2021

La importancia del discurso

Zdislaw Belksinski


En su libro “Confesiones de un Burgués” Sándor Márai escribe la siguiente pregunta “¿Por qué se levantan de repente unos grupos, unas clases, sociedades enteras, por qué abandonan el idilio pacífico y ordenados de los tiempos de paz y se lanzan sin pensar en los brazos de la perdición? ¿Por qué no encuentra el hombre su lugar en la tierra?” Dice que es una pregunta que siempre lo acompañó, aunque estuviera pensando y escribiendo sobre otra cosa. El ser humano es muy difícil de conocer en sus oscuridades, a lo que se le ha ganado terreno, pero no todo. Así como puede ser creativo y hacer avances loables así mismo puede ser muy destructivo. Hay épocas que se distinguen por el florecimiento de las artes y el pensamiento y hay épocas en las que el ser humano se dedica a la destrucción de lo construidos. Este mismo fenómeno puede observarse en la vida de un individuo.

En la consulta uno puede quedar realmente sorprendido de la creatividad que tiene el Neurótico para hacer de su vida una tragedia constante. Como puede ir desvalorizando cada uno de sus logros y hacerse de una desvalorización personal absoluta. Nada lo satisface, nada tiene importancia. Al quedar sin lugar porque va arrasando como un depredador su entorno es cuando su vacío existencial queda en carne viva, momento en el que busca ayuda u opta por terminar de destruirse. Ante un suicidio decidido muchas veces el terapeuta queda anulado, no siempre es posible infundir las fuerzas para continuar con la vida. En este punto límite se decide o no por la vida. Recomiendo la película “Land” donde queda ilustrado el punto que estamos describiendo. El amor es la única fuerza humana capaz de mantener a otro deseando vivir.

Una sociedad estructurada, con instituciones sólidas capaz de canalizar los discursos que circulan, capaz de conferirle contenido a las emociones está en mejor capacidad de defender con pasión sus logros de libertad y bienestar. En estos grupos humanos sólidos que unen a los seres humanos por los intereses compartidos se vive con la sensación de ser querido y valorado. Son fundamentales en la estructuración del carácter cuando se está en formación (la familia) y mas tarde como soporte de vida. Cuando los seres humanos se dedican a destruir, cuando destruyen todos los lugares de recreación y de formación, cuando se destruye la familia y las creencias fundamentales, cuando esto se logra se destruye la sociedad y con ella al ser humano. Yo viví ese momento angustioso en mi país, vi como los seres humanos a mi alrededor y sin titubeos se fueron arrojando a lo peor. Vi como esto sucedió con la mayor banalidad y débil argumentación. Pero también me di cuenta que no había nada que hacer. ¿Qué somos hoy? una masa informe totalmente desestructurada.

Las democracias amenazadas en nuestro mundo occidental están mostrando que ya no tenemos un discurso compartido. Eso es la democracia, un discurso como bien señaló Julio Hubard, de ahí que el pervertir la palabra es tan destructivo como las armas. Vemos como a diario se pervierten las palabras en nuestro entorno. “Dialogar” ya posee la connotación de “traicionar” “votar” posee la connotación de “vendido”. Lo que otrora fue el vocabulario propio del sistema democrático hoy hay que utilizarlo con mucho cuidado para no levantar sospechas. Los atenienses basaban su sistema democrático en el espacio público. Tenían como obligación hablar y hacerlo claramente, las ambigüedades eran consideradas un defecto moral. Los ciudadanos poseían voz.

Nos quedamos sin voz, sin vocabulario preciso, sin instituciones, sin sociedad y sin lugar. No extraña la cantidad de suicidios que estamos presenciando que ya podrían ser catalogados como un problema de salud pública. Cuando todo eso se pierde, se pierde la esperanza y quedamos solo con el miedo. Damos todo por perdido y de ello no dudamos. Ya lo decía Spinoza “El miedo se constituye entonces en una fuerza que dramatiza las pasiones y que opera tanto en lo público como en lo privado. Se convierte en una pasión triste que obstaculiza nuestra potencia de actuar y nos entrega a los fantasmas, a las supersticiones y a las mistificaciones del tirano”.