4 de junio de 2025

La soberbia racional

 

Aykutn Aydogdu


Ante disyuntivas difíciles, como la que acabamos de enfrentar es natural que cada uno de nosotros nos formemos un criterio y actuemos de acuerdo a ese criterio en el cual confiamos. Lo que es preocupante y se podría evitar es la brecha que abrimos entre nosotros. Nos refugiamos en nuestra verdad que sabemos vulnerable y no podemos oír las visiones y verdades que otros sostienen y muestran la fragilidad del criterio que nos guio. Al no haber certezas en estos actos y sus alcances optamos por mostrar una soberbia racional. Tan ajeno nos parece mostrar un error o titubear sobre nuestras razones que nos sorprendemos cuando oímos a alguien asumir su propia equivocación y no proyectar en otro la propia falla. Aquí estamos nuevamente divididos, ofendidos y enfurecidos mientras la realidad sigue impertérrita su camino.

Dueños de la razón no somos ninguno, solo somos víctimas de un grupo de personas sin escrúpulos que se han dado a la tarea de imponer sus métodos de sometimiento y acabar con cualquier vestigio de bienestar. Desesperados como ya estamos, nuestros estallidos de rabia son cada vez más descontrolados, lo lamentable es que apuntamos a nosotros mismos. Después de cada esperanza frustrada, de la que nos vamos despidiendo paulatinamente y con dolor, suceden las rupturas y maltratos entre amigos o entre personas relevantes y apreciadas. Realmente esto se podría evitar, no es necesario. Solo estamos viendo a nuestro mundo a través de la rendija de nuestras representaciones. Hay todo un mundo de formas que no estamos viendo y que ponen de manifiesto nuestra precariedad.

Los rostros nos reflejan el dolor de esta dura batalla donde nuestras energías deberían estar al servicio de la verdad. Esa verdad que no alcanzamos porque al tenerla cerca nos quema y repele con su crudeza. Nada que nos distinga de la historia humana que dando traspiés avanza y retrocede en sus aciertos y equívocos. Coqueteamos con los bordes, caminamos desafiando abismos, le gritamos al vacío y el eco nos devuelve nuestra propia bravuconada. El rostro del acuerdo político entre varias y distintas visiones no se vislumbra por lo que se sigue oteando por la pequeña rendija que solo puede abarcar un ser humano en soledad. Un grupo reducido de representaciones no son nuestra realidad. Vivimos en el centro de nuestra paradoja sin poder romper con la burbuja.

El mundo que queremos no está allí esperándonos, no existe hasta que lo hagamos realidad con nuestras acciones, no perdamos tiempo porque queremos verlo. Que dentro de las teorías vivan aquellos que queremos fuera de nuestro mundo, pero esa no será la realidad que estamos por construir, no será lo que pensamos sino lo que viviremos. Por más relevantes que sean nuestras razones, lo que está pasando está pasando a pesar de ellas. Ninguna teoría es nuestra realidad. Debemos transitar del mundo rígido y restringido por la miseria a otro mundo construido para nuestro bienestar y además de un pensamiento compartido necesitamos de acciones coordinadas. El llamado, entonces, es a una conciencia ética.

En una cultura compartida no solo vemos caras de nuestros allegados, sino que somos capaces de entender su mundo interno con tan solo una mirada. No es la soberbia del yo “tenía la razón” sino es el contacto de lo humano y sus derechos en ese mundo que nos toca construir. No es la soberbia de la razón es el roce y comprensión de lo que es nuestro y nos pertenece. Es el encuentro con nuestras formas de vida.

28 de mayo de 2025

El día después

 

Andrew Ferez


Quizás lo que vamos despejando en este lastimoso retorno es conocer con claridad la sentencia de San Agustín “somos naturaleza caída” respuesta que se dieron Rousseau y Hobbes a la pregunta ¿por qué cambiamos la libertad por promesas falsas? No solo lo hicimos una vez sino constantemente lo repetimos. Vivimos con entusiasmo una ilusión para luego pasar a la inacción. Una y otra vez el mismo guion. Ahora nos toca un largo período hasta que se rompa la cadena de “siempre lo mismo” o volver a conocer las nuevas versiones “de lo mismo”. Seres hablantes que fuimos expulsados de un paraíso, de una completud. Erramos, siempre erramos, elegimos y elegimos de forma equívoca, mentimos y eso lo hacemos con habilidad porque son muchos los oídos que se prestan a escuchar.

Por el hecho de que poseemos un lenguaje podemos mentir y lo hacemos con muchísima habilidad y por distintos motivos. Mentimos para protegernos y proteger a otros, esta puede ser la mentira benigna. Pero también tenemos la capacidad de mentir por el placer de engañar, someter, vejar y confundir. Es la mentira del que se esconde detrás de discursos “inocentes” para ejercer su voluntad perversa de someter a otro. Un poder sádico que también es voluntad humana. Pero existen las voluntades “de escoger nuestras leyes, la paz, las instituciones, las ciencias y el arte es decir la civilización” como señaló Octavio Paz; estamos, entonces, viviendo el choque de dos voluntades irreconciliables y decididas. Pero ambas, por ser humanas y atravesadas por el lenguaje, son sometidas a la sospecha. También tenemos la capacidad de mentirnos a nosotros mismos; la verdad tiene estructura de ficción afirmó Lacan, la misma estructura de la mentira.

Si es cierto, y nadie lo niega que como país ya habíamos elegido y lo expresamos en las urnas electorales el 28J, esa es nuestra verdad demostrada. Pero también es otra verdad que quedarse esperando que los militares entiendan y negocien es una quimera, no lo harán. La verdad es que ya llegamos a un final y es irresponsable seguir alimentando esperanzas en un vacío o en una ilusión de una estrategia oculta que algún día nos liberará. Una verdad es que no estamos en condiciones de rechazar ningún espacio político que se nos abra. La verdad es que necesitamos liderazgos con claridad política que aglutinen a la mayoría y sepan negociar. La verdad es que tenemos que apartarnos de este eterno retorno a lo mismo. La verdad es que tenemos que afinar el criterio de elección.

Como dice Savater “estamos condenados a elegir” no hay posibilidad de evitar esta condena, nadie puede ser exonerado porque incluso la no elección es ya una elección. Sin embargo, esta tareíta que nunca terminamos es la más difícil de nuestras vidas. Elegir es muy difícil y arriesgado, nunca estaremos absolutamente seguros de estar haciendo la mejor elección y siempre perderemos algo, precisamente lo que no elegimos. Condena que se nos hace cada vez más pesada en un mundo que en forma general ha preferido sentarse sobre la comodidad, disfrutar de lo ligero y dejar que otros elijan por nosotros. Queremos “tener” pero ya hemos perdido hasta la noción de lo que es “ser”. Sobre todo, queremos tener placer, a pesar de que Freud nos advirtió que evitando el malestar se produce inevitablemente un nuevo malestar.

En esta nueva verdad que nos arroja la realidad desde el día después sentimos en primera instancia el dolor de los fracasos y el dolor de la certeza de no haber sido reconocidos, pero caer en la impotencia es lo que debemos combatir con todas nuestras fuerzas. Somos objetivación de una voluntad como lo señaló Schopenhauer, los únicos arquitectos de un futuro.

21 de mayo de 2025

El respeto a lo íntimo

 

Egon Schiele


Defender la intimidad es lo más cercano a nuestra defensa de lo sagrado, a lo que diferenciamos de los demás aspectos de intercambio que ruedan y se manosean con descarada indecencia. Cuando hablamos de un niño y su relación filial estamos hablando de amor y hoy quiero hablar en su favor y en el repudio absoluto a su irrespeto. Estamos invadidos de basura pública y privada. Cada vez más saturados de presentaciones indecentes de expresiones amorosas fingidas, de imágenes manipuladoras que se ofrecen para causar motivos de ternura y producen una indignación desbordada porque su intención no es culta, no es delicada y se maltrata a un niño, se nos maltrata a todos. Hasta donde se llega con la propaganda. No todo debe estar permitido en una cultura que debe cuidar el amor a la vida. ¡Cómo hemos descuidado lo sagrado lo íntimo! en verdad lo resiento.

En este momento nadie nos está cuidando y se siente, hay una degradación obscena que lastima y se siente. Así como se irrespeta la naturaleza y a los animales así se irrespeta al ser humano y sus expresiones más íntimas, no se cultiva nuestros afectos, no se cuidan, es como si se nos hubiese dado una orden de prohibición de lo culto, del cuido a lo que nos es sensible y estamos obedeciendo y quizás excedidos. Si no saltamos ensoberbecidos ante estas imágenes es porque estamos adormecidos o quizás acostumbrados, no quiero pensarlo. No podemos permitir que se prostituya nuestra intimidad y la opinión pública no la está defendiendo. La vida no se puede reducir a esta pobreza en el afecto, a esta desfachatez en su uso y abuso.

Siempre necesitamos en quien confiar, necesitamos de amores justos y de la verdad, uno en el que encontremos reciprocidad, debemos ser libres para escoger como amar y no estar evitando constantemente que no nos salpique la suciedad, no es justo solo poder movernos dentro de límites tan estrechos en la expresión de nuestros afectos sin la intromisión de los autoritarios que todo lo quieren contaminar. En lugar de andar en cruzadas épicas de “morir por la patria” deberíamos ser más honestos y amar lo nuestro con mayor caridad y claridad. El afecto es poderoso cuando se conoce y se cultiva. No es el interés lo que persiste y cuida, si cuidamos lo que nos rodea y a quienes nos rodean estaremos cuidando lo nuestro con mayor certeza y no engañándonos constantemente. Lo político y lo religioso nos han desviado los deseos a objetos intangibles que nos son etéreos y no nos duelen, no nos conmueven y no nos obligan a actuar justamente y con pasión, sin sacrificio.

Rescatar nuestra identidad que no ocupa espacio y que debería ser idéntica en cualquier tiempo. Siempre la familia y los amigos fueron sagrados por más distantes que fueran las maneras de pensar sobre determinados tópicos, ¿por qué ahora a la más mínima contrariedad se hace mejor guardar silencio y distancia? Porque nos hemos dejado contaminar con la brusquedad y la deshonestidad. Somos lo que estamos siendo, la consciencia es el trascurrir de una ética y de una estética que nos define y nos señala la decisión en el actuar. Actuar es decir no, esto de manosear lo sagrado y de exhibirlo impúdicamente, esto no. Me sentiría mal si no lo digo es mi conciencia que me llama. Una vez estaba en un concierto por la conmemoración del Holocausto y el director de orquesta que era argentino mandó a callar a un embajador nuestro que hablaba del horror en el que nos sumergimos. El auditorio quedó en silencio. Me sentí muy mal por no haber protestado, mi consciencia me indicaba lo que era bueno para mí. Siempre he creído que no es bueno quedarse callado, los otros a lo mejor lo agradecen.