2 de abril de 2025

Agujeros traga elegidos

 

Hans Kauters


Uno de nuestros problemas es creer que hay conclusiones definitivas en política y que es factible llegar a un final, es decir a un producto terminado. El creer que, una y otra vez, elegimos al líder indiscutible y sabio que nos conducirá hacia ese final. No nos debe, entonces, extrañar que la realidad nos arroje al lodazal del fracaso, a la decepción, devolviéndonos a un principio nunca acabado. Allí, entonces comienza una tristeza que cada vez se hace más crónica. Cómo no vamos a estar tristes y golpeados si somos objeto de una guerra no convencional de exterminio. A ese foso nos zumban con la desfachatez de decir que caemos convencidos de que era necesario para lograr el sistema de justicia y libertad anhelado. Debemos ser sacrificados para la salvación de la nación y la glorificación de un proyecto. Interesante expresión de una pasión religiosa. Como se lamentó Émile Zola en el famoso “Yo acuso” del caso Dreyfus “Las estúpidas pasiones políticas y religiosas ya no quieren comprender nada”.

No, no es cierto. Lo verdadero es que estamos muy cansados, que vemos los tiempos duros a los que nos encaminamos con verdadero temor. Estamos más debilitados en todos los sentidos para nuevamente atravesar una dura tormenta. Hemos seguido tácticas de dirigentes estrechos de mira que, por temor de comprometer su situación personal, de admitir sus errores y rectificar siempre brincan hacia adelante con arrogancia y terquedad. Se nos pide callar y aguantar, se censura la crítica y la libre discusión. Muchos callan por temor a oírse y terminar de aceptar que sus esperanzas fueron nuevamente arrojadas al cesto de la basura de los futuros truncados. Callan, también, por miedo a ser tildado como vendido o traidor. No salimos de nuestra confusión, de situaciones absurdas y angustiosas, seguimos padeciendo el dolor del pisoteo descarado a la razón y a la dignidad.

El sentido de la democracia requiere permanecer abierto a un debate interminable y nadie tiene la última palabra. El que intenta ponerle un punto final a ese debate está de alguna forma actuando de igual forma al adversario, anulando la libertad en favor a la servidumbre. Que se hable en representación de otros sin haber sido consultados es una impostura y una usurpación de voluntades inadmisibles. Mi voz y mi alcance es limitado, pero debo aclarar que no le he firmado un poder a nadie. Que no vendo mi criterio ni mis ideas y siempre manifestaré los desacuerdos cuando los tenga. Estos líderes que han contribuido a hacer más difícil la sobrevivencia de los otros les espera el olvido y el vacío histórico.

Como lo entendió Lefort la democracia tiene un sentido instituyente que no se agota en lo instituido y el contraste con el pensamiento totalitario nos indica el sentido. No es cierto que todo el que manifiesta ser democrático lo sea, los vemos conducirse con la indolencia y la arrogancia del totalitario. En las democracias más que guías o profetas lo que esperamos son eficientes detonadores de cambios. Seres sometidos al derecho, respetuoso del derecho individual y conmovidos con el dolor colectivo. Que no engañen y que sepan que los elegidos, lo que así se creen, terminan ingeridos por los agujeros de sus propios disfraces. Puestas en escenas que tienen un final, siempre baja el telón.

Los daños más difíciles de perdonar son los que se infligen a nuestra dignidad, el haber sido engañados y conducidos a una trampa por un iluminado “poseedor de la verdad”. Debemos aprender que se apoya a un proyecto con una organización estratégica. De los elegidos ya se encargarán los huecos negros de un real no simbolizado que nos trae la realidad.

26 de marzo de 2025

El reconocimiento humano

 

Armand Schonberger


Parece que en general se coincide con la visión de un mundo desorganizado y desalmado. Es como que se estuviera regresando a aquellas épocas anteriores al derecho internacional, como que no hubiésemos conocido la democracia. La vida ha perdido valor y los seres humanos se regodean en la impiedad. Esas emociones propias de los seres éticos ya no se sienten o se ocultan tras deseos menos nobles, como son la venganza, la competencia y las ambiciones personales. A lo que le otorgábamos valor ya es visto como debilidad. Hay quien opina que es un período de transición y puede que así sea, pero sin saber aún hacia donde transitamos. Cuando el mundo nos ofrece este panorama desolador es porque está habitado por seres humanos que decidieron vivir fuera de cualquier convicción del reconocimiento al otro.

El ser humano carece de un instinto gregario, pero al mismo tiempo es un ser desvalido que necesita de otros para su subsistencia. Para poder formar las comunidades que le son necesarias debe ser educado en un compromiso moral, sin una convicción de respeto nos mataríamos los unos a los otros para arrebatar lo que no es nuestro. Hemos venido, a través de la evolución, desarrollando organizaciones que facilitan la vida en comunidad, nuestra naturaleza egoísta y violenta necesariamente debe ser disciplinada. Cuando al fin logramos un sistema (perfectible) equilibrado para una convivencia en paz, decidimos no defenderlo y dejar que los seres amorales se dediquen a destruirlo. Están las democracias bajo un asedio cruel y desmedido, los seres inocentes y desprotegidos están siendo exterminados. Bien porque son asesinados o bien porque son inducidos a albergar sentimientos de venganza.

La vida ética del reconocimiento, único camino para conformar un Estado, la vía que construye sociedades a las que pertenecemos. Detrás de estas sensaciones de pertenencia hay un mar de emociones donde se hace posible el reconocimiento propio y el del otro. Estas emociones se conocen como las emociones éticas, entre la que destaca la piedad. Si no me duele la desgracia ajena, si expongo a los otros y a mi país como blanco de ataque por un simple razonamiento instrumental, entonces no estoy adscrita al pacto fundamental de defensa de lo nuestro y estoy vendiendo lo de todos, estoy vendiendo al país. Así es como se ha venido socavando la base fundamental de unión entre los humanos. No podemos aspirar a una libertad sin tener claro como se defiende, sin tener claro que debo comenzar por defender la libertad del que le fue arrebatada sin tener un delito comprobado.

Los valores no son abstractos ni lejanos, convivimos con ellos nos acompañan cuando razonamos y cuando estamos con otros. Afloran hasta herir cuando presenciamos una injusticia o cuando no nos reconocen en nuestros actos de bondad. Hiere la indignación, la vergüenza, la empatía, todas emociones éticas. Quien no las siente es el psicópata que sabe que el otro puede ser manipulado a través de ellas. Entendamos de una vez que el psicópata no hace sociedad, más bien la destruye. La nación se consolida a través del Estado como el proceso natural del sentir social dentro del marco de igualdad ante la ley y la libertad. El afán por la seguridad conduce a las personas a la necesidad de llegar a acuerdos que preceden a los sentimientos morales e implican la necesidad de reconocimiento, nos recordaba Hannah Arendt.

El arrogante hecho para no sentir miedo, el que sobresale en la manada de los soberbios actúa con la convicción que nadie se le asemeja, pero ni de cerca. No está dispuesto a obedecer leyes que lo limiten. Por ello, entre otras cosas, no mide las consecuencias de sus palabras ni de sus actos.

19 de marzo de 2025

La argumentación y la política

 

Caravaggio


La política al ser una actividad humana ingeniada para evitar conflictos y llegar a acuerdos es por esencia una actividad racional en general y argumentativa en la práctica. Está orientada por la lógica y limitada por la vía jurídica. No está ceñida a la actividad proselitista, a la militancia y a los debates ideológicos cerrados en dogmas y extremistas. Así que su práctica es contraria a la rigidez de posturas adoptadas. En el camino se van evaluando los escollos, las imposibilidades y se van adoptando estrategias que se ofrecen al debate. Sin deliberación y sin flexibilidad no hay política sino imposición y descalificación. Se trata de la difícil conformación de un gobierno, lo que en un Estado está permitido hacer, lo que los ciudadanos se pueden permitir como herramientas de vida dentro de la ley.

Todo lo que emane de un sistema de gobierno, sus acciones u omisiones, debe ser susceptible de ser compartido a través de razonamientos. Siempre es una obligación de los dirigentes rendir cuenta a sus seguidores y ser interpelados por estos para exigir razones de sus decisiones. Es característico que el líder encerrado en sus trincheras (por las razones que sean) y solo interpelados por los suyos cercanos, vaya perdiendo contacto con la realidad. No pueden, entonces, estar en capacidad de entender y actuar en concordancia con el momento. En nuestro caso que vivimos en una férrea dictadura no podemos dejar la conducción política de oposición en manos de una sola persona porque pasa lo que está pasando, quedó aislada y perdió el rumbo.

Así que nuestro desconcierto y sensación de fracaso viene de desviaciones duales. De parte del tirano y la anarquía voluntariosa de una líder que dejó de razonar para imponer. Ambos están defendiendo sus bastiones y justificando sus “verdades” pero desconociendo el estado de cosas por las que se sigue hundiendo al país, se desconoce el sufrimiento de una población cada vez más paupérrima y desposeída de los servicios elementales, agua, electricidad, salud y educación. Sabemos que la tiranía no va a flexibilizar sus posturas, al contrario, cada vez las endurece más. Pero aun esperamos que la dirigencia opositora flexibilice su estrategia y la adapte a las circunstancias actuales. No nos encontramos en la misma realidad en la que estábamos cuando acudimos a votar. Toda acción humana debe ser flexible.

Argumentar apelando a una autoridad del carácter que sea (política, religiosa, mágica) es no argumentar. Las más conocidos en nuestro medio son las autoridades extraídas de la religión o apelando a que “así lo quiso la mayoría”. La democracia exige cambios constantes y está siempre en un conflicto porque su naturaleza es deliberativa. La mayoría también se puede equivocar y es parte de la función de liderazgo indicar con razones por que se equivocó.

Para poner orden en nuestro mundo necesitamos razones que le den sentido a lo que sería un caos ininteligible de lo contrario. Cuando expresamos el “aquí no se entiende nada” es porque tenemos un cuarto de siglo viviendo en un caos, es imposible entender que cuando todo ha demostrado ser un fracaso se siga insistiendo en permanecer implementando las mismas políticas. Es imposible entender que en 25 años la oposición siga cometiendo los mismos errores y vaya de fracaso en fracaso, sin tener la capacidad de debatir con sus homólogos. En un mundo que cada vez se aleja más del diálogo y de la argumentación, que cada vez se acerca más al conflicto bélico para dirimir sus diferencias, es un mundo que cada vez se aleja más de ser humano. Es el mundo que Trump, Putin y Maduro quieren.