9 de junio de 2021

Quizás me fui

Valentin Gubarev


Lo publico nos incumbe a todos porque todos somos partícipes de una vida común. No hay democracia sin la participación de los ciudadanos, allí reside la fragilidad del sistema que más deseamos y más maltratamos. Se comienza a resquebrajar el equilibrio cuando la mayoría pasa a engrosar la fila de los idiotas en la acepción aristotélica, cuando somos indiferentes a los intereses comunes. Siempre en controversia las exigencias e interpretaciones de una democracia. Sin la conciencia individual de respeto al otro es imposible verdaderas organizaciones que controlen y cambien el poder autoritario que nos asfixia. Todo poder, y más uno arbitrario y despótico requiere de una vigilancia y control por parte de sus afectados. Esto se ve con mucha claridad cuando perdemos autonomía y nos agobia la ineficacia. Difícil es estar atentos cuando estamos gozando de bienestar y sumidos en placeres adormecedores. Agobiados por carencias básicas como estamos es muy difícil ser fieles y constantes en el cumplimiento de los deberes que inexorablemente tenemos como ciudadanos.

Como a niños se nos tiene que estar indicando lo elemental y los criterios que acompañan todo temple formal. Se resquebrajan los límites, los criterios se pierden en un interés egoísta de reafirmación rebajando al otro. ¡Golpea! Pareciera ser el lema no importa la forma, así incurramos en los horrores que rechazamos o debíamos rechazar. Toda manifestación racista o xenofóbica debía causar repulsión en un hombre de letras. Esos grandes detalles nos hablan de lo bajo que han caído los valores y se nos aleja aún más la ilusión de recuperar nuestra democracia. Si no nos volvemos a fortalecer como personas y empezamos desde cero a organizarnos no será posible salir de esta pesadilla. No deseo a mis amigos expresándose de otros, por mas despreciables que sean, de forma despectiva por su posición social, religión o color de piel. Se decía que el venezolano no sufría de esos males, pues ya los vemos brotar en cualquier persona, incluso querida. Sacaron de nosotros lo peor y ya nos parece “normal”. Se puede lograr en un régimen autoritario que la mayoría deseen lo mismo, por ello uno no se puede distraer. No deseo esto para mi país.

Las democracias se pierden al resquebrajarse el espíritu cívico de los ciudadanos. Aparecen, entonces, las agitaciones civiles descontroladas, las guerras (cota 905), la militarización del poder y la corrupción en todo nivel. Se mantienen en el poder, dictando normas de procedimientos a los seres más corruptos de nuestra sociedad en contra del deseo de la mayoría de los sufrientes ciudadanos sin capacidad para organizarse y hacer valer sus derechos. La democracia, nos dice Bobbio, está constituida por un conjunto de reglas fundamentales y los funcionarios elegidos democráticamente vigilan su cumplimiento. Mucha responsabilidad que debe reposar en manos probas. Pero nada de esto es posible sin una formación sólida de los habitantes del país. Me da verdadero dolor toda manifestación desencajada de una persona valiosa. Pero más indignación me causa la censura y la persecución. Todo fuera de lugar.

Quizás estoy observando, con mucha resistencia, un cambio cultural y la pérdida irrevocable del ánimo que poseíamos. Las culturas cambian y cambian los códigos culturales. Quizás la cultura que se está manifestando no me encaja, no va conmigo, quizás también me fui, aunque permanezca en el mismo sitio. La violencia permeó y no es patrimonio solo de los oligarcas, se avizora una cultura muy violenta. Estamos presenciando como nos desgastamos en combates banales y descuidamos las organizaciones ciudadanas que se nos hicieron urgentes.

 

2 de junio de 2021

Es en serio ¿no tienen nada que explicar?

Jan Toorop


Sufrimos desde siempre de una falla importante para llevar a cabo y solidificar organizaciones sociales cohesionadas y sólidas. No hemos entendido la importancia fundamental que posee el otro en mi constitución como ser humano y como ser social. No nos interesa explicar, no nos parece fundamental entender y que nos entiendan. Hemos vivido creyendo y practicando una soberbia personal y un desprecio repugnante hacia el otro. ¿Qué creímos? ¿Que era posible vivir despreciando para después encontrar al otro dispuesto cuando fuera necesario? Caro nos ha costado el precio que estamos pagando. No solo perdimos la democracia y los espacios de libertad conquistados, sino que la soberbia nos llevó a tomar atajos por caminos infectados de asaltantes. Ahora se produce un cambio de dirección y no se ofrece una mínima explicación. Al rebaño no se le explica simplemente se le conduce. No entendieron todavía que son personas las que llaman a dar su apoyo, que las personas suelen esperar explicaciones, reflexiones mas que confesiones. Es mucho pedir que hablen o es que no tienen nada que decir. Carencia fundamental para remediar tanta calamidad.

La diferencia que encuentro con aquel cónclave de notables es que al menos eran personas cultas, pero igual de soberbias. Convencidas estaban de pertenecer a una clase privilegiada y superior que los autorizaba a ver al resto como serviles. Daban órdenes sin permitir una interrogante y ni hablar si se trataba de un cuestionamiento. Se observan todavía en abundancia, pero ya ofrecen un espectáculo lamentable; uno se pregunta ¿De qué alardean? El hecho es que siguen demostrando el mismo autoritarismo, la misma arrogancia. No solo fallamos en la carencia de ideas y en un desprecio por la reflexión, la falla es estructural, de personalidad y actitud como manifestación colectiva. Se vive y no se cree, ¿es qué no merecemos ninguna explicación? Es en serio, ¿no van a hablar? A mi un notable me botó de mi trabajo y después no me dejó entrar al instituto a recoger mis pertenencias, me trató como a una delincuente porque me atreví a hacerle una pregunta, no me dejó hablar. ¿Es que ahora me van a botar de mi país? El país es suyo y lo manejan a su antojo, tanto los de una acera como los de la contraria. Todos autoritarios por igual, es nuestra gran falla como ciudadanos. Todos quieren imponer, ¿Es ésta una actitud de diálogo? Los seres inteligentes y educados se conocen por el respeto que demuestran hacia el otro.

Expresión acentuada de la vulgarización en toda manifestación. Vulgar el discurso, vulgar las actuaciones. Actitud que nos empujó a un submundo violento donde se desprecia al otro. No creer que merecemos explicaciones es comportarse de manera violenta. No se tendrá confianza hasta que no se comporten respetuosamente y podamos conocer sus reflexiones. Tengo la impresión que esa leyenda tan arraigada en nuestro genoma venezolano de adorar a un Simón Bolívar en cada “líder” que se asoma y venerar sus decisiones como infalibles se comienza a resquebrajar en nuestro país. Por lo menos hay voces que se levantan pidiendo explicación, interrogando. Falta mucho para extinguir el mesianismo destructor, pero estamos trabajando. Como bien apunta Pérez Oramas “al mesianismo hay que excluirlo de nuestros usos y costumbres”. Primer paso para poder ser justamente conducidos a nuestra reconstrucción.

Difícil mal de erradicar constituye la soberbia, a pesar de los tiempos tan difíciles por los que transitamos en toda su dimensión, en la que hemos visto de frente la dolorosa y temible vulnerabilidad, persisten sus focos actuando con tenacidad.

 

26 de mayo de 2021

Radicalizados

Oleg Oprisco


El sufrimiento, las historias personales son muy importantes al querer analizar y comprender la radicalización que se asume cada vez de forma más generalizada. El sufrimiento de toda una población sometida a largos años de sometimientos, penurias y humillación, la sed de venganza y muerte comienza verse como “normal” en el deseo colectivo. Salidas negociadas, lentas, difíciles en las que se le ceda un rango humano al torturador producen un rechazo visceral que no permiten interrogaciones. Estas emociones, entendibles por cierto, dificultan poder alcanzar la meta colectivamente deseada. O se va a una guerra sin tener con qué o se cometen actos destemplados como los hemos padecido.

Otro factor contribuye a la tendencia radical que observamos en el mundo. Como bien señala Fernando Yurman, el mundo ha venido dejando atrás como inservibles las referencias que anteriormente frenaban, dosificaban o invitaban a reflexionar sobre los acontecimientos. Se observa un desprecio al pensamiento y a las personas que dedican su vida a indagar sobre los fenómenos y a entender sus causas y evolución. Estas personas no se lanzan a afirmar ni a opinar sin haber tomado un tiempo de estudio y lecturas. Una interesante película francesa “Los consejos de Alicia” enfoca precisamente este tema en defensa de la política cuando impera el populismo y la antipolítica. El alcalde de Lyon Paul Théraneau que dice haberse quedado sin ideas contrata a una joven intelectual Alice Heimann para que lo ayude a pensar. Una interesante y oportuna puesta en escena por los franceses como denuncia de un mundo nihilista que se ha entregado a prácticas destructivas sin reflexionar sobre sí misma.

En este orden de idea recomendaría también otra película “El Atentado” como en una misma casa, un matrimonio vuela por los aires por la radicalización suicida de la esposa. El médico que ejerce en un hospital en Tel Aviv se entera del atentado suicida perpetrado por su esposa atendiendo heridos y recogiendo muertos en un concurrido restaurant. Qué hace que, con una misma formación religiosa (ambos musulmanes), uno se decida por el trabajo y el honor de la academia y otra por volarse en un ataque suicida matando a inocentes civiles en Tel Aviv. La radicalización, se adoptan opiniones, puntos de vista e ideas, que desembocan en actos terroristas. Determinan las historias personales y la fragilidad psíquica. El mal, la destructividad que acompaña al hombre, a la que Freud le dio el nombre de “pulsión de muerte”. Esa oscuridad revestida de banalidad, que soterrada y cíclicamente observamos erupcionar con violencia aterradora. Esa que se está padeciendo en nuestro mundo actual. Perdemos el sentido humano de nuestro mundo y pasamos a despreciar al ser pensante.

Se desprecian las ideas y por lo tanto se desprecia la política, no se tiene conciencia que al dejar de hablar, de entendernos solo queda explotar bombas y pasar todos a configurarnos en atacantes suicidas. Lo vemos cada vez con mayor frecuencia en los ataques que suceden en los Estados Unidos en las Escuelas y sitios públicos, lo observamos en Europa en los atentados terroristas. Lo vemos en América Latina con sus explosiones sociales y sus tendencias destructivas, lo observamos en el desprecio que se tiene en nuestro país por las tímidas voces que comienzan a erigirse en favor de la conversación y el voto. Ya lo vimos, fracasaron todos los demás intentos, probemos entonces a organizarnos alrededor de las ideas, para ello hay que leer, investigar, aunque tengamos el tiempo corto y el desánimo nos arrope.