3 de abril de 2024

Un significante vacío

 

Dasil Silva


Es interesante la propuesta de Fernando Mires, un símbolo, un nombre no conocido o un “significante vacío” que nos permita convertir a estas elecciones en un plebiscito, un “si” o un “no” en relación a Maduro. Un significante vacío es decir sin significación, con la única connotación de una negación de un “no” queremos. Una posibilidad que nos aglutine y nos oriente a salir de este terreno movedizo y pegajoso en el que estamos hundidos. Esta fue la vía como Chile pudo derrocar a Pinochet. Hay una película al respecto muy buena que se llama “NO” en la que se relata lo que fue esa batalla librada. Dura campaña y duras estrategias. Por supuesto con sus escollos, pero que no lograron desviar la decisión que ya había tomado el pueblo chileno.

Pinochet hizo trampa, volteó los resultados a su favor y el ejército dijo “No”. Un ejército del que se decía era de fuerte convicción fascista y que fue capaz de llevar a cabo actos muy crueles. Sin embargo, los resultados fueron tan evidentes que no les quedó más salida.

Veo dos inconvenientes básicos para aplicar esta fórmula en Venezuela. Me parece que no nos permitimos un significante vacío, en seguida se comienza a llenar de significaciones adversas. Es un ladrón, es un vendido, es un traidor, es…es. No importa si es verdad, si nos consta, lo importante es “no dejarnos engañar” engañándonos. Muchos expertos, muchos sabihondos, muchos conocedores de secretos bien guardados. El segundo inconveniente que observo es que esa línea de fuerza armada no la tenemos. Nuestro ejército es menos profesional, más conformado por integrantes que solo saben obedecer y no pensar. El ejército chileno podría verse como más difícil de cambiar porque es altamente profesionalizado, pero es todo lo contrario, están acostumbrados a pensar y tienen disciplina.

Estas características, que se han agudizado durante este tiempo en el que venimos perdiendo la democracia en mano de bandas de delincuentes, no nos permiten unirnos para derrocar al opresor, y así perdemos posibilidad y fuerza. Opinamos, sabemos, tenemos convicciones que guardamos como actos de fe, refugiados en nuestros grupos o sectas. Es decir, somos propensos a andar en grupos, pero esa no es la unidad que deseamos, no se trata de conformar individuos indiferenciados o como describe José Rafael Herrera en su artículo “Del Ricorso” “En otros términos, se trata no de la unidad, sino de la uniformización de las relaciones sociales, de la negación misma de la diferencia, de la diversidad: de toda forma posible de disidencia. Y, por eso mismo, se trata de la negación de la democracia y de la libertad”. Eso es precisamente lo que hacen nuestros opresores. La nuestra sería una unidad de objetivo en la estrategia planteada. Son acuerdos razonados.

El objetivo es ese “no” mayoritario, masivo. En la estrategia es hacer de estas elecciones un plebiscito cuyo proceso estará, por supuesto, rodeado de escollos y trampas. No dejarnos hundir ni desistir en alcanzar el objetivo sería nuestra fuerza en la unidad. Recobrar la alegría tanto tiempo perdida. Decir como una vez dijeron los chilenos “Chile, la alegría ya viene”.

Como las verdades generalmente son reveladas por los poetas Mario Benedetti le canta bellamente al valor no renunciable de la alegría “Defender la alegría como una trinchera/defenderla del escándalo y la rutina/de la miseria y los miserables/de las ausencias transitorias y de las definitivas”. Fue el No con que se inaugura el lenguaje, el No que posibilita la subjetividad, el No que funda la civilización.  El No a las contradicciones y la mentira, el No a la muerte en vida, el No del rebelde que no se deja arrebatar lo suyo.  La alegría que se siente cuando se realiza un acto voluntario y libre para decirle un “No” al atropello y al abuso, nos devuelve en lo inmediato la fuerza indetenible de los lazos que nos unen. El dolor no hace lazo social es muy íntimo y nos repliega a nuestras intimidades; la alegría es una explosión de rasgos que se comparten, la necesitamos y la sentimos en los momentos que se requiere un movimiento colectivo.

Dado que esta es una etapa de un acelerado dinamismo tenemos que estar atentos a sorpresas por venir. Día a día nuestro escenario cambia, no renunciemos a nuestro camino.

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