6 de septiembre de 2023

Momento delicado

 

Ruud Van Empel


Nos acercamos a unas elecciones con una gran expectativa y con mucho desconcierto y temor. Queremos que de una vez por todas se produzca la posibilidad de una transición de un gobierno autoritario e ineficiente a uno democrático. Es un momento delicado porque si nuevamente se produce un desacierto que derrumbe el proyecto se terminará de desmoronar el poquito de entusiasmo que se ha despertado. Es un momento delicado porque en las transiciones se necesita de mucho olfato político y capacidad de negociación. El intercambio de los líderes de un lado y de otro es decisivo en el logro. Se necesita de una visión amplia que calme los ánimos de una población que ha sido muy maltratada. Ir con la intención de apartar al adversario a como de lugar no es una buena guía para lograr el éxito esperado. Ya lo deberíamos saber.

Este es la función del líder, persuadir cada vez a más personas de lo necesario que se nos hace apoyar planteamientos razonables, para poder implementar y sostener un nuevo razonamiento político. En el mundo hemos tenido dos procesos aleccionadores el de Rusia con Gorbachov y en Sudáfrica con Klerk que permite a Mandela liderar el nuevo gobierno. La gran lección que de ellos deriva ha sido la moderación en la conducción del proceso. De la rabia sin control y de las posturas radicales podemos ya escribir un tratado de fracasos. Es un momento delicado, muy delicado y requiere de estrategia e inteligencia. Pero inteligencia natural al servicio de la institucionalidad y los Derechos Humanos. Es un momento muy delicado porque la maldad de nuestros contrincantes estará al servicio de la provocación.

No comencemos con el juego infantil con aquello que empiecen ellos porque no lo harán. En la medida que se sientan más acorralados, más radicales serán sus procedimientos. Seamos sagaces no desviemos nuestras estrategias porque en el terreno de la confrontación estamos en desventaja. No así en la persuasión de cambio en una población agobiada. Se han dado todas las señales de fracaso: servicios que no funcionan, una peligrosa recesión económica, división de la élite gobernante, poca población de apoyo. Un conflicto sostenido por la mala política laboral y el empobrecimiento general. Momento complicado y delicado que nos hizo escoger el medio para resolverlo. Esperamos que prevalezca el escogido, elecciones. Por ello no tenemos el espacio ni el tiempo del fracaso.

Es una tarea de varios líderes que estarían llamados a cooperar entre ellos. Pero para ello se necesita habilidad estratégica y manejo de las estructuras de poder y estar dispuestos a ceder. Es evidente que no podemos continuar por este despeñadero, se ha hecho tarde para un cambio de modelo. Pero esto ha pasado por la mala conducción de líderes mesiánicos y nuestra incapacidad para un dominio emocional. A mí me ha costado mucho, lo admito, pero han sido demasiado los golpes recibidos para no terminar de admitir la necesidad de estrategias más racionales. Mandela es un caso representativo, madurez política y deseo de un cambio institucionalizado. Esto le permitió apreciar que él y de Klerk compartían una misma visión lo que permitió ir en la búsqueda de una construcción social. No hay que olvidar que Mandela sufrió 27 años de cárcel, así que de maltratos sabía él.

Recursos humanos y éticos tenemos así que vayamos para adelante teniendo en cuenta lo frágil que es el momento. Tengamos cuidado.

 

 

19 de julio de 2023

El mito, la realidad y lo real

Dillon Samuelson


En su muy celebrado libro “De animales a dioses. Breve historia de la humanidad” Yuval Noah Harari expone su muy interesante tesis que podemos resumir con la siguiente premisa “lo que diferencia al hombre del mono es que el hombre cree en mitos colectivos”. En nuestra inevitable vida en comunidad para ejercer tareas comunes necesitamos de los mitos que cohesionen. Un mito, una ficción, creencias que nos unan y obliguen a pactar y por los cuales nos sintamos partes de una colectividad, de una nación. Estos mitos compartidos nos permiten reconocernos y comprender el por qué actuamos de la forma como lo hacemos. Mientras no nos extrañemos de nosotros mismos es porque todavía hay cemento de identidad.  El problema y enredo comienzan cuando esos mitos van perdiendo fuerza, comenzamos a desconocernos. Es lo que sucede con las brechas generacionales, pero se trata de una extrañeza más radical.

Algo de eso nos está ocurriendo en este momento, un régimen autocrático sabe que acabar con las fortalezas de una sociedad es esencial para su fin de hegemonía y dominación. Ha sido mucho tiempo que han minado las creencias más fundamentales. Cuantas veces nos hemos preguntado por qué la gente no reacciona como esperábamos y cuantas veces nos hemos extrañados de conductas barbáricas que no nos resultan familiares. Un gran mito cuasi religioso nos cayó como un manto oscuro y desde entonces se nos ha puesto cada vez mas oscuro el ambiente. Se bajaron las pesadas persianas y ya nada vemos con claridad. Sentimos temor porque esta invasión en realidad era desconocida y sus mitos y creencias no se ajustan a una realidad que creíamos irreversible. Hoy nos maltratan, gritan, ordenan y con una sumisión inesperada respondemos.

Estamos haciendo un gran esfuerzo para volver a construir nuestra realidad y podernos contar los cuentos compartidos, pero mientras intentamos levantar cabeza siempre hay alguien que está presto a mandarnos un mandarriazo. Estamos tratando de salir de un pantano, no pretenderán que salgamos limpios y perfumados. El mundo cambia en todo sentido, observamos grandes avances en los campos económicos, sociales y tecnológicos y nosotros seguimos viviendo alrededor de una llave por la que no sale agua y de un interruptor que no prende la luz. De conseguir rebajas para poder comer o vivir de la caridad y limosnas recibidas. ¿Ese es nuestro país? Cuesta creerlo. Somos un grupo social que solo tiene en común el territorio que ocupa, pero creyendo que aun vociferando y agarrando pataletas obtenemos respeto o miedo de los otros. Muriendo y arrogantes. La realidad siempre se ocupa de bajarnos los humos, pero los mitos que sostenemos de heroicidad terminan de ganarnos con algún personaje que destaca en sus delirios, lo real que siempre acecha. Cuando lo real gana notoriedad está reclamando por la simbología.

Este grupo arcaico, bárbaro que se apoderó del país dice defender algunos mitos que solo los tienen como presentables porque la realidad es impresentable. Disfraces de justicia social cuando en realidad acabaron con la justicia y la equidad. No es exagerado afirmar que fuimos invadidos por un grupo de personas adoctrinadas por economías fracasadas con mitos medievales. Tarde o temprano volveremos a nuestras costumbres occidentales, es nuestro destino a alcanzar ahora con mayor experiencia. Construir nuevamente las Universidades que nos integren a un mundo competitivo por la inteligencia y el conocimiento. De la ignorancia y de la maldad se tiene una responsabilidad ética porque causan estragos, destrucción y muerte.

Ahora me voy a descansar hasta setiembre, pero siempre pendiente del acontecer diario. Gracias de verdad por sus comentarios que me han ayudado a persistir.

 

12 de julio de 2023

Sagacidad y estrategia

Michael Meister


Ya el autócrata hizo su jugada fuera de toda legalidad. Inhabilitar a una candidata que viene repuntando en las encuestas es una clara provocación para desestabilizar la estrategia de la oposición en su correcta vía electoral. Corresponde responder con sagacidad política y estrategia desconcertante y no arremeter como toros embravecidos. Amenazar y retar a un autócrata despiadado y aferrado al poder no producirá ningún cambio ni siquiera reflexión o consideración. Pues bien, eso es lo que hace la candidata provocando mas un problema para la oposición que para su agresor. Si María Corina busca un consenso con sus pares y una acción concertada iría por mejores y mas seguros caminos. Aquí nadie es superior, son iguales compañeros de lucha.

Para Aristóteles la ética es inseparable de la política y dejó como consejo que todo aquel que aspire a cargos políticos debería pasar primero por la ética, saber que permite conocer la naturaleza humana. La forma como se maneja el carácter y comportamientos de los miembros de una comunidad. La calidad ética de los líderes depende de los valores que predominan en esa sociedad. Si se está buscando honores y reconocimientos es primordial estar atento a los propios actos y carácter. Un político mas que nadie debe ser dueño de su conducta. Claro nosotros, en general, somos dados al pleito y la rebeldía que cada vez más me están pareciendo nuestras máscaras y morisquetas. Yo me lo creí durante un tiempo que nuestra rebeldía iba a impedir el poder ser oprimidos y maltratados y ya vemos a donde hemos llegado. Hoy libramos una batalla electoral en desventaja, solo podemos contar con habilidad política sin perder el norte que se busca que es el bien común.

Vivimos admirados, pero en el sentido de tener que afrontar todos los días hechos insólitos. No transcurren nuestros días con la tranquilidad del que se despierta en habitaciones conocidas, que sabe dónde quedan sus cosas que dejó en su sitio la noche anterior y con seguridad camina por su casa emprendiendo una rutina. Ni siquiera al asomarnos al espejo ya reconocemos el rostro, la cara que nos ubica como seres humanos pertenecientes a una comunidad conocida y con la cual nos identificamos. Todo parece haberse diluido en un mundo sin sentido, absolutamente trastornado en el que caminamos a tientas haciendo enormes esfuerzos por volverle a dar una forma reconocida. Armamos nuestros parapetos con trabajo y mucho esfuerzo, pero basta una sola experiencia, un solo grito destemplado, una sola intervención absurda para que dé un sopetón volvamos a caer estupefactos, admirados por la insensatez, perplejos con lo absurdo, perdidos en la dimensión de la soledad. Respondiendo con rabia, dominados por la ira.

La admiración fue considerada tanto por Platón como por Aristóteles como el origen de la filosofía. Según dichos autores la filosofía surge por la perplejidad, por la sorpresa y por ese desconcierto íntimo que produce y que encamina al ser humano por preguntas no dirigidas al saber práctico, sino al saber existencial, en un esfuerzo por volver a encontrar un sentido que arroje coordenadas en tal desorientación. También señalaba Aristóteles que esta admiración encamina al ser humano a la creación de mitos, a forjarnos cuentos llenos de elementos maravillosos que nos proporcionen un mundo imaginario con el que soñamos o en el cual nos recreamos, aunque sea por un rato. Los mitos no solo tienen esta función, también nos explican ese mundo interno lleno de emociones que solemos dejar en el olvido cuando todo pareciera transcurrir sin contratiempos. Es decir, en estos momentos en el que nuestro paisaje conocido nos abandonó podría ser tierra fértil para la creatividad y la imaginación si no nos dejamos golpear por la desesperanza y el malestar. Seamos, entonces creativos también para sorprender al que se cree invencible.