7 de abril de 2020

Al salir al mundo

Jeannette Guichard-Bunel


Con mayor silencio se viene expandiendo otro mal para el ser social desde Japón. Otro país oriental que afecta al mundo con visos de pandemia. Efectivamente en el año 2000 se comienza a tomar en cuenta un comportamiento extraño de los jóvenes japoneses que ya tiene un contagio importante en España. Se trata de un síndrome psicológico que nominaron “Hikikomoris” el cual consiste en un progresivo aislamiento voluntario del paciente a espacios confinados de sus viviendas. Acompañados únicamente de sus computadoras y juegos virtuales deciden vivir sin ningún tipo de contacto social. Tiene diferentes grados, los más severos no tienen relación ninguna con otros seres humanos ni siquiera por internet. Deciden pasar el resto de su vida en espacios cada vez más reducidos. Se calcula que en Japón ya hay más de un millón de personas afectadas y en España se estima que  superan las doscientas.

Debe ser diferenciado de otros cuadros que impulsan a aislarse de un mundo que se siente cada vez más hostil. La cultura nipona es conocida por ser altamente exigente con sus ciudadanos; quien no califique como excelente tiene pocas probabilidades de ocupar lugares de prestigio y reconocimiento social y la vergüenza que esto genera es aplastante. La alta presión sentida induce al aislamiento, demandas agobiantes de un Otro tirano que desconoce al sujeto sin contemplaciones. Se introduce la certeza de un semejante peligroso.

El ser social que conocimos está amenazado por nuevos males que se propagan, signo de que no estamos siendo capaces de asegurarnos ambientes confiables y confortables. Mucho repetimos que la vida es en sí misma un riesgo constante, pero hemos hecho peso y ahondado en repetidas amenazas de todo tipo. Las amenazas provenientes de una naturaleza que ha sido muy irrespetada. Amenazas de otros seres humanos con sus lenguajes y actitudes destructivos. Amenazas de seres que cada vez desprecian más las relaciones con los otros y no contempla normas mínimas de convivencia.

Qué nos espera al salir nuevamente al mundo después de esta confiscación y aislamiento obligatorio. Qué mundo nos encontraremos, cuánto de nuestros lugares encontraremos cerrados, a cuántas personas extrañaremos porque desaparecieron y no pudimos despedir. Una ciudad que ya venía perdiendo vida la encontraremos aún más desolada, abandonada. Cuantos no le agarrarán gustico y acomodo al confinamiento y ya no querrán salir de sus casas. Entre otras cosas hemos aprendido a utilizar los deliveries para surtirnos de lo necesario. Ya nuestro mundo que era hostil lo encontraremos reforzado, los malos humores traspasan los muros del fortín, se sienten y padecen.

Seres encerrados en sus casas y resistentes a salir producen todo un movimiento socio político muy peculiar. En seguida surgen los compañeros solidarios que ayudan al resistente, los que proveen con artículos de primera necesidad, como son las sustancias embriagadoras, material indispensable. Aparecen los perseguidores y salvavidas que comienzan a construir toda una industria de rescate. En Japón, por ejemplo, existen compañías que derriban puertas y sacan obligados a los refugiados para ingresarlos en clínicas donde quedaran “atrapados sin salida”. Servicio que ofrecen por un costo que varía según sea la elegancia de la estrategia utilizada y la calidad de la clínica destino. Más o menos el mismo movimiento que se forma alrededor de los alcohólicos. Son, estos pacientes, considerados adictos a la soledad y eso en nuestras  sociedades no es “normal”. Se le recomienda a todas las personas que descubran esta nueva adicción no hacer mucho ruido con su silencio.

Este es un mundo en el que hay que producir, así que produzca, aunque sea cansancio en los demás. Haga ruido, repita lo mismo incansablemente, fantasee en voz alta y trate que los otros se les hagan confusas las realidades. Sobre todo viva con la convicción que no existe otro ser tan relevante y perfecto como lo es usted. Las pandemias ahora nos llegan de Oriente, como los Reyes Magos en Navidad.

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